/ miércoles 3 de julio de 2019

A un año de elecciones federales

A un año de las elecciones federales donde triunfó mayoritariamente la alianza entre MORENA, PT y PES parece decrecer la identificación pueblo-gobierno. Es menester precisar que en realidad la gran mayoría de candidatos(as) de esa alianza deben el triunfo electoral y ejercer cargos al hartazgo y decepción del ciudadano común hacia la clase política en el poder y en ese tiempo.

La ciudadanía es cada vez más analítica y emite opinión sobre temas que le impactan. El electorado está consciente que con su voto puede desplazar a un grupo político, a un partido o modificar el rumbo del desarrollo local y regional votando por la opción electoral que más le parezca. Esta es una verdadera evolución derivada de las elecciones de julio 2018: el pueblo ya sabe que puede cambiar esquemas gubernamentales.

Pero gran cantidad de miembros de la clase política mexicana parece no entienden cualitativamente dicha evolución, siguen con la idea de preservar su poder bajo una visión solo numérica basada en resultados electorales, muy pocos piensan objetivamente o como estrategas sobre las causas estructurales y coyunturales que originaron esta nueva realidad política nacional.

Estos dos factores: la madurez irreversible de la ciudadanía para ejercer un cambio cuando se lo propone y la parcial incompetencia analítica de políticos, son elementos fundamentales para comprender hacia dónde se dirigirá ideológicamente el pueblo mexicano y la naturaleza de peticiones, apoyos y reclamos al grupo en el poder, parece no están del todo claros qué tipo de cambios se requieren en la mecánica y dinámica gubernamental, por no comprender aún el sentir ciudadano y su función gobernante generan paulatinamente molestia y desencanto hacia ellos, de ahí que varios casos su popularidad tiende a la baja. A esto debe agregarse que los partidos políticos opositores están replegados o aún no tienen capacidad de respuesta pues no se les observa como contrapeso efectivo y respetuoso, pero si se percibe la actividad discreta y efectiva de una poderosa clase económica nacional e internacional que hace trabajo político basado en la mercadotécnica y presión de no invertir en proyectos nacionales para el desarrollo humano sustentable o no ser aliado del gobierno federal y está moviendo sentimientos antigubernamentales o antioficialistas.

Si la clase gobernante en el poder no mejora su gestión dando resultados prometidos y esperados entonces tendrían escaza credibilidad y baja gobernabilidad, pero llevarán a una severa crisis al sistema político mexicano y quizá hasta del Estado-Nación pues es mucha la esperanza y expectativa puesta en dicha clase según los resultados electorales de hace un año.

A un año de las elecciones federales donde triunfó mayoritariamente la alianza entre MORENA, PT y PES parece decrecer la identificación pueblo-gobierno. Es menester precisar que en realidad la gran mayoría de candidatos(as) de esa alianza deben el triunfo electoral y ejercer cargos al hartazgo y decepción del ciudadano común hacia la clase política en el poder y en ese tiempo.

La ciudadanía es cada vez más analítica y emite opinión sobre temas que le impactan. El electorado está consciente que con su voto puede desplazar a un grupo político, a un partido o modificar el rumbo del desarrollo local y regional votando por la opción electoral que más le parezca. Esta es una verdadera evolución derivada de las elecciones de julio 2018: el pueblo ya sabe que puede cambiar esquemas gubernamentales.

Pero gran cantidad de miembros de la clase política mexicana parece no entienden cualitativamente dicha evolución, siguen con la idea de preservar su poder bajo una visión solo numérica basada en resultados electorales, muy pocos piensan objetivamente o como estrategas sobre las causas estructurales y coyunturales que originaron esta nueva realidad política nacional.

Estos dos factores: la madurez irreversible de la ciudadanía para ejercer un cambio cuando se lo propone y la parcial incompetencia analítica de políticos, son elementos fundamentales para comprender hacia dónde se dirigirá ideológicamente el pueblo mexicano y la naturaleza de peticiones, apoyos y reclamos al grupo en el poder, parece no están del todo claros qué tipo de cambios se requieren en la mecánica y dinámica gubernamental, por no comprender aún el sentir ciudadano y su función gobernante generan paulatinamente molestia y desencanto hacia ellos, de ahí que varios casos su popularidad tiende a la baja. A esto debe agregarse que los partidos políticos opositores están replegados o aún no tienen capacidad de respuesta pues no se les observa como contrapeso efectivo y respetuoso, pero si se percibe la actividad discreta y efectiva de una poderosa clase económica nacional e internacional que hace trabajo político basado en la mercadotécnica y presión de no invertir en proyectos nacionales para el desarrollo humano sustentable o no ser aliado del gobierno federal y está moviendo sentimientos antigubernamentales o antioficialistas.

Si la clase gobernante en el poder no mejora su gestión dando resultados prometidos y esperados entonces tendrían escaza credibilidad y baja gobernabilidad, pero llevarán a una severa crisis al sistema político mexicano y quizá hasta del Estado-Nación pues es mucha la esperanza y expectativa puesta en dicha clase según los resultados electorales de hace un año.

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