/ lunes 29 de junio de 2020

La muerte como espectáculo

Durante los últimos 25 años el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación amplificó las libertades informativas. La apertura de internet enriqueció los espacios de consumo informativo y permitió a los usuarios compartir, mezclar o producir sus propios contenidos. Esta característica del capitalismo del siglo XXI posibilitó la transparencia de la vida privada y visibilizó acontecimientos que habían permanecido hasta cierto punto ocultos. En México, desde que el gobierno declaró en diciembre de 2006 la guerra al crimen organizado, las redes de internet se convirtieron en un nuevo escenario para teatralizar el horror. Interrogatorios y ejecuciones colectivas se convirtieron en parte del espectáculo mediatizado.

Si vamos a la historia, nos daremos cuenta que las sociedades han producido distintas narrativas sobre la muerte. Tal vez el caso más popular es el Imperio Romano. La lucha de gladiadores y personas devoradas por leones convirtió el horror en un circo. En las revoluciones y guerras continuó esta práctica exhibicionista. Gran cantidad de estas narrativas se trasladaron a la cultura popular occidental; peleas de perros, corridas de toros, deportes extremos, etcétera (García y Ramos, 1998). Durante el siglo XX con la expansión de los medios de difusión -principalmente la televisión- comenzaron a mediatizarse tragedias “reales”: accidentes, catástrofes naturales, ataques de animales, atentados terroristas, robos en supermercados, etcétera. Parece ser que la semántica de la desgracia potenció la sociedad voyerista (Gubern, 1994).

A través de las prácticas culturales -por ejemplo, los ajusticiamientos públicos que siguen vigentes en algunos países en Medio Oriente- y la mediatización de la violencia -por el sistema broadcast y las redes de internet- de cierta manera en nuestras sociedades la crueldad se normalizó. Lo que debería de causar indignación y repulsión en realidad es aceptado por el público de los medios y los usuarios de internet. Como apunta Marzano (2010), cuando los espectadores asisten a la realidad-horror se deja de luchar contra el espectáculo al que se asiste. Uno se coloca en una posición de comodidad, fuera de las escenas crueles y monstruosas de las que se es espectador, como si, con la interposición de la pantalla, la realidad no fuera más que una imagen virtual.

Con el advenimiento de la sociedad conectada a redes de comunicación el exhibicionismo del sufrimiento se profundizó aún más. A finales de los años noventa del siglo pasado la pluralidad de contenidos de horror y muerte se amplificó. Por ejemplo, comenzaron a difundirse videos que mostraban distintas formas de ejecución por parte de grupos extremistas. Durante la década pasada sitios shock como Ogris.com o Liveleak.com alcanzaron gran popularidad en la cultura gore. En la era de las redes sociodigitales algunos usuarios transmitieron su propia muerte. En la última década otros espacios como El Blog del Narco publica imágenes y videos de balaceras, interrogatorios, torturas, cuerpos descuartizados, decapitaciones, fusilamientos, incineraciones, etcétera. El exhibicionismo del horror y la brutalidad son ahora más visibles que en épocas anteriores. Como sociedad hemos convertido el dolor y la muerte en un espectáculo.

Durante los últimos 25 años el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación amplificó las libertades informativas. La apertura de internet enriqueció los espacios de consumo informativo y permitió a los usuarios compartir, mezclar o producir sus propios contenidos. Esta característica del capitalismo del siglo XXI posibilitó la transparencia de la vida privada y visibilizó acontecimientos que habían permanecido hasta cierto punto ocultos. En México, desde que el gobierno declaró en diciembre de 2006 la guerra al crimen organizado, las redes de internet se convirtieron en un nuevo escenario para teatralizar el horror. Interrogatorios y ejecuciones colectivas se convirtieron en parte del espectáculo mediatizado.

Si vamos a la historia, nos daremos cuenta que las sociedades han producido distintas narrativas sobre la muerte. Tal vez el caso más popular es el Imperio Romano. La lucha de gladiadores y personas devoradas por leones convirtió el horror en un circo. En las revoluciones y guerras continuó esta práctica exhibicionista. Gran cantidad de estas narrativas se trasladaron a la cultura popular occidental; peleas de perros, corridas de toros, deportes extremos, etcétera (García y Ramos, 1998). Durante el siglo XX con la expansión de los medios de difusión -principalmente la televisión- comenzaron a mediatizarse tragedias “reales”: accidentes, catástrofes naturales, ataques de animales, atentados terroristas, robos en supermercados, etcétera. Parece ser que la semántica de la desgracia potenció la sociedad voyerista (Gubern, 1994).

A través de las prácticas culturales -por ejemplo, los ajusticiamientos públicos que siguen vigentes en algunos países en Medio Oriente- y la mediatización de la violencia -por el sistema broadcast y las redes de internet- de cierta manera en nuestras sociedades la crueldad se normalizó. Lo que debería de causar indignación y repulsión en realidad es aceptado por el público de los medios y los usuarios de internet. Como apunta Marzano (2010), cuando los espectadores asisten a la realidad-horror se deja de luchar contra el espectáculo al que se asiste. Uno se coloca en una posición de comodidad, fuera de las escenas crueles y monstruosas de las que se es espectador, como si, con la interposición de la pantalla, la realidad no fuera más que una imagen virtual.

Con el advenimiento de la sociedad conectada a redes de comunicación el exhibicionismo del sufrimiento se profundizó aún más. A finales de los años noventa del siglo pasado la pluralidad de contenidos de horror y muerte se amplificó. Por ejemplo, comenzaron a difundirse videos que mostraban distintas formas de ejecución por parte de grupos extremistas. Durante la década pasada sitios shock como Ogris.com o Liveleak.com alcanzaron gran popularidad en la cultura gore. En la era de las redes sociodigitales algunos usuarios transmitieron su propia muerte. En la última década otros espacios como El Blog del Narco publica imágenes y videos de balaceras, interrogatorios, torturas, cuerpos descuartizados, decapitaciones, fusilamientos, incineraciones, etcétera. El exhibicionismo del horror y la brutalidad son ahora más visibles que en épocas anteriores. Como sociedad hemos convertido el dolor y la muerte en un espectáculo.

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