/ viernes 18 de marzo de 2022

Los dos éxodos

Uno de los viajes más antiguos que han sido documentados es el realizado por el pueblo de Israel para dejar Egipto y escapar del yugo de la esclavitud. Moisés, el líder de los esclavos, contó con un poderoso aliado que forzó al faraón en turno a dejar ir a los israelitas. El envío de las 10 plagas fue el acicate que torció el brazo del dirigente egipcio, quien permitió la liberación del pueblo subyugado, resignado ante la voluntad de alguien más poderoso que él.

Ese éxodo, el del pueblo de Israel, es uno de los capítulos fundacionales de al menos dos religiones: la católica y la judía. No obstante, este texto bíblico, al igual que el resto de esta obra, ha marcado el desarrollo de la humanidad. En cada ocasión que una población o un grupo social se ve forzado a desplazarse de sus hogares rumbo a otras latitudes, independientemente de las razones, inmediatamente se habla de un nuevo éxodo.

En 2021, quince años después de que el gobierno panista inició la guerra contra el narco, 350 mil personas han tenido que dejar sus hogares a causa de la mayor plaga que hasta el día de hoy azota a México: la violencia. Y aunque los desplazamientos se concentran mayoritariamente en los estados de Jalisco, Michoacan y Guerrero, lo cierto es que los enfrentamientos y las disputas entre cárteles han provocado que esta sea una situación recurrente en la mayoría de los estados.

Se trata de dos éxodos muy distintos. El bíblico es un viaje deseado sustentado en la esperanza de dejar atrás los agravios y llegar a la tierra prometida. Podríamos decir que guarda una similitud con los movimientos migratorios mayoritariamente provenientes de Centro América hacia Estados Unidos; la nueva tierra de oportunidades.

Mientras tanto, el éxodo provocado por la violencia es ideado por personas que explícitamente buscan expulsar a las y los habitantes de comunidades para tomar el control del territorio. Ellas y ellos no se querían ir, al contrario, lo único que quieren es volver, pero este deseo no era, hasta hace muy poco, acompañado por esfuerzos gubernamentales para poder hacerlo realidad.

Podrá gustarnos o no, pero se debe aceptar que el gobierno actual en Zacatecas es uno de los primeros en el país en intentar regresar la tranquilidad y la paz a las familias desplazadas por la violencia. Sin reparar en que se trata de un problema heredado, el gobierno está atendiendo las demandas de las familias jerezanas que quieren recuperar sus hogares, con una estrategia integral en al menos 18 comunidades de ese municipio. Será un proceso largo, pero todo parece indicar que finalmente el éxodo forzado por la violencia en Zacatecas está llegando a su fin.

Uno de los viajes más antiguos que han sido documentados es el realizado por el pueblo de Israel para dejar Egipto y escapar del yugo de la esclavitud. Moisés, el líder de los esclavos, contó con un poderoso aliado que forzó al faraón en turno a dejar ir a los israelitas. El envío de las 10 plagas fue el acicate que torció el brazo del dirigente egipcio, quien permitió la liberación del pueblo subyugado, resignado ante la voluntad de alguien más poderoso que él.

Ese éxodo, el del pueblo de Israel, es uno de los capítulos fundacionales de al menos dos religiones: la católica y la judía. No obstante, este texto bíblico, al igual que el resto de esta obra, ha marcado el desarrollo de la humanidad. En cada ocasión que una población o un grupo social se ve forzado a desplazarse de sus hogares rumbo a otras latitudes, independientemente de las razones, inmediatamente se habla de un nuevo éxodo.

En 2021, quince años después de que el gobierno panista inició la guerra contra el narco, 350 mil personas han tenido que dejar sus hogares a causa de la mayor plaga que hasta el día de hoy azota a México: la violencia. Y aunque los desplazamientos se concentran mayoritariamente en los estados de Jalisco, Michoacan y Guerrero, lo cierto es que los enfrentamientos y las disputas entre cárteles han provocado que esta sea una situación recurrente en la mayoría de los estados.

Se trata de dos éxodos muy distintos. El bíblico es un viaje deseado sustentado en la esperanza de dejar atrás los agravios y llegar a la tierra prometida. Podríamos decir que guarda una similitud con los movimientos migratorios mayoritariamente provenientes de Centro América hacia Estados Unidos; la nueva tierra de oportunidades.

Mientras tanto, el éxodo provocado por la violencia es ideado por personas que explícitamente buscan expulsar a las y los habitantes de comunidades para tomar el control del territorio. Ellas y ellos no se querían ir, al contrario, lo único que quieren es volver, pero este deseo no era, hasta hace muy poco, acompañado por esfuerzos gubernamentales para poder hacerlo realidad.

Podrá gustarnos o no, pero se debe aceptar que el gobierno actual en Zacatecas es uno de los primeros en el país en intentar regresar la tranquilidad y la paz a las familias desplazadas por la violencia. Sin reparar en que se trata de un problema heredado, el gobierno está atendiendo las demandas de las familias jerezanas que quieren recuperar sus hogares, con una estrategia integral en al menos 18 comunidades de ese municipio. Será un proceso largo, pero todo parece indicar que finalmente el éxodo forzado por la violencia en Zacatecas está llegando a su fin.