/ jueves 24 de septiembre de 2020

La puerta de Jano │ Educación y desarrollo humano

Si partiéramos de una definición pragmática, diríamos que Educación y Desarrollo Humano es una y la misma cosa, dado que la educación forma ciudadanos comprometidos consigo y con su entorno tratando de dominar el espacio vivido. La tendencia del Desarrollo Humano proviene de la definición del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que lo concibe como "el proceso de expansión de las capacidades de las personas que amplían sus opciones y oportunidades". Esta definición, basada en la pirámide de Maslow indica que el ser humano requiere de una serie de necesidades, tanto materiales como espirituales que son ubicadas en una escala y que a medida que va consiguiendo unas cosas, necesita de otras más. Si así lo vemos, en la base de la pirámide están las necesidades más básicas o fisiológicas para sobrevivir como: respiración, alimentación y descanso; en otro nivel estarían las de seguridad: casa, vestido, sustento, salud, protección; en el tercer nivel están las sociales (de aceptación y afiliación); para acceder a las de Reconocimiento como: logros, reputación, fama y dignidad. La última escala de esta pirámide es la Autorrealización como la utopía e idealización más elevada del ser humano. Es curioso cómo las de esta cima tienen qué ver con lo que sueñan alcanzar todas las religiones.

Pues bien, si distinguimos que la educación realmente otorga al individuo las necesidades representadas a partir del tercer nivel; asistir a un colegio, escuela, academia o instituto otorgaría al sujeto un significativo logro social de acuerdo con una política pública de cualquier país en vías de “progreso”.

Sin embargo, hay países que privilegian un tipo de educación que están más orientadas hacia el dominio de las tecnologías y no de asignaturas humanísticas, sociales, artísticas, etc. Pero de eso ya he hablado antes.

Hace unos meses presenté una conferencia sobre el origen y recepción de la Economía Naranja, política pública puesta en boga en Colombia hace algunos años que promueve su aplicación a nivel de América Latina para elevar los estándares económicos, suponiendo que las ideas sean transformadas en bienes y servicios culturales desde la perspectiva del derecho de autor. No sin dudarlo hay muchos pensadores que afirman estamos en una franca revolución al creer que los ideales de la Revolución Industrial, el capitalismo y la monetización están en su punto crítico. Así pues, y si podemos darle vuelta a la moneda, cederle un voto de confianza a las asignaturas en materia de humanismo, el impulso del estudio y puesta en práctica del Desarrollo Humano sería una oportunidad para comenzar a transformar el planeta. Vivir en la era del conocimiento no nos exime de mirar hacia adentro, profundizar en el devenir de nuestras ideas y nuestras necesidades más elevadas de autorrealización para alcanzar el Desarrollo Humano pero no de manera individual. Aprovechando los altos niveles de comunicación tecnológica con los que contamos en la actualidad y la situación por la que estamos pasando, ampliar nuestra esfera de conocimiento y desarrollo homogéneo sería entonces una verdadera utopía del siglo XXI.

Si partiéramos de una definición pragmática, diríamos que Educación y Desarrollo Humano es una y la misma cosa, dado que la educación forma ciudadanos comprometidos consigo y con su entorno tratando de dominar el espacio vivido. La tendencia del Desarrollo Humano proviene de la definición del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que lo concibe como "el proceso de expansión de las capacidades de las personas que amplían sus opciones y oportunidades". Esta definición, basada en la pirámide de Maslow indica que el ser humano requiere de una serie de necesidades, tanto materiales como espirituales que son ubicadas en una escala y que a medida que va consiguiendo unas cosas, necesita de otras más. Si así lo vemos, en la base de la pirámide están las necesidades más básicas o fisiológicas para sobrevivir como: respiración, alimentación y descanso; en otro nivel estarían las de seguridad: casa, vestido, sustento, salud, protección; en el tercer nivel están las sociales (de aceptación y afiliación); para acceder a las de Reconocimiento como: logros, reputación, fama y dignidad. La última escala de esta pirámide es la Autorrealización como la utopía e idealización más elevada del ser humano. Es curioso cómo las de esta cima tienen qué ver con lo que sueñan alcanzar todas las religiones.

Pues bien, si distinguimos que la educación realmente otorga al individuo las necesidades representadas a partir del tercer nivel; asistir a un colegio, escuela, academia o instituto otorgaría al sujeto un significativo logro social de acuerdo con una política pública de cualquier país en vías de “progreso”.

Sin embargo, hay países que privilegian un tipo de educación que están más orientadas hacia el dominio de las tecnologías y no de asignaturas humanísticas, sociales, artísticas, etc. Pero de eso ya he hablado antes.

Hace unos meses presenté una conferencia sobre el origen y recepción de la Economía Naranja, política pública puesta en boga en Colombia hace algunos años que promueve su aplicación a nivel de América Latina para elevar los estándares económicos, suponiendo que las ideas sean transformadas en bienes y servicios culturales desde la perspectiva del derecho de autor. No sin dudarlo hay muchos pensadores que afirman estamos en una franca revolución al creer que los ideales de la Revolución Industrial, el capitalismo y la monetización están en su punto crítico. Así pues, y si podemos darle vuelta a la moneda, cederle un voto de confianza a las asignaturas en materia de humanismo, el impulso del estudio y puesta en práctica del Desarrollo Humano sería una oportunidad para comenzar a transformar el planeta. Vivir en la era del conocimiento no nos exime de mirar hacia adentro, profundizar en el devenir de nuestras ideas y nuestras necesidades más elevadas de autorrealización para alcanzar el Desarrollo Humano pero no de manera individual. Aprovechando los altos niveles de comunicación tecnológica con los que contamos en la actualidad y la situación por la que estamos pasando, ampliar nuestra esfera de conocimiento y desarrollo homogéneo sería entonces una verdadera utopía del siglo XXI.