/ viernes 21 de enero de 2022

La visita

El día de hoy, Jennifer Granholm, secretaria de energía de los Estados Unidos de América, visitó el Senado de la República. Se trata de un encuentro que tiene como contexto la iniciativa de reforma constitucional en materia eléctrica que el presidente Andrés Manuel López Obrador presentó ante el Congreso mexicano para su discusión y votación.

En consecuencia, hace unos días, la secretaria estadounidense recibió una carta signada por un grupo de senadoras y senadores de su país, pidiéndole a ella y al presidente Biden que intervinieran para frenar la iniciativa de reforma en México.

¿Por qué? Porque existen interpretaciones que aseguran que la iniciativa contiene al menos tres factores de riesgo: la destrucción de las inversiones privadas existentes en el sector, la transgresión del T-MEC y la supuesta puesta en marcha de acciones que van en contra de la transición energética. En los hechos, ninguna de estas preocupaciones está justificada; sin embargo, las dudas deben ser despejadas por el bien de nuestras relaciones comerciales y diplomáticas.

La funcionaria también visitó la cancillería mexicana y al mismo presidente AMLO, quien ha defendido esta iniciativa fundamentado en una tradición de defensa del sector energético por su importancia para la seguridad nacional y para el desarrollo económico de México, tal como lo hiciera el presidente Adolfo López Mateos en 1960.

Si bien es cierto que la industria eléctrica es un sector que de facto es estratégico, también lo es que es un negocio muy atractivo para el capital extranjero, especialmente en condiciones de ventaja ante la Comisión Federal de Electricidad, cuya participación en el mercado fue acotada por las reformas estructurales del viejo régimen con el objetivo de llevarla a la ruina, ya que ese ha sido el modus operandi de la derecha para poner en manos privadas las empresas del Estado.

Adolfo López Mateos, presidente que nacionalizó la industria eléctrica, dijo: “Pueblo de México, los dispenso de toda obediencia a sus futuros gobernantes que pretendan entregar nuestros recursos energéticos a intereses ajenos a la Nación que conformamos”. Lamentablemente eso ocurrió con la reforma energética de la pasada administración, con lo que capitales privados adquirieron derechos que el gobierno mexicano no pretendo violentar, sino acotar a un marco constitucional equitativo y que regrese la rectoría al Estado.

La visita de la secretaria Jennifer Granholm debe servir para enviar un mensaje de certidumbre hacia los Estados Unidos. La transformación de México, que recobra lo mejor del pasado sin dejar de ver al futuro, no es una riesgo para las buenas relaciones internacionales. No se trata de cerrar el mercado ni de alejar la inversión, sino de defender nuestra soberanía energética. No otorgar concesiones sobre el litio, por ejemplo, evitará que la historia de despojo y malos negocios para México se siga reproduciendo.

El día de hoy, Jennifer Granholm, secretaria de energía de los Estados Unidos de América, visitó el Senado de la República. Se trata de un encuentro que tiene como contexto la iniciativa de reforma constitucional en materia eléctrica que el presidente Andrés Manuel López Obrador presentó ante el Congreso mexicano para su discusión y votación.

En consecuencia, hace unos días, la secretaria estadounidense recibió una carta signada por un grupo de senadoras y senadores de su país, pidiéndole a ella y al presidente Biden que intervinieran para frenar la iniciativa de reforma en México.

¿Por qué? Porque existen interpretaciones que aseguran que la iniciativa contiene al menos tres factores de riesgo: la destrucción de las inversiones privadas existentes en el sector, la transgresión del T-MEC y la supuesta puesta en marcha de acciones que van en contra de la transición energética. En los hechos, ninguna de estas preocupaciones está justificada; sin embargo, las dudas deben ser despejadas por el bien de nuestras relaciones comerciales y diplomáticas.

La funcionaria también visitó la cancillería mexicana y al mismo presidente AMLO, quien ha defendido esta iniciativa fundamentado en una tradición de defensa del sector energético por su importancia para la seguridad nacional y para el desarrollo económico de México, tal como lo hiciera el presidente Adolfo López Mateos en 1960.

Si bien es cierto que la industria eléctrica es un sector que de facto es estratégico, también lo es que es un negocio muy atractivo para el capital extranjero, especialmente en condiciones de ventaja ante la Comisión Federal de Electricidad, cuya participación en el mercado fue acotada por las reformas estructurales del viejo régimen con el objetivo de llevarla a la ruina, ya que ese ha sido el modus operandi de la derecha para poner en manos privadas las empresas del Estado.

Adolfo López Mateos, presidente que nacionalizó la industria eléctrica, dijo: “Pueblo de México, los dispenso de toda obediencia a sus futuros gobernantes que pretendan entregar nuestros recursos energéticos a intereses ajenos a la Nación que conformamos”. Lamentablemente eso ocurrió con la reforma energética de la pasada administración, con lo que capitales privados adquirieron derechos que el gobierno mexicano no pretendo violentar, sino acotar a un marco constitucional equitativo y que regrese la rectoría al Estado.

La visita de la secretaria Jennifer Granholm debe servir para enviar un mensaje de certidumbre hacia los Estados Unidos. La transformación de México, que recobra lo mejor del pasado sin dejar de ver al futuro, no es una riesgo para las buenas relaciones internacionales. No se trata de cerrar el mercado ni de alejar la inversión, sino de defender nuestra soberanía energética. No otorgar concesiones sobre el litio, por ejemplo, evitará que la historia de despojo y malos negocios para México se siga reproduciendo.