/ viernes 10 de diciembre de 2021

Es la corrupción

Era el sexenio de Enrique Peña Nieto, el ex presidente de México que hoy por hoy está en un lujoso y onero exigilio voluntario. Las razones por las cuales decidió irse a vivir a otro país y no quedarse en el propio son, hasta hoy, suposiciones. La más clara es que se su mala fama no le permitiría vivir en paz en su terruño. Y a su vez, esta mala reputación fue adquirida, entre otras cosas, por el halo de corrupción con el que dejó la presidencia. Fue él mismo quien aseguró que la corrupción en México era cultural, diciéndolo como una especie de excusa, de justificación frente a los abusos que su gabinete había cometido.

Por extraño que parezca, hoy en día, la postura del ex presidente mexicano no es extraña o única de nuestro país. Para uno de los más grandes primeros ministros de Inglaterra, Wisconsin Churchill, la corrupción era un lubricante benéfico para la democracia. Esta postura cada vez es menos aceptada, políticamente incorrecta, pero pocos gobiernos son los que han intentado cambiarla, menos aún son los que lo han logrado.

El gobierno de la 4T, sin duda, tiene como estandarte erradicar la corrupción en el servicio público mexicano. El ahora presidente AMLO dijo en su toma de protesta que si podría resumir el objetivo de sus seis años sería precisamente erradicar la corrupción. Bajo su lógica, si el presidente no es corrupto, el resto de las personas que integran los espacios de poder institucionalizado no lo serán.

A tres años de su mandato ¿cuál es el corte de caja en materia de corrupción? Por un lado, me atrevería a decir que llevar a cabo actos de corrupción en el sector público para enriquecerse antes era entendido como una capacidad tremenda, como una membresía a un club de respetados personajes que se enorgullecían de realizar este tipo de conductas. Ahora, esa desfachatez ya no es tal. Aunque aún existen quienes se vanaglorian de tener influencias para influir en los asuntos públicos, estas actividades ya no se realizan con el descaro de antes. Es decir, ha habido una reconcepción de la inmoralididad de la corrupción.

Lo negativo es que aún existen vestigios del pasado que siguen vigentes. La reciente mediatización de supuestos actos de corrupción por parte de Santiago Nieto, extitular de la UIF, y Alejandro Gertz Mañero, Fiscal General de la República, sin ser concluyente de culpabilidad, es un incidente altamente preocupante en la batalla contra la corrupción. En su momento, ambos personajes -Gertz lo sigue siendo-eran los pilares de la lucha contra la corrupción y el crimen organizado, ahora son señalados por convertirse en lo que juraron destruir.

Si el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador no logra dar una respuesta contundente a ambas acusaciones, en el sentido que sea, entonces estaremos presenciando el colapso de uno de los basamentos que lo llevó al poder; el combate a la corrupción, y con ello las posturas del pasado volverán a ser más vigentes que nunca.

Era el sexenio de Enrique Peña Nieto, el ex presidente de México que hoy por hoy está en un lujoso y onero exigilio voluntario. Las razones por las cuales decidió irse a vivir a otro país y no quedarse en el propio son, hasta hoy, suposiciones. La más clara es que se su mala fama no le permitiría vivir en paz en su terruño. Y a su vez, esta mala reputación fue adquirida, entre otras cosas, por el halo de corrupción con el que dejó la presidencia. Fue él mismo quien aseguró que la corrupción en México era cultural, diciéndolo como una especie de excusa, de justificación frente a los abusos que su gabinete había cometido.

Por extraño que parezca, hoy en día, la postura del ex presidente mexicano no es extraña o única de nuestro país. Para uno de los más grandes primeros ministros de Inglaterra, Wisconsin Churchill, la corrupción era un lubricante benéfico para la democracia. Esta postura cada vez es menos aceptada, políticamente incorrecta, pero pocos gobiernos son los que han intentado cambiarla, menos aún son los que lo han logrado.

El gobierno de la 4T, sin duda, tiene como estandarte erradicar la corrupción en el servicio público mexicano. El ahora presidente AMLO dijo en su toma de protesta que si podría resumir el objetivo de sus seis años sería precisamente erradicar la corrupción. Bajo su lógica, si el presidente no es corrupto, el resto de las personas que integran los espacios de poder institucionalizado no lo serán.

A tres años de su mandato ¿cuál es el corte de caja en materia de corrupción? Por un lado, me atrevería a decir que llevar a cabo actos de corrupción en el sector público para enriquecerse antes era entendido como una capacidad tremenda, como una membresía a un club de respetados personajes que se enorgullecían de realizar este tipo de conductas. Ahora, esa desfachatez ya no es tal. Aunque aún existen quienes se vanaglorian de tener influencias para influir en los asuntos públicos, estas actividades ya no se realizan con el descaro de antes. Es decir, ha habido una reconcepción de la inmoralididad de la corrupción.

Lo negativo es que aún existen vestigios del pasado que siguen vigentes. La reciente mediatización de supuestos actos de corrupción por parte de Santiago Nieto, extitular de la UIF, y Alejandro Gertz Mañero, Fiscal General de la República, sin ser concluyente de culpabilidad, es un incidente altamente preocupante en la batalla contra la corrupción. En su momento, ambos personajes -Gertz lo sigue siendo-eran los pilares de la lucha contra la corrupción y el crimen organizado, ahora son señalados por convertirse en lo que juraron destruir.

Si el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador no logra dar una respuesta contundente a ambas acusaciones, en el sentido que sea, entonces estaremos presenciando el colapso de uno de los basamentos que lo llevó al poder; el combate a la corrupción, y con ello las posturas del pasado volverán a ser más vigentes que nunca.