/ viernes 17 de septiembre de 2021

México vive

A la llegada de los españoles, según narra Enrique Semo, lo que hoy es México era un mosaico étnico de más de 600 grupos indígenas y se hablaban unas 80 lenguas pertenecientes a 15 familias. En la actualidad, de acuerdo con datos del INEGI, el INE y del Grupo de Trabajo Internacional para Asuntos Indígenas, persisten 68 lenguas y 11 familias lingüísticas indígenas, y la población perteneciente a los pueblos originarios representa al 10.45 por ciento de la población total.

En este sentido, resulta evidente que lo que se conoce como un choque de culturas dio como resultado un nuevo estado de cosas en el que los pueblos originaros quedaron sometidos a la dominación española, siendo víctimas de genocidio, esclavitud y otras figuras similares como la llamada encomienda. Además, como una forma de mantener el sistema esclavista que había sido prohibido por la Iglesia católica para las personas indígenas americanas, fueron traídas del continente africano una gran cantidad de personas que terminaron formando parte de la multiculturalidad del México independiente.

Del mestizaje surgió un nuevo grupo sociocultural conocido como los mestizos, quienes impulsaron en gran medida el movimiento independentista, como es el caso de los grandes caudillos como Hidalgo, Morelos, María Josefa Crescencia Ortiz y Vicente Guerrero, pero la población indígena usualmente no se menciona sino como parte del grueso de las filas independentistas, con poco protagonismo y, consecuentemente, con poca presencia en las instituciones del naciente México.

Hoy en día los pueblos originarios siguen siendo marginados del desarrollo nacional, al carecer de servicios básicos, viviendas dignas y oportunidades de estudio y empleos bien remunerados. Curiosamente, 42.8 por ciento de las mujeres y 79.2 por ciento de los hombres indígenas son económicamente activos, lo que representa un porcentaje mayor a las cifras del nivel nacional, que son 42.4 por ciento y 71.6 por ciento, respectivamente. No obstante, las mediciones de pobreza apuntan a que desempeñan labores precarizadas y con baja retribución económica.

Pero la discriminación va más allá de la pertenencia a los pueblos originarios. A pesar de que 7 de cada 10 personas en el país declara tener un tono de piel oscuro, sólo 3 por ciento de ellas reporta ejercer puestos directivos, en comparación con el 6 por ciento de personas con color de piel más clara que ocupan estos puestos, lo que refleja cómo los trabajos se encuentran claramente racializados, y para muestra, vale la pena señalar que 44 por ciento de las personas con un tono de piel más oscuro se desempeñan en la agricultura, la ganadería, la pesca y la caza (el sector de menos aporte al PIB nacional), en contraste con el 21 por ciento de quienes tienen un tono de piel más claro.

A pesar de los esfuerzos que se han hecho en la 4T por reconocer la pertenencia de los grupos afrodescendientes y dignificar la imagen del mundo indígena, hace falta mucho para dejar de imaginarlos como parte de nuestro pasado, e interiorizar como sociedad que son parte de nuestra vida cotidiana.

A la llegada de los españoles, según narra Enrique Semo, lo que hoy es México era un mosaico étnico de más de 600 grupos indígenas y se hablaban unas 80 lenguas pertenecientes a 15 familias. En la actualidad, de acuerdo con datos del INEGI, el INE y del Grupo de Trabajo Internacional para Asuntos Indígenas, persisten 68 lenguas y 11 familias lingüísticas indígenas, y la población perteneciente a los pueblos originarios representa al 10.45 por ciento de la población total.

En este sentido, resulta evidente que lo que se conoce como un choque de culturas dio como resultado un nuevo estado de cosas en el que los pueblos originaros quedaron sometidos a la dominación española, siendo víctimas de genocidio, esclavitud y otras figuras similares como la llamada encomienda. Además, como una forma de mantener el sistema esclavista que había sido prohibido por la Iglesia católica para las personas indígenas americanas, fueron traídas del continente africano una gran cantidad de personas que terminaron formando parte de la multiculturalidad del México independiente.

Del mestizaje surgió un nuevo grupo sociocultural conocido como los mestizos, quienes impulsaron en gran medida el movimiento independentista, como es el caso de los grandes caudillos como Hidalgo, Morelos, María Josefa Crescencia Ortiz y Vicente Guerrero, pero la población indígena usualmente no se menciona sino como parte del grueso de las filas independentistas, con poco protagonismo y, consecuentemente, con poca presencia en las instituciones del naciente México.

Hoy en día los pueblos originarios siguen siendo marginados del desarrollo nacional, al carecer de servicios básicos, viviendas dignas y oportunidades de estudio y empleos bien remunerados. Curiosamente, 42.8 por ciento de las mujeres y 79.2 por ciento de los hombres indígenas son económicamente activos, lo que representa un porcentaje mayor a las cifras del nivel nacional, que son 42.4 por ciento y 71.6 por ciento, respectivamente. No obstante, las mediciones de pobreza apuntan a que desempeñan labores precarizadas y con baja retribución económica.

Pero la discriminación va más allá de la pertenencia a los pueblos originarios. A pesar de que 7 de cada 10 personas en el país declara tener un tono de piel oscuro, sólo 3 por ciento de ellas reporta ejercer puestos directivos, en comparación con el 6 por ciento de personas con color de piel más clara que ocupan estos puestos, lo que refleja cómo los trabajos se encuentran claramente racializados, y para muestra, vale la pena señalar que 44 por ciento de las personas con un tono de piel más oscuro se desempeñan en la agricultura, la ganadería, la pesca y la caza (el sector de menos aporte al PIB nacional), en contraste con el 21 por ciento de quienes tienen un tono de piel más claro.

A pesar de los esfuerzos que se han hecho en la 4T por reconocer la pertenencia de los grupos afrodescendientes y dignificar la imagen del mundo indígena, hace falta mucho para dejar de imaginarlos como parte de nuestro pasado, e interiorizar como sociedad que son parte de nuestra vida cotidiana.

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