/ jueves 27 de diciembre de 2018

2018: ¿año del deshielo del viejo régimen político?

El 2018, anualidad por terminar, bien puede representar, con el triunfo electoral de Andrés Manuel López obrador, el año del inicio del deshielo del viejo régimen político fundado hace 89 año –en 1929- por Plutarco Elías Calles y consolidado posteriormente por Lázaro Cárdenas. Sólo el tiempo nos dirá sí el nuevo presidente pudo concretar la transformación que requiere la República o se quedará – como Vicente Fox- en los espacios de la mediocridad y la frivolidad.

Los comicios del mes de julio pasado sacudieron las estructuras del régimen político que nació en las postrimerías de la Revolución Mexicana y se convirtieron en una contundente derrota del anacrónico sistema de Partidos, además de propiciar una profunda reconfiguración de las élites políticas y económicas.

¿Ahora qué sigue? Las condiciones están dadas para avanzar en la construcción de las bases de un nuevo paradigmapolítico, que genere justicia, bienestar y desarrollo para la población. ¿Pero cuál es ese régimen que conviene a la Nación? Ese es el dilema que tendrá que resolver Andrés Manuel López Obrador, para trascender como el presidente de la cuarta transformación.

Conviene a los mexicanos restaurar las estructuras de un hiper/presidencialismo absolutista y/o bien es tiempo de avanzar por el camino de la creación de un régimen democrático con equilibrios, como lo pudiera representar el semi/parlamentarismo.

Lo que resulta incuestionable es que el viejo régimen, en profunda crisis de legitimidad, se encuentra en una época de deshielo y que solamente es tiempo de colocar las columnas y reactivar los acelerantes de un renovado modelo político que genere justicia social y crecimiento económico con bienestar. Ese es el verdadero desafío de López Obrador.

El bono democrático de AMLO

López Obrador cuenta a la fecha, a pesar de los desgastes naturales por el inicio de su administración, con el bono democrático más grande e impresionante en la historia contemporánea. Triunfó con el respaldo del 53 por ciento de los sufragios.

Tan sólo en el Estado de Zacatecas obtuvo más de 300 mil votos para su causa. La oposición se desplomó dramáticamente: el PRI obtuvo 182 mil votos; el PAN, 97 mil; PT, 53 mil; y el PRD se cayo hasta la sexta posición, incluso por debajo del PVEM, al registrar para su causa, la cantidad de 43 mil sufragios.

El presidente de México hoy tiene la responsabilidad histórica de impulsar los grandes cambios que requiere el país. De no concretarlos, estará fallando a la población.

Las nuevas alianzas de Tello

La crisis sistémica e integral del sector educativo zacatecano de fin de año, por si sólo habla de una cosa fundamental. Requerimos, amén de liderazgos y capacidad local, construir nuevos interlocutores, sensibles y eficaces hacia la federación, hoy inexistentes. Alejandro Tello lo tendrá que repensar, porque un renovado pacto con la federación no se puede fraguar a partir del lenguaje de la confrontación. Su equipo responsable de las finanzas, inequívocamente, le está cumpliendo con creces, en un período de gran complejidad y dificultades. Pero los demás: ¿sucede lo mismo?

El deshielo político

El Deshielo, es una obra literaria autoría de Ilya Ehrenburg (1881/1967), escritor y periodista soviético de origen judío, publicada en 1954, que narra el desvanecimiento y debilitamiento del producto ideológico del socialismo ruso, después de la muerte de José Stalin, en 1953. Inició con esto el desplome del Estado/Policía y las políticas escleróticas de una dictadura burocrática que no propiciaban el bienestar ciudadano, lo explicó alguna ocasión Nikita Khrushchev.

El régimen mexicano vive una época de incuestionable deshielo que hay que aprovechar para hacer los cambios necesarios.

El 2018, anualidad por terminar, bien puede representar, con el triunfo electoral de Andrés Manuel López obrador, el año del inicio del deshielo del viejo régimen político fundado hace 89 año –en 1929- por Plutarco Elías Calles y consolidado posteriormente por Lázaro Cárdenas. Sólo el tiempo nos dirá sí el nuevo presidente pudo concretar la transformación que requiere la República o se quedará – como Vicente Fox- en los espacios de la mediocridad y la frivolidad.

Los comicios del mes de julio pasado sacudieron las estructuras del régimen político que nació en las postrimerías de la Revolución Mexicana y se convirtieron en una contundente derrota del anacrónico sistema de Partidos, además de propiciar una profunda reconfiguración de las élites políticas y económicas.

¿Ahora qué sigue? Las condiciones están dadas para avanzar en la construcción de las bases de un nuevo paradigmapolítico, que genere justicia, bienestar y desarrollo para la población. ¿Pero cuál es ese régimen que conviene a la Nación? Ese es el dilema que tendrá que resolver Andrés Manuel López Obrador, para trascender como el presidente de la cuarta transformación.

Conviene a los mexicanos restaurar las estructuras de un hiper/presidencialismo absolutista y/o bien es tiempo de avanzar por el camino de la creación de un régimen democrático con equilibrios, como lo pudiera representar el semi/parlamentarismo.

Lo que resulta incuestionable es que el viejo régimen, en profunda crisis de legitimidad, se encuentra en una época de deshielo y que solamente es tiempo de colocar las columnas y reactivar los acelerantes de un renovado modelo político que genere justicia social y crecimiento económico con bienestar. Ese es el verdadero desafío de López Obrador.

El bono democrático de AMLO

López Obrador cuenta a la fecha, a pesar de los desgastes naturales por el inicio de su administración, con el bono democrático más grande e impresionante en la historia contemporánea. Triunfó con el respaldo del 53 por ciento de los sufragios.

Tan sólo en el Estado de Zacatecas obtuvo más de 300 mil votos para su causa. La oposición se desplomó dramáticamente: el PRI obtuvo 182 mil votos; el PAN, 97 mil; PT, 53 mil; y el PRD se cayo hasta la sexta posición, incluso por debajo del PVEM, al registrar para su causa, la cantidad de 43 mil sufragios.

El presidente de México hoy tiene la responsabilidad histórica de impulsar los grandes cambios que requiere el país. De no concretarlos, estará fallando a la población.

Las nuevas alianzas de Tello

La crisis sistémica e integral del sector educativo zacatecano de fin de año, por si sólo habla de una cosa fundamental. Requerimos, amén de liderazgos y capacidad local, construir nuevos interlocutores, sensibles y eficaces hacia la federación, hoy inexistentes. Alejandro Tello lo tendrá que repensar, porque un renovado pacto con la federación no se puede fraguar a partir del lenguaje de la confrontación. Su equipo responsable de las finanzas, inequívocamente, le está cumpliendo con creces, en un período de gran complejidad y dificultades. Pero los demás: ¿sucede lo mismo?

El deshielo político

El Deshielo, es una obra literaria autoría de Ilya Ehrenburg (1881/1967), escritor y periodista soviético de origen judío, publicada en 1954, que narra el desvanecimiento y debilitamiento del producto ideológico del socialismo ruso, después de la muerte de José Stalin, en 1953. Inició con esto el desplome del Estado/Policía y las políticas escleróticas de una dictadura burocrática que no propiciaban el bienestar ciudadano, lo explicó alguna ocasión Nikita Khrushchev.

El régimen mexicano vive una época de incuestionable deshielo que hay que aprovechar para hacer los cambios necesarios.