/ lunes 17 de diciembre de 2018

De fiestas decembrinas y regalos

¡Ahora sí señoras y señores! Ya llegó la época de dar y recibir, de desear amor, paz, salud... de comer, como si nos tuvieran amarrados, de ir de una posada a otra, unos con rezos, otras solo por mero placer de coincidir, y con ello también llegan los “benditos intercambios de regalos”.

¿Quién diablos inventó semejante cosa?

Desde que era niña, odié los intercambios de regalos, nunca iba la personita que le tocaba regalarme... después, cuando fui creciendo entendí qué hay personas que nunca deberían entrar a los intercambios, porque sacaban los regalos que a ellos no les gustaron o peor alguna cosa usada.

Cada año es lo mismo, son cosas de las que aún algunos de nosotros no aprendemos, deberíamos darnos por vencidos y decidir no entrar a los intercambios de regalos, pero ahí vamos con la ilusión de que este año si sea el bueno y nos toque un ser humano con buenos sentimientos y por lo menos se preocupe cuáles son nuestros gustos.

Alguna vez alguien me contó que, en su trabajo para no errarle a un par de graciosos, de esos que siempre hay en el trabajo se les ocurrió (para no errarle) hacer un intercambio de calzones. Si, así como lo lee, calzones, total... ¿qué podía pasar?

Claro los organizadores amiga y amigo de muchos años se pusieron de acuerdo de regalarse entre ellos algo que realmente causara impacto, se fueron a una tienda de sex shop y ella le compró a él una tanga en forma de elefantito, y él a ella un neglillé rojo muy sexy.

Se llegó el día del intercambio, y aprovechando esas leyendas urbanas que si el Año Nuevo te pones chones rojos, habrá amor a lo largo del año, amarillos dinero, negros... negros... ya no recuerdo los negros para que son... (silencio incómodo); Pues entre compañeros empezaron a intercambiarse los calzones de colores... bueeeeno es que de eso se trataba el intercambio, a unos les regalaron calzones que para el amor, a otros bóxers con súper héroes y luego llegó el turno de este par... cuando los compañeros vieron su osadía, todos reían ante la obviedad de que fue un intercambio arreglado entre ellos, hasta que llegó el turno de que Petra le regalara a Dionisio, todos se sorprendieron de la sonrojes del buen Dionis, al ver que le habían regalado una tanga negra con tres cascabeles navideños, cuando de pronto se escucha la voz de alguien: — ¡Ay, Dionissssss! ¿Qué vas a hacer con eso? Y a lo qué “Dionis” respondió: — Pues usarlos... así cuando pase por los pasillos y escuchen titntinear cascabeles, sabrán que allá voy o que ya regresé... Todos al unísono soltaron la carcajada, los jefes claro, para guardar la compostura, regañaron a los organizadores, pero según cuentan ese día se divirtieron mucho.

A final de cuentas, seguramente creo que muchos de nosotros entramos a los intercambios de regalos, por mera diversión, aunque después de la fiesta estés asimilando que gastaste más en la envoltura que en el regalo, y te estés lamentando que aún así, gastaste más en el regalo que diste que lo que te dieron.

Así que, en estas fiestas, usted disfrútelas, conviva y si ya sabe el resultado de los intercambios... mejor no entre.

Les deseo a todas y todos una ¡Feliz Navidad y un excelente Año Nuevo!

Nos leemos el próximo año con unos cinco kilos más para Olvidar lo que Sabemos de...

¡Ahora sí señoras y señores! Ya llegó la época de dar y recibir, de desear amor, paz, salud... de comer, como si nos tuvieran amarrados, de ir de una posada a otra, unos con rezos, otras solo por mero placer de coincidir, y con ello también llegan los “benditos intercambios de regalos”.

¿Quién diablos inventó semejante cosa?

Desde que era niña, odié los intercambios de regalos, nunca iba la personita que le tocaba regalarme... después, cuando fui creciendo entendí qué hay personas que nunca deberían entrar a los intercambios, porque sacaban los regalos que a ellos no les gustaron o peor alguna cosa usada.

Cada año es lo mismo, son cosas de las que aún algunos de nosotros no aprendemos, deberíamos darnos por vencidos y decidir no entrar a los intercambios de regalos, pero ahí vamos con la ilusión de que este año si sea el bueno y nos toque un ser humano con buenos sentimientos y por lo menos se preocupe cuáles son nuestros gustos.

Alguna vez alguien me contó que, en su trabajo para no errarle a un par de graciosos, de esos que siempre hay en el trabajo se les ocurrió (para no errarle) hacer un intercambio de calzones. Si, así como lo lee, calzones, total... ¿qué podía pasar?

Claro los organizadores amiga y amigo de muchos años se pusieron de acuerdo de regalarse entre ellos algo que realmente causara impacto, se fueron a una tienda de sex shop y ella le compró a él una tanga en forma de elefantito, y él a ella un neglillé rojo muy sexy.

Se llegó el día del intercambio, y aprovechando esas leyendas urbanas que si el Año Nuevo te pones chones rojos, habrá amor a lo largo del año, amarillos dinero, negros... negros... ya no recuerdo los negros para que son... (silencio incómodo); Pues entre compañeros empezaron a intercambiarse los calzones de colores... bueeeeno es que de eso se trataba el intercambio, a unos les regalaron calzones que para el amor, a otros bóxers con súper héroes y luego llegó el turno de este par... cuando los compañeros vieron su osadía, todos reían ante la obviedad de que fue un intercambio arreglado entre ellos, hasta que llegó el turno de que Petra le regalara a Dionisio, todos se sorprendieron de la sonrojes del buen Dionis, al ver que le habían regalado una tanga negra con tres cascabeles navideños, cuando de pronto se escucha la voz de alguien: — ¡Ay, Dionissssss! ¿Qué vas a hacer con eso? Y a lo qué “Dionis” respondió: — Pues usarlos... así cuando pase por los pasillos y escuchen titntinear cascabeles, sabrán que allá voy o que ya regresé... Todos al unísono soltaron la carcajada, los jefes claro, para guardar la compostura, regañaron a los organizadores, pero según cuentan ese día se divirtieron mucho.

A final de cuentas, seguramente creo que muchos de nosotros entramos a los intercambios de regalos, por mera diversión, aunque después de la fiesta estés asimilando que gastaste más en la envoltura que en el regalo, y te estés lamentando que aún así, gastaste más en el regalo que diste que lo que te dieron.

Así que, en estas fiestas, usted disfrútelas, conviva y si ya sabe el resultado de los intercambios... mejor no entre.

Les deseo a todas y todos una ¡Feliz Navidad y un excelente Año Nuevo!

Nos leemos el próximo año con unos cinco kilos más para Olvidar lo que Sabemos de...

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