/ viernes 7 de enero de 2022

Atender la violencia

Como si fuera una broma cruel, el crimen organizado en Zacatecas colocó, bajo el árbol de Navidad, a las afueras del palacio de gobierno, una camioneta que en su interior tenía seis cuerpos sin vida, emulando un obsequio. El mensaje, dirigido tanto al pueblo de Zacatecas como a los funcionarios de la administración actual, pareciera ser que simplemente no se detendrá la ola de violencia en el estado.

El terror que los grupos delictivos quieren infundir entre la población debe ser contrarrestado con una postura oficial que logre dar certidumbre. Los operativos policíacos se deben reforzar. Las policías requieren mejores condiciones para hacer frente a la violencia del crimen y las averiguaciones, en este caso, deben concluir con la captura de los responsables. La impunidad en casos como este es desoladora para quienes vemos con impotencia todo tipo de atrocidades.

No es fácil imaginar una estrategia eficaz para reducir de forma significativa los delitos de alto impacto a nivel local y nacional, pero sin duda implica combatir a los grupos armados, para reducir su influencia en las comunidades, realizar labores de inteligencia para confiscar su patrimonio, congelar sus cuentas, intensificar las tácticas antilavado de dinero y rescatar a la juventud de las adicciones y de las conductas antisociales.

A largo plazo, la única vía hacia la pacificación es la justicia social: el combate a la desigualdad y a la pobreza, los cuales son factores constantes que se replican en todos los casos de violencia exacerbada en México y en el mundo.

El gobierno federal debe ejercer presión internacional, a través de todos los medios posibles para detener el tráfico de armas y municiones de Estados Unidos, que es el principal productor del planeta, hacia el sur de la frontera, ya que es gracias a su poder de fuego que los cárteles se pasean impunemente por el territorio nacional.

Es verdad lo que dice el gobernador David Monreal, al referirse a esta terrible situación que atravesamos como una herencia maldita del viejo régimen, ya que en las administraciones pasadas se crearon los lazos entre personas funcionarias públicas y la delincuencia, lo que hoy conocemos como narco gobierno; también fue en el pasado, que las malas decisiones generaron un aumento inconmensurable de grupos delictivos y enfrentamientos, pero también es cierto que la responsabilidad de cambiar este escenario es nuestra, de la sociedad en su conjunto, pero específicamente del ejecutivo local.

Esta crisis que vivimos nos conmina a la unidad, a trabajar en equipo sin distinción de partidos, afiliaciones políticas y, especialmente, evitar usar estas tragedias como capital político.

Como si fuera una broma cruel, el crimen organizado en Zacatecas colocó, bajo el árbol de Navidad, a las afueras del palacio de gobierno, una camioneta que en su interior tenía seis cuerpos sin vida, emulando un obsequio. El mensaje, dirigido tanto al pueblo de Zacatecas como a los funcionarios de la administración actual, pareciera ser que simplemente no se detendrá la ola de violencia en el estado.

El terror que los grupos delictivos quieren infundir entre la población debe ser contrarrestado con una postura oficial que logre dar certidumbre. Los operativos policíacos se deben reforzar. Las policías requieren mejores condiciones para hacer frente a la violencia del crimen y las averiguaciones, en este caso, deben concluir con la captura de los responsables. La impunidad en casos como este es desoladora para quienes vemos con impotencia todo tipo de atrocidades.

No es fácil imaginar una estrategia eficaz para reducir de forma significativa los delitos de alto impacto a nivel local y nacional, pero sin duda implica combatir a los grupos armados, para reducir su influencia en las comunidades, realizar labores de inteligencia para confiscar su patrimonio, congelar sus cuentas, intensificar las tácticas antilavado de dinero y rescatar a la juventud de las adicciones y de las conductas antisociales.

A largo plazo, la única vía hacia la pacificación es la justicia social: el combate a la desigualdad y a la pobreza, los cuales son factores constantes que se replican en todos los casos de violencia exacerbada en México y en el mundo.

El gobierno federal debe ejercer presión internacional, a través de todos los medios posibles para detener el tráfico de armas y municiones de Estados Unidos, que es el principal productor del planeta, hacia el sur de la frontera, ya que es gracias a su poder de fuego que los cárteles se pasean impunemente por el territorio nacional.

Es verdad lo que dice el gobernador David Monreal, al referirse a esta terrible situación que atravesamos como una herencia maldita del viejo régimen, ya que en las administraciones pasadas se crearon los lazos entre personas funcionarias públicas y la delincuencia, lo que hoy conocemos como narco gobierno; también fue en el pasado, que las malas decisiones generaron un aumento inconmensurable de grupos delictivos y enfrentamientos, pero también es cierto que la responsabilidad de cambiar este escenario es nuestra, de la sociedad en su conjunto, pero específicamente del ejecutivo local.

Esta crisis que vivimos nos conmina a la unidad, a trabajar en equipo sin distinción de partidos, afiliaciones políticas y, especialmente, evitar usar estas tragedias como capital político.