/ lunes 15 de junio de 2020

¿Discutir el Estado Mexicano?

El pasado lunes de este mes tuve acceso a un diálogo entre Enrique Dussel y García Linera sobre la pandemia y el futuro del Estado. Abundaron en su intercambio sobre el Estado en América Latina y seguramente se discutirá bastante sobre la pandemia y muchos otros aspectos de la realidad social, como lo empieza a promover el CONACYT en el medio académico; a nivel internacional ya se puede observar cómo la pandemia ha sido comparada con una guerra resaltando los daños económicos y políticos que ya ahora está causando, aunque los balances de este desastre internacional apenas empiezan.

Visto lo anterior de esa manera, es de preverse que se ponga de manifiesto la necesidad de discutir el Estado mexicano como el núcleo explicativo de muchos problemas políticos y económicos, ahora difundidos solo como problemas cuya solución común no se logra ver por la manera cotidiana, atomizada de abordarlos casi como si fueran problemas individuales o de pequeños grupos; ahondar en las cusas de fondo de este conjunto de problemas se hará mejor recurriendo a la investigación. Discutir sobre el actual Estado mexicano puede ser un alivio para una mejor comprensión de lo que ahora padecemos como consecuencias no deseadas de la pandemia y que abruman a partes importantes de la sociedad nacional y estatal de las que hoy en día somos parte.

Las experiencias pasadas sobre la discusión del Estado mexicano, principalmente la realizada en los años setenta, por intelectuales y académicos marxistas que abordaron varios aspectos del estado, pero sacaron conclusiones que no ayudaron a promover cambios de fondo sino, más bien, fortalecieron la situación establecida en esos años. La discusión giró sobre si el Estado surgido después de la Revolución Mexicana era un nuevo Estado o no. Los intelectuales marxistas de izquierda sacaron la conclusión de que si era un nuevo Estado, tal y como habían concluido casi todos los intelectuales que se organizaban en torno al PRI.

Discutieron el entorno internacional del Estado mexicano y ayudó a destacar el significado histórico; reconocieron bien el tipo de democracia promovida por Madero en su campaña presidencial, sin ver la carencia de formación ciudadana; el error cometido para coincidir con intelectuales priistas, fue confundir régimen de gobierno con Estado. En una investigación posterior al debate pudimos señalar que lo que había cambiado con la Revolución Mexicana era un régimen dictatorial, el de Porfirio Díaz, a un régimen consensual logrado por Madero. El consenso logrado por Madero fue posible porque al amparo de la riqueza lograda por los exportadores, se formó un conjunto empresarial que producía para el mercado interno y entraron en competencia con los exportadores casi todos hacendados.

El pasado lunes de este mes tuve acceso a un diálogo entre Enrique Dussel y García Linera sobre la pandemia y el futuro del Estado. Abundaron en su intercambio sobre el Estado en América Latina y seguramente se discutirá bastante sobre la pandemia y muchos otros aspectos de la realidad social, como lo empieza a promover el CONACYT en el medio académico; a nivel internacional ya se puede observar cómo la pandemia ha sido comparada con una guerra resaltando los daños económicos y políticos que ya ahora está causando, aunque los balances de este desastre internacional apenas empiezan.

Visto lo anterior de esa manera, es de preverse que se ponga de manifiesto la necesidad de discutir el Estado mexicano como el núcleo explicativo de muchos problemas políticos y económicos, ahora difundidos solo como problemas cuya solución común no se logra ver por la manera cotidiana, atomizada de abordarlos casi como si fueran problemas individuales o de pequeños grupos; ahondar en las cusas de fondo de este conjunto de problemas se hará mejor recurriendo a la investigación. Discutir sobre el actual Estado mexicano puede ser un alivio para una mejor comprensión de lo que ahora padecemos como consecuencias no deseadas de la pandemia y que abruman a partes importantes de la sociedad nacional y estatal de las que hoy en día somos parte.

Las experiencias pasadas sobre la discusión del Estado mexicano, principalmente la realizada en los años setenta, por intelectuales y académicos marxistas que abordaron varios aspectos del estado, pero sacaron conclusiones que no ayudaron a promover cambios de fondo sino, más bien, fortalecieron la situación establecida en esos años. La discusión giró sobre si el Estado surgido después de la Revolución Mexicana era un nuevo Estado o no. Los intelectuales marxistas de izquierda sacaron la conclusión de que si era un nuevo Estado, tal y como habían concluido casi todos los intelectuales que se organizaban en torno al PRI.

Discutieron el entorno internacional del Estado mexicano y ayudó a destacar el significado histórico; reconocieron bien el tipo de democracia promovida por Madero en su campaña presidencial, sin ver la carencia de formación ciudadana; el error cometido para coincidir con intelectuales priistas, fue confundir régimen de gobierno con Estado. En una investigación posterior al debate pudimos señalar que lo que había cambiado con la Revolución Mexicana era un régimen dictatorial, el de Porfirio Díaz, a un régimen consensual logrado por Madero. El consenso logrado por Madero fue posible porque al amparo de la riqueza lograda por los exportadores, se formó un conjunto empresarial que producía para el mercado interno y entraron en competencia con los exportadores casi todos hacendados.

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