/ lunes 29 de abril de 2019

¿Podemos ser amigas?

Cuando era niña mi mamá me decía, no confíes en nadie, mucho menos en “las amigas” no hay amigas en este mundo.

No la voy a juzgar a estas alturas del partido, ella vivió otro contexto, otra etapa, pero al paso del tiempo me fui dando cuenta de que eso no era verdad, empezando por ella, que cuando se enteró que mi padre tenía cáncer y yo por andar de curiosa escuché a los 7 años esa conversación, en donde ella les contaba a mis hermanos lo que ocurría con mi papá, me quedé helada y sin querer tumbé un florero, mi mamá se levantó recorrió el pasillo y al encontrarme llorando en un rincón, me dijo: “hija si un día falta tu padre tu vas a tener mucha madre siempre”, y hasta la fecha.

Recordé cuando a los 9 años te comienzan a hablar del sexo en la primaria, las diferencias que había entre el cuerpo de una mujer y un hombre, y era algo desagradable para mí, para empezar pensaba que si un niño te gustaba, inmediatamente quedabas embarazada, se lo conté a mi hermana y me acostó al lado de ella con el libro en la mano y con una gran dulzura me explicó lo normal que era la sexualidad, que era de lo más hermoso que teníamos, de cómo pasamos las diferentes etapas y qué nos sucede, ella tranquilizó mi miedo por el gusto a los niños.

También recordé cuando mi otra hermana me peinó con una linda trenza y me escogió mi atuendo coquetón para salir a mi primera cita a los 15 años, diciéndome siempre: “disfruta mucho la película y llega temprano”.

O cuando mis amigas en la adolescencia -nos apodamos “La Sociedad”, hasta la fecha- corretearon a un chiquillo baboso que me dio una nalgada en plena calle, y qué bueno que no lo alcanzaron lo hubieran mandado al hospital, estoy segura. O los días que lloramos juntas porque se nos había ido otra gran amiga (Doña Julieta), o las veces que me consolaron, me apoyaron, o me levantaron el ánimo, las fuerzas, porque... el amor... jajajaja... y por supuesto todo lo que vivimos en esa época que finalmente te marca.

Después pienso en las grandes amigas que encontré en la universidad donde estudié, cuando me invitaron a sus casas a compartir con su familia, los viajes que hicimos, las veces que nos desvelamos por hacer trabajos súper profesionales aún siendo estudiantes, los jueves de antro, los secretos que nos contamos, las veces que reímos, padecimos y sobrevivimos.

Me quedo pensando en la gran amiga que encontré en el primer trabajo formal que tuve, que de no haber sido por ella no hubiera hallado ni en mil años a Don M. Por sus consejos, orientación y sacudidas de cabeza (hasta la fecha); y por ende, también pensé en las amigas que encontré en mi segundo empleo, la bonita amistad que hicimos como compañeras de trabajo, las veces que tuvimos que sacrificarnos para ir a los viajes con estudiantes, todas las veces que hemos compartido angustias, decisiones, en los enojos por el trabajo y por el abrazo eterno, porque nos ganó siempre la gran amistad que se formó por años, el compartir los momentos más felices de nuestras vidas y también las más duras.

Cómo olvidar también a todas esas jovencitas que fueron mis estudiantes y depositaron sus sueños profesionales en mí, para que las orientara y que al paso de los años se convirtieron en grandes amigas, que digo grandes, ¡enormes!.

Mi mamá también me decía que en los trabajos no hay amistades, y ahí si le doy la razón, sin embargo, puede no existir amistades al inicio de un trabajo, pero sí se pueden crear lazos de amistad fuertes y duraderos en los lugares en donde estés, estoy a punto de cumplir un año en mi nuevo trabajo, y segura estoy que esos lazos existen y serán muy fuertes entre nosotras.

Hoy quise hablar de las mujeres que he conocido a través de toda mi vida y les quiero dar las gracias, porque de no haber sido por ustedes no sería la mujer que soy... digo... tantito ustedes, tantito la genética, tantito yo misma... las admiro, aprecio y quiero.

Y a ti que me lees, no te creas nunca de lo que se dice de las mujeres, que no hay verdadera amistad, o lealtad entre nosotras, te darás cuenta que a veces ocurrirán sucesos en tu vida que solo ellas entenderán, vas a requerir de tus amigas, ahí si mi mamá no tenía razón, porque hasta ella es buena amiga, y para las amigas no habrá nunca tiempo ni distancia, ahí estaremos ¡SIEMPRE!

