/ lunes 15 de julio de 2019

Crisis policial

La manifestación de los elementos de la Policía Federal pone en la mesa del debate la confianza que los ciudadanos debe tener en las corporaciones de seguridad.

Sería un error generalizar que todos sus integrantes son corruptos. Seguramente habrá en sus filas elementos que con valentía han cumplido con su deber, pero es innegable el cuestionable desempeño de esta corporación como la contratación de los servicios de inteligencia a la empresa israelí Rafael Advancede Defense Systems por un sobreprecio de 2 mil 458 millones de pesos o los pagos irregulares por 177.6 millones de pesos detectados en las cuentas públicas 2017 y 2018 de la Auditoría Superior de la Federación.

Esta dependencia, documentó severas fallas de la Policía Federal en el combate al crimen organizado al grado de emitir una serie de recomendaciones como la falta de indicadores claros para medir la efectividad de sus operativos. Habrá que agregar que seis de cuatro ciudadanos considera que este cuerpo policiaco es corrupto de acuerdo a la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública.

Pero el tema más controversial es la posible colusión de mandos medios y mandos superiores con cárteles. De lo anterior se deduce que las cosas no marchaban adecuadamente al interior de esta corporación.

Sin embargo, es incuestionable que hoy en día no es sencillo portar un uniforme. En el último semestre 188 policías federales, estatales y municipales han sido ultimados. Lo que representa en promedio dos policías abatidos diariamente. Tan solo en abril se registraron 31 ejecuciones. Michoacán, Guerrero, Guanajuato, Jalisco y Estado de México, entidades con el mayor índice de homicidios contra uniformados.

Por otro lado, la ONU recomienda 300 policías por cada 100 mil habitantes. El último diagnóstico indica que el país cuenta con 80 policías por cada 100 mil habitantes. El 75% no cuentan con formación adecuada; algunas corporaciones tienen bajos salarios y malas condiciones laborales. Sin olvidar las constantes violaciones de los derechos humanos o la infiltración de grupos delincuenciales.

De este complejo diagnóstico surgen las siguientes interrogantes: ¿Cómo evitar que la Guardia Nacional se corrompa? ¿Será una institución que regrese la paz a los mexicanos?

Para combatir la delincuencia se requiere, primero, corporaciones honestas a prueba de fuego. Segundo, restitución de la legalidad en base a una eficaz impartición de justicia para que los delincuentes sean castigado y no regresen a las calles. Tercero, restablecer la confianza de las instituciones de seguridad a través de la integración ciudadanía. Cuarto, constante capacitación y profesionalización de los cuerpos policiacos e impartidores de justicia.

La barbarie de la violencia dinamitó la paz social y en el imaginario colectivo persiste la idea de corporaciones policiacas al servicio de la delincuencia.

La manifestación de los elementos de la Policía Federal pone en la mesa del debate la confianza que los ciudadanos debe tener en las corporaciones de seguridad.

Sería un error generalizar que todos sus integrantes son corruptos. Seguramente habrá en sus filas elementos que con valentía han cumplido con su deber, pero es innegable el cuestionable desempeño de esta corporación como la contratación de los servicios de inteligencia a la empresa israelí Rafael Advancede Defense Systems por un sobreprecio de 2 mil 458 millones de pesos o los pagos irregulares por 177.6 millones de pesos detectados en las cuentas públicas 2017 y 2018 de la Auditoría Superior de la Federación.

Esta dependencia, documentó severas fallas de la Policía Federal en el combate al crimen organizado al grado de emitir una serie de recomendaciones como la falta de indicadores claros para medir la efectividad de sus operativos. Habrá que agregar que seis de cuatro ciudadanos considera que este cuerpo policiaco es corrupto de acuerdo a la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública.

Pero el tema más controversial es la posible colusión de mandos medios y mandos superiores con cárteles. De lo anterior se deduce que las cosas no marchaban adecuadamente al interior de esta corporación.

Sin embargo, es incuestionable que hoy en día no es sencillo portar un uniforme. En el último semestre 188 policías federales, estatales y municipales han sido ultimados. Lo que representa en promedio dos policías abatidos diariamente. Tan solo en abril se registraron 31 ejecuciones. Michoacán, Guerrero, Guanajuato, Jalisco y Estado de México, entidades con el mayor índice de homicidios contra uniformados.

Por otro lado, la ONU recomienda 300 policías por cada 100 mil habitantes. El último diagnóstico indica que el país cuenta con 80 policías por cada 100 mil habitantes. El 75% no cuentan con formación adecuada; algunas corporaciones tienen bajos salarios y malas condiciones laborales. Sin olvidar las constantes violaciones de los derechos humanos o la infiltración de grupos delincuenciales.

De este complejo diagnóstico surgen las siguientes interrogantes: ¿Cómo evitar que la Guardia Nacional se corrompa? ¿Será una institución que regrese la paz a los mexicanos?

Para combatir la delincuencia se requiere, primero, corporaciones honestas a prueba de fuego. Segundo, restitución de la legalidad en base a una eficaz impartición de justicia para que los delincuentes sean castigado y no regresen a las calles. Tercero, restablecer la confianza de las instituciones de seguridad a través de la integración ciudadanía. Cuarto, constante capacitación y profesionalización de los cuerpos policiacos e impartidores de justicia.

La barbarie de la violencia dinamitó la paz social y en el imaginario colectivo persiste la idea de corporaciones policiacas al servicio de la delincuencia.

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