/ viernes 25 de marzo de 2022

AIFA: hecho histórico

Más vale un “toma” que dos “te daré”. Ese era uno de los muchos refranes que Sancho Panza podía pronunciar en un solo párrafo, y viene muy a cuento respecto a la inauguración del nuevo Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, reconocida como la mayor obra pública en el siglo XXI, que forma parte de un proyecto de infraestructura bastante ambiciosos formulado por el presidente Andrés Manuel López Obrador, y que se ha concluido en tiempo récord.

El esquema de negocios al amparo del poder público que se empleó durante el modelo neoliberal tenía un modus operandi definido: se aprobaba la construcción de una obra pública, a veces incluso carente de utilidad social, y se destinaban recursos públicos y privados que en ocasiones excedían el presupuesto inicial, todo para derivar en el abandono de las obras, la inauguración de proyectos inconclusos, o su cancelación definitiva.

Como ejemplo de obras emblemáticas canceladas, en el sexenio del ex presidente Fox, tenemos el propio Aeropuerto de Texcoco, que fue anunciado en 2001; durante el gobierno de Felipe Calderón, en 2008, se presentó el proyecto de una nueva refinería en Tula, Hidalgo, cancelado en 2014; y en el mandato de Enrique Peña Nieto, el Tren Bala México-Querétaro, suspendido en medio de un escándalo de corrupción vinculado a la familia presidencial.

Como una estrategia para minimizar un logro indubitable del gobierno de la Cuarta Transformación, algunos medios y personas opositoras han optado por la estrategia de hablar de cualquier otro elemento extraño al tema principal que pudiera demeritar los hechos, cayendo en absurdos como criticar la venta de comida típica en el aeropuerto, que no lograron sino generar una reacción opuesta a la esperada en redes sociales, donde se manifestó el apoyo de las personas usuarias al presidente AMLO y las descalificaciones fueron tildados de clasistas y racistas.

Por otro lado, representantes del sector empresarial, como Carlos Slim, y de personajes políticos surgidos de la ahora oposición, como el gobernador del Estado de México, Alfredo del Mazo, reconocieron la importancia de la obra, como la más grande realizada en el presente siglo, que además destaca como un símbolo de la austeridad y el combate a la corrupción.

Pese a las críticas, algunas mordaces y otras más bien superfluas, el hecho histórico de que el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles es una realidad y representa otro compromiso cumplido del presidente Andrés Manuel, de los 100 que contrajo con el pueblo de México en 2018, no es posible de opacar.

Ya en otras ocasiones ha ocurrido que la oposición ha tenido que comerse sus palabras. Durante la gestación de vacunas anti-Covid-19, por ejemplo, se criticó el gradual acceso a las dosis, augurando los peores escenarios para nuestro país, asegurando que pasaría más de una década antes de inocular al 20 por ciento de la población, acusando una mala administración, cuando en la realidad México se encuentra entre los diez países con más personas vacunadas.

Mientras la 4t sigue haciendo historia con una política completamente innovadora, la oposición insiste en intentar desprestigiada con una narrativa paralela que roza el absurdo ¿No es obvio que todos preferimos un “toma” que dos “te daré”?

Más vale un “toma” que dos “te daré”. Ese era uno de los muchos refranes que Sancho Panza podía pronunciar en un solo párrafo, y viene muy a cuento respecto a la inauguración del nuevo Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, reconocida como la mayor obra pública en el siglo XXI, que forma parte de un proyecto de infraestructura bastante ambiciosos formulado por el presidente Andrés Manuel López Obrador, y que se ha concluido en tiempo récord.

El esquema de negocios al amparo del poder público que se empleó durante el modelo neoliberal tenía un modus operandi definido: se aprobaba la construcción de una obra pública, a veces incluso carente de utilidad social, y se destinaban recursos públicos y privados que en ocasiones excedían el presupuesto inicial, todo para derivar en el abandono de las obras, la inauguración de proyectos inconclusos, o su cancelación definitiva.

Como ejemplo de obras emblemáticas canceladas, en el sexenio del ex presidente Fox, tenemos el propio Aeropuerto de Texcoco, que fue anunciado en 2001; durante el gobierno de Felipe Calderón, en 2008, se presentó el proyecto de una nueva refinería en Tula, Hidalgo, cancelado en 2014; y en el mandato de Enrique Peña Nieto, el Tren Bala México-Querétaro, suspendido en medio de un escándalo de corrupción vinculado a la familia presidencial.

Como una estrategia para minimizar un logro indubitable del gobierno de la Cuarta Transformación, algunos medios y personas opositoras han optado por la estrategia de hablar de cualquier otro elemento extraño al tema principal que pudiera demeritar los hechos, cayendo en absurdos como criticar la venta de comida típica en el aeropuerto, que no lograron sino generar una reacción opuesta a la esperada en redes sociales, donde se manifestó el apoyo de las personas usuarias al presidente AMLO y las descalificaciones fueron tildados de clasistas y racistas.

Por otro lado, representantes del sector empresarial, como Carlos Slim, y de personajes políticos surgidos de la ahora oposición, como el gobernador del Estado de México, Alfredo del Mazo, reconocieron la importancia de la obra, como la más grande realizada en el presente siglo, que además destaca como un símbolo de la austeridad y el combate a la corrupción.

Pese a las críticas, algunas mordaces y otras más bien superfluas, el hecho histórico de que el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles es una realidad y representa otro compromiso cumplido del presidente Andrés Manuel, de los 100 que contrajo con el pueblo de México en 2018, no es posible de opacar.

Ya en otras ocasiones ha ocurrido que la oposición ha tenido que comerse sus palabras. Durante la gestación de vacunas anti-Covid-19, por ejemplo, se criticó el gradual acceso a las dosis, augurando los peores escenarios para nuestro país, asegurando que pasaría más de una década antes de inocular al 20 por ciento de la población, acusando una mala administración, cuando en la realidad México se encuentra entre los diez países con más personas vacunadas.

Mientras la 4t sigue haciendo historia con una política completamente innovadora, la oposición insiste en intentar desprestigiada con una narrativa paralela que roza el absurdo ¿No es obvio que todos preferimos un “toma” que dos “te daré”?