Nos leemos el próximo lunes para Olvidar lo que Sabes de...

Cuando era niña mi mamá me decía, no confíes en nadie, mucho menos en “las amigas” no hay amigas en este mundo.

No la voy a juzgar a estas alturas del partido, ella vivió otro contexto, otra etapa, pero al paso del tiempo me fui dando cuenta de que eso no era verdad, empezando por ella, que cuando se enteró que mi padre tenía cáncer y yo por andar de curiosa escuché a los 7 años esa conversación, en donde ella les contaba a mis hermanos lo que ocurría con mi papá, me quedé helada y sin querer tumbé un florero, mi mamá se levantó recorrió el pasillo y al encontrarme llorando en un rincón, me dijo: “hija si un día falta tu padre tu vas a tener mucha madre siempre”, y hasta la fecha.

Recordé cuando a los 9 años te comienzan a hablar del sexo en la primaria, las diferencias que había entre el cuerpo de una mujer y un hombre, y era algo desagradable para mí, para empezar pensaba que si un niño te gustaba, inmediatamente quedabas embarazada, se lo conté a mi hermana y me acostó al lado de ella con el libro en la mano y con una gran dulzura me explicó lo normal que era la sexualidad, que era de lo más hermoso que teníamos, de cómo pasamos las diferentes etapas y qué nos sucede, ella tranquilizó mi miedo por el gusto a los niños.

También recordé cuando mi otra hermana me peinó con una linda trenza y me escogió mi atuendo coquetón para salir a mi primera cita a los 15 años, diciéndome siempre: “disfruta mucho la película y llega temprano”.

O cuando mis amigas en la adolescencia -nos apodamos “La Sociedad”, hasta la fecha- corretearon a un chiquillo baboso que me dio una nalgada en plena calle, y qué bueno que no lo alcanzaron lo hubieran mandado al hospital, estoy segura. O los días que lloramos juntas porque se nos había ido otra gran amiga (Doña Julieta), o las veces que me consolaron, me apoyaron, o me levantaron el ánimo, las fuerzas, porque... el amor... jajajaja... y por supuesto todo lo que vivimos en esa época que finalmente te marca.

Después pienso en las grandes amigas que encontré en la universidad donde estudié, cuando me invitaron a sus casas a compartir con su familia, los viajes que hicimos, las veces que nos desvelamos por hacer trabajos súper profesionales aún siendo estudiantes, los jueves de antro, los secretos que nos contamos, las veces que reímos, padecimos y sobrevivimos.

Me quedo pensando en la gran amiga que encontré en el primer trabajo formal que tuve, que de no haber sido por ella no hubiera hallado ni en mil años a Don M. Por sus consejos, orientación y sacudidas de cabeza (hasta la fecha); y por ende, también pensé en las amigas que encontré en mi segundo empleo, la bonita amistad que hicimos como compañeras de trabajo, las veces que tuvimos que sacrificarnos para ir a los viajes con estudiantes, todas las veces que hemos compartido angustias, decisiones, en los enojos por el trabajo y por el abrazo eterno, porque nos ganó siempre la gran amistad que se formó por años, el compartir los momentos más felices de nuestras vidas y también las más duras.

Cómo olvidar también a todas esas jovencitas que fueron mis estudiantes y depositaron sus sueños profesionales en mí, para que las orientara y que al paso de los años se convirtieron en grandes amigas, que digo grandes, ¡enormes!.

Mi mamá también me decía que en los trabajos no hay amistades, y ahí si le doy la razón, sin embargo, puede no existir amistades al inicio de un trabajo, pero sí se pueden crear lazos de amistad fuertes y duraderos en los lugares en donde estés, estoy a punto de cumplir un año en mi nuevo trabajo, y segura estoy que esos lazos existen y serán muy fuertes entre nosotras.

Hoy quise hablar de las mujeres que he conocido a través de toda mi vida y les quiero dar las gracias, porque de no haber sido por ustedes no sería la mujer que soy... digo... tantito ustedes, tantito la genética, tantito yo misma... las admiro, aprecio y quiero.

Y a ti que me lees, no te creas nunca de lo que se dice de las mujeres, que no hay verdadera amistad, o lealtad entre nosotras, te darás cuenta que a veces ocurrirán sucesos en tu vida que solo ellas entenderán, vas a requerir de tus amigas, ahí si mi mamá no tenía razón, porque hasta ella es buena amiga, y para las amigas no habrá nunca tiempo ni distancia, ahí estaremos ¡SIEMPRE!

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