/ miércoles 16 de mayo de 2018

La reforma educativa actual

La exposición de motivos presentada por el Partido Revolucionario Institucional al Constituyente Permanente es rica en conceptos que definen la posición de la sociedad mexicana actual. No es objeto del presente trabajo dar cuenta de todos y cada uno de dichos conceptos, sin embargo, habremos de mencionar brevemente, algunos de los más relevantes y relacionados con el tema de la libertad de enseñanza.


La educación que imparte el Estado es laica en medida que éste “no puede sin perder su naturalidad, inducir o promover la enseñanza religiosa. Su función, en materia educativa, es la de garantizar a todos los educandos del país, independientemente de que el centro educativo al que asisten sea público o privado, conocimientos y el que se les inculque el respeto y fomento de nuestros valores, culturales y tradiciones. Dicho en otros términos, la educación que debe garantizar el Estado es sobre la base de la ciencia y los valores universales con especial énfasis en los valores, cultura y tradiciones nacionales, siempre con el carácter laico; sin embargo, “se propone que en la educación impartida por los planteles particulares, en contraste con lo relativo a la educación oficial, no exista la obligación de que dicha educación sea por completo ajena a cualquier doctrina religiosa”.

Es decir, que en los planteles educativos es posible que se pueda ofrecer “adicionalmente educación religiosa” a educación que obligatoriamente se debe importar conforme a los planes y programas de estudios establecidos por el Estado.

Se trata, en suma, de reconocimiento de una realidad: la pluralidad ideológica de una sociedad moderna, con todos sus matices, que, a su vez, también reconoce en el ámbito personal de los individuos, su libertad de creencias y la posibilidad de que, en ejercicio de la libertad de enseñanza, adicionalmente se les pueda instruir en sus propias creencias.

Como puede apreciarse, la reforma al artículo 3° constitucional, retoma el principio básico del liberalismo sobre la libertad de enseñanza y la proyecta en una sociedad más desarrollada, más homogénea y madura que la sociedad mexicana que vivió la segunda mitad del siglo XIX. Se trata en suma, de un paso más a favor de la libertad de los individuos en contra de las tesis “estatistas” que, si bien tuvieron su razón de ser en el pasado, hoy han dejado de tener vigencia.


Sin embargo, la discusión, de la reforma educativa es una tesis y un programa que no se agota, dado el constante cambio en el desarrollo de la educación, en el ámbito transformador y modernización de la sociedad mexicana.

La exposición de motivos presentada por el Partido Revolucionario Institucional al Constituyente Permanente es rica en conceptos que definen la posición de la sociedad mexicana actual. No es objeto del presente trabajo dar cuenta de todos y cada uno de dichos conceptos, sin embargo, habremos de mencionar brevemente, algunos de los más relevantes y relacionados con el tema de la libertad de enseñanza.


La educación que imparte el Estado es laica en medida que éste “no puede sin perder su naturalidad, inducir o promover la enseñanza religiosa. Su función, en materia educativa, es la de garantizar a todos los educandos del país, independientemente de que el centro educativo al que asisten sea público o privado, conocimientos y el que se les inculque el respeto y fomento de nuestros valores, culturales y tradiciones. Dicho en otros términos, la educación que debe garantizar el Estado es sobre la base de la ciencia y los valores universales con especial énfasis en los valores, cultura y tradiciones nacionales, siempre con el carácter laico; sin embargo, “se propone que en la educación impartida por los planteles particulares, en contraste con lo relativo a la educación oficial, no exista la obligación de que dicha educación sea por completo ajena a cualquier doctrina religiosa”.

Es decir, que en los planteles educativos es posible que se pueda ofrecer “adicionalmente educación religiosa” a educación que obligatoriamente se debe importar conforme a los planes y programas de estudios establecidos por el Estado.

Se trata, en suma, de reconocimiento de una realidad: la pluralidad ideológica de una sociedad moderna, con todos sus matices, que, a su vez, también reconoce en el ámbito personal de los individuos, su libertad de creencias y la posibilidad de que, en ejercicio de la libertad de enseñanza, adicionalmente se les pueda instruir en sus propias creencias.

Como puede apreciarse, la reforma al artículo 3° constitucional, retoma el principio básico del liberalismo sobre la libertad de enseñanza y la proyecta en una sociedad más desarrollada, más homogénea y madura que la sociedad mexicana que vivió la segunda mitad del siglo XIX. Se trata en suma, de un paso más a favor de la libertad de los individuos en contra de las tesis “estatistas” que, si bien tuvieron su razón de ser en el pasado, hoy han dejado de tener vigencia.


Sin embargo, la discusión, de la reforma educativa es una tesis y un programa que no se agota, dado el constante cambio en el desarrollo de la educación, en el ámbito transformador y modernización de la sociedad mexicana.