/ lunes 17 de junio de 2019

La popularidad y los retos de Andrés Manuel

Con leves variantes, Andrés Manuel López Obrador sigue gozando de amplia aceptación entre los mexicanos. De acuerdo a reciente publicación de un diario de circulación nacional, siete de diez encuestados, aprueban la gestión del presidente de la República. En tanto, Consulta Mitofsky, lo ubica un punto porcentual más abajo, es decir, un 63.3% de aceptación.

De particular interés el ejercicio estadístico realizado por esta misma consultoría sobre los mandatarios mejor calificados de América, Europa, Asia y Australia.

Andrés Manuel es el cuarto mejor aprobado sólo por debajo de Nayib Bukele del Salvador, Marcelo Rebelo de Sousa de Portugal y Vladimir Putin de Rusia. En el ranking de gobernantes de América, el presidente de México ocupa la segunda posición con un 64% de aprobación. En primer lugar, está el presidente del Salvador (71%).

En los últimos sexenios no se había observado una popularidad similar. Podríamos deducir que el carisma y cercanía con la gente, aunado a la vigente ilusión de un pueblo que anhela un gobierno que transforme el país y responda las demandas sociales de igualdad, desarrollo y justicia, son el secreto del “fenómeno” llamado AMLO.

Pero un presidente no sólo gobierna con estadísticas que reflejan el sentir ciudadano. Andrés Manuel no debe de perder de vista cuales son los retos prioritarios. Una cosa es la popularidad y otra, las acertadas decisiones que producen estabilidad y gobernabilidad al país.

Más allá de recibir una administración federal marcada por la corrupción, quebranto financiero y obsoletas políticas públicas que urgen redefinir, en el contexto actual, son varios los desafíos que se deben atender a la brevedad. Por ejemplo, las incesantes amenazas de Donald Trump y la frágil relación bilateral entre México y Estados Unidos, frente al complejo flujo migratorio proveniente de Centroamérica.

Por otro lado, urge enfrentar la constante escalada de inseguridad que se vive en el país. Los secuestros y posteriores asesinatos de los universitarios de Roberto Ronquillo y Hugo Leonardo Avendaño, ponen nuevamente en la mesa del debate este complejo tema que indigna a México.

La corrupción otro de los desafíos. Como ejemplo está el caso Emilio Lozoya, acusado de lavado de dinero, cohecho y defraudación fiscal en su paso por Pemex, además del quebranto financiero y corrupción al interior del IMSS e ISSSTE.

De los anteriores ejemplos, Andrés Manuel, tiene que demostrar su templanza como gobernante, sus cualidades como estadista y su congruencia entre el discurso y el compromiso adquirido.

Se dice que la popularidad puede ser fugaz, pero el legado de un buen gobernante es para la posterioridad. Al tiempo, la evaluación. Los altos niveles de aprobación vendrán por añadidura.

Con leves variantes, Andrés Manuel López Obrador sigue gozando de amplia aceptación entre los mexicanos. De acuerdo a reciente publicación de un diario de circulación nacional, siete de diez encuestados, aprueban la gestión del presidente de la República. En tanto, Consulta Mitofsky, lo ubica un punto porcentual más abajo, es decir, un 63.3% de aceptación.

De particular interés el ejercicio estadístico realizado por esta misma consultoría sobre los mandatarios mejor calificados de América, Europa, Asia y Australia.

Andrés Manuel es el cuarto mejor aprobado sólo por debajo de Nayib Bukele del Salvador, Marcelo Rebelo de Sousa de Portugal y Vladimir Putin de Rusia. En el ranking de gobernantes de América, el presidente de México ocupa la segunda posición con un 64% de aprobación. En primer lugar, está el presidente del Salvador (71%).

En los últimos sexenios no se había observado una popularidad similar. Podríamos deducir que el carisma y cercanía con la gente, aunado a la vigente ilusión de un pueblo que anhela un gobierno que transforme el país y responda las demandas sociales de igualdad, desarrollo y justicia, son el secreto del “fenómeno” llamado AMLO.

Pero un presidente no sólo gobierna con estadísticas que reflejan el sentir ciudadano. Andrés Manuel no debe de perder de vista cuales son los retos prioritarios. Una cosa es la popularidad y otra, las acertadas decisiones que producen estabilidad y gobernabilidad al país.

Más allá de recibir una administración federal marcada por la corrupción, quebranto financiero y obsoletas políticas públicas que urgen redefinir, en el contexto actual, son varios los desafíos que se deben atender a la brevedad. Por ejemplo, las incesantes amenazas de Donald Trump y la frágil relación bilateral entre México y Estados Unidos, frente al complejo flujo migratorio proveniente de Centroamérica.

Por otro lado, urge enfrentar la constante escalada de inseguridad que se vive en el país. Los secuestros y posteriores asesinatos de los universitarios de Roberto Ronquillo y Hugo Leonardo Avendaño, ponen nuevamente en la mesa del debate este complejo tema que indigna a México.

La corrupción otro de los desafíos. Como ejemplo está el caso Emilio Lozoya, acusado de lavado de dinero, cohecho y defraudación fiscal en su paso por Pemex, además del quebranto financiero y corrupción al interior del IMSS e ISSSTE.

De los anteriores ejemplos, Andrés Manuel, tiene que demostrar su templanza como gobernante, sus cualidades como estadista y su congruencia entre el discurso y el compromiso adquirido.

Se dice que la popularidad puede ser fugaz, pero el legado de un buen gobernante es para la posterioridad. Al tiempo, la evaluación. Los altos niveles de aprobación vendrán por añadidura.

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