/ martes 19 de noviembre de 2019

109 Aniversario de la Revolución Mexicana

A un día de conmemorar un aniversario más de la Revolución mexicana en nuestro país, el discurso nacionalista que en los albores de la independencia, fluyó el sentimiento antiespañol y anticolonialista que alimentó las convicciones y el hambre de justicia ante la dominación extranjera, que cien años más tarde se vería reflejado en otra revuelta: la revolución mexicana.

La revolución mexicana no fue el tiempo de los héroes, fue un momento de caos, destrucción y muerte. La hora del desquiciamiento colectivo encarnado en los jefes revolucionarios que hicieron hablar a las armas para convertir las balas en lenguaje cotidiano. La naturaleza humana emergió con todas sus contradicciones y los caudillos llevaron sus personalidades al límite. Ambición, coraje, cinismo, valentía, frustración, dolor, venganza y todas las pasiones desencadenadas en un momento donde la violencia irrumpió para transformar la realidad imperante en aquellos ayeres.

En un libro titulado “revolución mexicana: el tiempo del caos” de Alejandro Rosas afirma que la revolución mexicana goza de la resurrección, pues ha sido declarada muerta en varias ocasiones a lo largo del siglo XX. Pues desde la visión del autor la revolución regresó de entre los muertos tantas veces como fue necesario para acomodarse en el imaginario de la sociedad. Asegura que vuelve del más allá para ser nacionalista, para transformase en populista y hasta para cantar sus loas junto a la nueva modernidad que recorrió al país a finales del siglo pasado, pues irónicamente fue semejante a lo que había sido el porfiriato, contra el que lanzó su grito de guerra.

El autor asevera que la historia oficial a la revolución es un dogma de fe, un discurso ideológico, en infalible retórica por la que desfilaban, “como un sólo hombre”, Madero, Zapata, Carranza, Villa, Obregón. y tantos otros caudillos seguidos por una inmensa cauda de hombres con una clara conciencia, amplia y generosa de lo que significaba el interés nacional y el bien de la Patria, tomaron las armas desinteresadamente por la libertad en contra de dos tiranos: Porfirio Díaz y Victoriano Huerta.

Cuyo resultado fue un millón de muertos, una terrible lucha por el poder entre los jefes revolucionarios, tres sucesiones presidenciales bañadas en sangre. y al final de los días, un régimen autoritario e impune que mejoró los métodos de control político y permanencia en el poder; establecidos por el porfiriato y que cada 20 de noviembre gritaba ¡Viva la Revolución! Mientras que deportistas y burócratas desfilaban en vistosos pants en las principales calles de la ciudad de México.

A 109 años de su inicio, el mayor problema con la Revolución mexicana es que no la conocemos asevera el autor, el hecho se convirtió en mito y aprendimos historia mal contada o mal asimilada porque partía de la mentira, de la invención, de la interpretación a modo, o se perdía en el idealismo romántico o en la justicia de la causa.

A un día de conmemorar un aniversario más de la Revolución mexicana en nuestro país, el discurso nacionalista que en los albores de la independencia, fluyó el sentimiento antiespañol y anticolonialista que alimentó las convicciones y el hambre de justicia ante la dominación extranjera, que cien años más tarde se vería reflejado en otra revuelta: la revolución mexicana.

La revolución mexicana no fue el tiempo de los héroes, fue un momento de caos, destrucción y muerte. La hora del desquiciamiento colectivo encarnado en los jefes revolucionarios que hicieron hablar a las armas para convertir las balas en lenguaje cotidiano. La naturaleza humana emergió con todas sus contradicciones y los caudillos llevaron sus personalidades al límite. Ambición, coraje, cinismo, valentía, frustración, dolor, venganza y todas las pasiones desencadenadas en un momento donde la violencia irrumpió para transformar la realidad imperante en aquellos ayeres.

En un libro titulado “revolución mexicana: el tiempo del caos” de Alejandro Rosas afirma que la revolución mexicana goza de la resurrección, pues ha sido declarada muerta en varias ocasiones a lo largo del siglo XX. Pues desde la visión del autor la revolución regresó de entre los muertos tantas veces como fue necesario para acomodarse en el imaginario de la sociedad. Asegura que vuelve del más allá para ser nacionalista, para transformase en populista y hasta para cantar sus loas junto a la nueva modernidad que recorrió al país a finales del siglo pasado, pues irónicamente fue semejante a lo que había sido el porfiriato, contra el que lanzó su grito de guerra.

El autor asevera que la historia oficial a la revolución es un dogma de fe, un discurso ideológico, en infalible retórica por la que desfilaban, “como un sólo hombre”, Madero, Zapata, Carranza, Villa, Obregón. y tantos otros caudillos seguidos por una inmensa cauda de hombres con una clara conciencia, amplia y generosa de lo que significaba el interés nacional y el bien de la Patria, tomaron las armas desinteresadamente por la libertad en contra de dos tiranos: Porfirio Díaz y Victoriano Huerta.

Cuyo resultado fue un millón de muertos, una terrible lucha por el poder entre los jefes revolucionarios, tres sucesiones presidenciales bañadas en sangre. y al final de los días, un régimen autoritario e impune que mejoró los métodos de control político y permanencia en el poder; establecidos por el porfiriato y que cada 20 de noviembre gritaba ¡Viva la Revolución! Mientras que deportistas y burócratas desfilaban en vistosos pants en las principales calles de la ciudad de México.

A 109 años de su inicio, el mayor problema con la Revolución mexicana es que no la conocemos asevera el autor, el hecho se convirtió en mito y aprendimos historia mal contada o mal asimilada porque partía de la mentira, de la invención, de la interpretación a modo, o se perdía en el idealismo romántico o en la justicia de la causa.

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