/ viernes 8 de abril de 2022

El líder revocado

Hubo una vez un líder popular que llegó a la presidencia de un país con el apoyo del pueblo, después de épocas difíciles; de carestía, de violencia y de conflictos sociales, cuyas consecuencias siguen latentes. El apoyo popular con el que contaba fue directamente proporcional a la facilidad con la que pudo implementar cambios legales profundos para crear un nuevo orden nacional. Su éxito fue tan grande que la reelección presidencial además de lógica y natural, fue aceptada popularmente por consenso.

Valoraba altamente el papel de las fuerzas armadas, a quienes reconocía como un elemento de estabilidad y de orden. Como gobernante, planteó un nuevo modelo económico que diera paso a un control mayor del Estado por encima de la economía capitalista, lo cual distinguió a su país como un ejemplo de que las cosas se podían hacer de manera distinta y que los modelos hegemónicos podían ser cambiados.

Todos estos cambios, incluso cuando resultaron benéficos, fueron altamente combatidos y resistidos por quienes se oponían a la transformación que intentaba llevar a cabo. La mayoría de estas resistencia vinieron de grupos conservadores que buscaban que el viejo orden prevaleciera para evitar que el Estado se convirtiera en un actor central de la generación y distribución de la riqueza.

Su última acción como presidente fue convocar a un plebiscito, asegurando que de perderlo se retiraría del cargo. Es por eso que en 1969, Charles de Gaulle tuvo que alejarse de la primera magistratura de Francia, pues su propuesta de descentralizar el gobierno y el orden del Senado de ese país, no fue aceptada por la población, provocando su dimisión inmediata.

De Gaulle es uno de los líderes revocados más populares de Europa y del mundo. Su papel en una época de posguerra fue fundamental y reconocido para sacar adelante a un continente devastado por el conflicto bélico, el éxito de sus políticas económicas fue rotundo y su popularidad siempre estuvo a la alza. Pero aún así, la democracia se impuso y el pueblo francés decidió que su gobierno no continuara.

En México, la revocación de mandato ha sido polémica. Unos acusan al INE de haber actuado de manera parcial, otros dicen que se trata de un acto inútil y propagandístico. Se dice que solo sirve para ratificar a mandatarios, pero el ejemplo de Francia demuestra que esto no es así.

En lo personal, pienso que la revocación de mandato se trata de un ejercicio que puede servir a la ciudadanía para poner fin a gobiernos deficientes y fortalecer a figuras eficientes, una especie de mecanismo de castigo y de premiación, pues después de todo seis años son una eternidad para un mal gobierno, pero muy poco para uno bueno.

Hubo una vez un líder popular que llegó a la presidencia de un país con el apoyo del pueblo, después de épocas difíciles; de carestía, de violencia y de conflictos sociales, cuyas consecuencias siguen latentes. El apoyo popular con el que contaba fue directamente proporcional a la facilidad con la que pudo implementar cambios legales profundos para crear un nuevo orden nacional. Su éxito fue tan grande que la reelección presidencial además de lógica y natural, fue aceptada popularmente por consenso.

Valoraba altamente el papel de las fuerzas armadas, a quienes reconocía como un elemento de estabilidad y de orden. Como gobernante, planteó un nuevo modelo económico que diera paso a un control mayor del Estado por encima de la economía capitalista, lo cual distinguió a su país como un ejemplo de que las cosas se podían hacer de manera distinta y que los modelos hegemónicos podían ser cambiados.

Todos estos cambios, incluso cuando resultaron benéficos, fueron altamente combatidos y resistidos por quienes se oponían a la transformación que intentaba llevar a cabo. La mayoría de estas resistencia vinieron de grupos conservadores que buscaban que el viejo orden prevaleciera para evitar que el Estado se convirtiera en un actor central de la generación y distribución de la riqueza.

Su última acción como presidente fue convocar a un plebiscito, asegurando que de perderlo se retiraría del cargo. Es por eso que en 1969, Charles de Gaulle tuvo que alejarse de la primera magistratura de Francia, pues su propuesta de descentralizar el gobierno y el orden del Senado de ese país, no fue aceptada por la población, provocando su dimisión inmediata.

De Gaulle es uno de los líderes revocados más populares de Europa y del mundo. Su papel en una época de posguerra fue fundamental y reconocido para sacar adelante a un continente devastado por el conflicto bélico, el éxito de sus políticas económicas fue rotundo y su popularidad siempre estuvo a la alza. Pero aún así, la democracia se impuso y el pueblo francés decidió que su gobierno no continuara.

En México, la revocación de mandato ha sido polémica. Unos acusan al INE de haber actuado de manera parcial, otros dicen que se trata de un acto inútil y propagandístico. Se dice que solo sirve para ratificar a mandatarios, pero el ejemplo de Francia demuestra que esto no es así.

En lo personal, pienso que la revocación de mandato se trata de un ejercicio que puede servir a la ciudadanía para poner fin a gobiernos deficientes y fortalecer a figuras eficientes, una especie de mecanismo de castigo y de premiación, pues después de todo seis años son una eternidad para un mal gobierno, pero muy poco para uno bueno.