/ miércoles 14 de agosto de 2019

Migrantes

Ante tantas noticias sobre migración, como suele sucedernos, vamos perdiendo la capacidad de asombro y de preocupación frente a un grave fenómeno. Detrás de las estadísticas hay personas reales que, por distintos motivos, dejan su tierra de origen para buscar mejores oportunidades. Algunos especulan que incluso son alentados con fines políticos, la verdad no lo sé, pero eso no disminuye el drama que muchos de ellos viven.

Siempre ha habido migración en la historia de la humanidad, pero hoy día se agudizan los problemas en muchas partes del mundo, y eso hace que el discurso xenófobo vaya en aumento, siendo muy redituable para algunos políticos. Trágicas consecuencias puede traer esto. Recientemente hemos visto en los Estados Unidos asesinatos racistas contra paisanos, por no mencionar los insultos que a diario muchos de ellos sufren. El discurso antimigratorio sin duda alienta la violencia.

El Papa Francisco siempre habla sobre los migrantes animando a tratarlos como personas que son y a tener en cuenta su situación. La fraternidad humana no puede ser discriminatoria. El Papa también comprende que los países tienen un límite para recibir migrantes, pero invita a ser generosos y a respetar la dignidad humana, teniendo en cuenta a los más vulnerables, como las mujeres y los niños.

En México nos escandalizamos del trato que reciben algunos paisanos en el país vecino, y no es para menos. Pero no nos escandalizamos de que no podamos generar aquí las oportunidades necesarias para todos. Nuestro problema no es la falta de recursos; nos falta organizarnos mejor y evitar tanta corrupción. Esto hace que no todos tengan esperanza en un futuro mejor y por eso tienen que dejar México. Lo más fácil es echarle la culpa de todo a los gringos, y así encontramos pretexto para deslindarnos de nuestras responsabilidades. Si alguien tiene que dejar nuestro país forzado por la situación precaria, es ya un fracaso para todos. La movilidad humana enriquece, pero no siempre cuando muchos lo tienen que hacer por necesidad, y no son bien recibidos.

Es paradójico también que nos escandalicemos ante la forma en que tratan a nuestros paisanos en el norte, y terminemos haciendo lo mismo en nuestro país con algunos migrantes extranjeros. No se trata de abrir sin más nuestras fronteras, y tampoco estoy a favor de que se incumplan las leyes, pero la dignidad debe estar por encima de todo. La verdad es un asunto complicado, que ha suscitado muchos desajustes, pero no podemos volvernos insensibles ante el necesitado. La migración nos pone muchos retos, y sobre todo cuestiona nuestra capacidad de solidaridad en un mundo, dice el Papa Francisco, en el que esta palabra muchas veces es incómoda. ¡Gracias!

Ante tantas noticias sobre migración, como suele sucedernos, vamos perdiendo la capacidad de asombro y de preocupación frente a un grave fenómeno. Detrás de las estadísticas hay personas reales que, por distintos motivos, dejan su tierra de origen para buscar mejores oportunidades. Algunos especulan que incluso son alentados con fines políticos, la verdad no lo sé, pero eso no disminuye el drama que muchos de ellos viven.

Siempre ha habido migración en la historia de la humanidad, pero hoy día se agudizan los problemas en muchas partes del mundo, y eso hace que el discurso xenófobo vaya en aumento, siendo muy redituable para algunos políticos. Trágicas consecuencias puede traer esto. Recientemente hemos visto en los Estados Unidos asesinatos racistas contra paisanos, por no mencionar los insultos que a diario muchos de ellos sufren. El discurso antimigratorio sin duda alienta la violencia.

El Papa Francisco siempre habla sobre los migrantes animando a tratarlos como personas que son y a tener en cuenta su situación. La fraternidad humana no puede ser discriminatoria. El Papa también comprende que los países tienen un límite para recibir migrantes, pero invita a ser generosos y a respetar la dignidad humana, teniendo en cuenta a los más vulnerables, como las mujeres y los niños.

En México nos escandalizamos del trato que reciben algunos paisanos en el país vecino, y no es para menos. Pero no nos escandalizamos de que no podamos generar aquí las oportunidades necesarias para todos. Nuestro problema no es la falta de recursos; nos falta organizarnos mejor y evitar tanta corrupción. Esto hace que no todos tengan esperanza en un futuro mejor y por eso tienen que dejar México. Lo más fácil es echarle la culpa de todo a los gringos, y así encontramos pretexto para deslindarnos de nuestras responsabilidades. Si alguien tiene que dejar nuestro país forzado por la situación precaria, es ya un fracaso para todos. La movilidad humana enriquece, pero no siempre cuando muchos lo tienen que hacer por necesidad, y no son bien recibidos.

Es paradójico también que nos escandalicemos ante la forma en que tratan a nuestros paisanos en el norte, y terminemos haciendo lo mismo en nuestro país con algunos migrantes extranjeros. No se trata de abrir sin más nuestras fronteras, y tampoco estoy a favor de que se incumplan las leyes, pero la dignidad debe estar por encima de todo. La verdad es un asunto complicado, que ha suscitado muchos desajustes, pero no podemos volvernos insensibles ante el necesitado. La migración nos pone muchos retos, y sobre todo cuestiona nuestra capacidad de solidaridad en un mundo, dice el Papa Francisco, en el que esta palabra muchas veces es incómoda. ¡Gracias!

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