/ miércoles 10 de abril de 2019

De ignorancias dañinas

La palabra ignorancia tiene su origen en el latín “ignorare”, que significa “no saber”. En términos amplios podemos considerar que esta situación humana es la ausencia de conocimiento o información sobre un asunto o materia, o también, es la falta de cultura o instrucción de una persona que no ha recibido esa información o no ha estado sujeta a un proceso de aprendizaje sobre determinado tópico.

Los antropólogos atribuyen al hecho de la superación de la ignorancia, como el detonador del avance en la cultura y la civilización. Conforme hemos ido venciendo mitos e ideas equivocados, podemos considerar que hemos ascendido en el devenir histórico. Por esta razón una de las tareas constantes de la humanidad ha sido la de despejar la ignorancia y el perfeccionamiento en las ideas científicas, ha sido siempre visto como un adelanto generalizado de la humanidad misma. El simple hecho de saber que muchas de las enfermedades son causadas por microorganismos y no por encantamientos de espíritus varios, significó un salto cuántico en nuestra civilización, por poner un ejemplo.

Es un hecho que varios descubrimientos e invenciones científicas marcaron un antes y un después: la rueda, la escritura, la imprenta, las Leyes de la Gravitación Universal, los antibióticos, la pólvora, la máquina de combustión interna, el avión, las naves espaciales, la Teoría de la Relatividad, las computadoras y el internet, dan cuenta de ese extraordinario proceso cognitivo que se da en la mente humana y que nos aleja de las otras especies, a tal grado de que hemos escuchado a algunos escritores congratularse del momento cuando nos alejamos de los otros miembros del reino animal para convertirnos en Dioses, exageración esta fundada seguramente en la emoción que provoca saber el poder insospechado que reside en nuestro cerebro relativo a la capacidad que tenemos para desentrañar el cosmos y todos los fenómenos de la naturaleza.

Para no añadir más, diremos que la superación de la ignorancia, en términos generales, es la razón fundamental en el avance de las civilizaciones, y por ello, gran parte de las políticas públicas para superarla se enfoca en las estrategias generalizadas del sistema educativo que trata de llevar el saber científico a las masas.

No obstante lo anterior, a partir de fechas relativamente recientes, la ignorancia ha dejado de tener la connotación negativa que otrora se le atribuía, considerándola, en algunas de las ocasiones, inclusive, como un aspecto positivo en las personas. Ejemplos concretos hay muchos, donde están involucrados líderes de opinión, figuras del espectáculo y hasta cabezas de Estado. Algunos han llamado este fenómeno inclusive como la “era de la post verdad”, aunque con otras características, podemos decir que es lo mismo.

Y estas someras reflexiones vinieron a mi mente debido a la penosa e hilarante situación, no para los protagonistas, sino para el país entero, que se ha dado respecto del proceso de selección de nuevos integrantes en la Comisión Reguladora de Energía, donde casi todos los candidatos a los puestos a ocupar han hecho explícita de manera vergonzosa la ausencia casi absoluta de conocimientos y capacidades respecto de las labores que supuestamente van a desempeñar, dando un espectáculo que raya en el escándalo público por su ignorancia supina, siendo lo más grave de todo este lamentable suceso el desprecio institucional a los estándares mínimos de decencia científica y la acogida gubernamental a la ignorancia como valor supremo.

La palabra ignorancia tiene su origen en el latín “ignorare”, que significa “no saber”. En términos amplios podemos considerar que esta situación humana es la ausencia de conocimiento o información sobre un asunto o materia, o también, es la falta de cultura o instrucción de una persona que no ha recibido esa información o no ha estado sujeta a un proceso de aprendizaje sobre determinado tópico.

Los antropólogos atribuyen al hecho de la superación de la ignorancia, como el detonador del avance en la cultura y la civilización. Conforme hemos ido venciendo mitos e ideas equivocados, podemos considerar que hemos ascendido en el devenir histórico. Por esta razón una de las tareas constantes de la humanidad ha sido la de despejar la ignorancia y el perfeccionamiento en las ideas científicas, ha sido siempre visto como un adelanto generalizado de la humanidad misma. El simple hecho de saber que muchas de las enfermedades son causadas por microorganismos y no por encantamientos de espíritus varios, significó un salto cuántico en nuestra civilización, por poner un ejemplo.

Es un hecho que varios descubrimientos e invenciones científicas marcaron un antes y un después: la rueda, la escritura, la imprenta, las Leyes de la Gravitación Universal, los antibióticos, la pólvora, la máquina de combustión interna, el avión, las naves espaciales, la Teoría de la Relatividad, las computadoras y el internet, dan cuenta de ese extraordinario proceso cognitivo que se da en la mente humana y que nos aleja de las otras especies, a tal grado de que hemos escuchado a algunos escritores congratularse del momento cuando nos alejamos de los otros miembros del reino animal para convertirnos en Dioses, exageración esta fundada seguramente en la emoción que provoca saber el poder insospechado que reside en nuestro cerebro relativo a la capacidad que tenemos para desentrañar el cosmos y todos los fenómenos de la naturaleza.

Para no añadir más, diremos que la superación de la ignorancia, en términos generales, es la razón fundamental en el avance de las civilizaciones, y por ello, gran parte de las políticas públicas para superarla se enfoca en las estrategias generalizadas del sistema educativo que trata de llevar el saber científico a las masas.

No obstante lo anterior, a partir de fechas relativamente recientes, la ignorancia ha dejado de tener la connotación negativa que otrora se le atribuía, considerándola, en algunas de las ocasiones, inclusive, como un aspecto positivo en las personas. Ejemplos concretos hay muchos, donde están involucrados líderes de opinión, figuras del espectáculo y hasta cabezas de Estado. Algunos han llamado este fenómeno inclusive como la “era de la post verdad”, aunque con otras características, podemos decir que es lo mismo.

Y estas someras reflexiones vinieron a mi mente debido a la penosa e hilarante situación, no para los protagonistas, sino para el país entero, que se ha dado respecto del proceso de selección de nuevos integrantes en la Comisión Reguladora de Energía, donde casi todos los candidatos a los puestos a ocupar han hecho explícita de manera vergonzosa la ausencia casi absoluta de conocimientos y capacidades respecto de las labores que supuestamente van a desempeñar, dando un espectáculo que raya en el escándalo público por su ignorancia supina, siendo lo más grave de todo este lamentable suceso el desprecio institucional a los estándares mínimos de decencia científica y la acogida gubernamental a la ignorancia como valor supremo.

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