/ lunes 18 de febrero de 2019

¿Quién me ha robado la bonita costumbre?

Cuando era estudiante universitaria y llevaba la materia de fotografía, me enamoré de ella, podía estar horas enteras revelando mis rollos e imprimiendo mis fotografías, esa parte romántica que la foto digital nos quitó...

Pero ¿qué más nos ha quitado lo digital? Mandas flores, besos, abrazos, y hasta ocultas tus sentimientos (si es que quieres dar otra impresión) con emoticones a través de un mensaje, nos ha llevado a la inmediatez de la información, pero nos ha vuelto fríos y aún más pragmáticos.

Y por supuesto nos ha quitado la bonita costumbre de tener una conversación cara a cara, o por lo menos la conversación telefónica en donde la voz te lo dice todo.

Esa “practicidad”... nos quitó la parte romántica. Y no me refiero al romance utópico de los cuentos de princesas y príncipes azules, me refiero a las cartas hechas a mano, el roce de las manos cuando platicas y miras a los ojos, tener intimidad, ¡demonios! ahora es sexting y más peligroso aún, ¡no porfavor!.

No se ustedes, pero me niego ya a esa parte de la tecnología, ¿es por trabajo? ¿Es tu oficina ambulante? Tenla, ¿requieres una emergencia? Tenla, ¿quieres ser banal en algunos aspectos de tu vida? Tenla...

Pero no te olvides, porfavor no te olvides que en la naturaleza de los seres humanos requerimos del contacto físico y de los sonidos maravillosos de la palabra divina.

Es verdad que también nos ha otorgado miles de beneficios, tampoco es cuestión de irse a vivir al medio de la montaña o a un templo budista. Pero todo tiene un límite y hay una línea muy delgada entre usar los dispositivos para lo necesario y ser dependientes de ellos.

La tecnología nos ha robado partes importantes de nuestra vida, algunas de ellas son:

1-Los propios pensamientos. No pasamos tiempo a solas con nosotros mismos. No meditamos con la almohada.

2-La experiencia de perderse. ¿Cómo hacía la gente antes cuando no había GPS? preguntaba a un transeúnte, trataba de descifrar un plano en un papel y muchas veces, es preciso perderse para encontrarse con lo esencial.

3-La oportunidad de relacionarte con desconocidos, y con los conocidos.

4-El sonido del silencio. La tranquilidad y el equilibrio se encuentran en el silencio.

5-La energía del ambiente. Está comprobado científicamente que los aparatos como el televisor o el ordenador llenan de malas energías una habitación. 6-La relajación. La ansiedad que produce hoy en día enviar un mensaje y que no sea respondido al instante nos genera una gran cantidad de estrés. ¡Y ni que hablar de ver las dos tildes en azul en el WhatsApp o la hora de visto de Facebook! Podemos llegar a enloquecer.

Llevamos el teléfono hasta al baño, dormimos con el aparato pegado a la almohada, lo dejamos encima del escritorio en la oficina o en el banco de la escuela. No podemos esperar un segundo a que termine de sonar para contestar. Reduciendo el uso de la tecnología estarás más tranquilo y relajado.

Y por último, al usar tanto el móvil te estás perdiendo los detalles y la alegría de vivir con intensidad.

¿Cuándo ha sido la última vez que viste el atardecer, la lluvia caer o los pájaros volar?

Nos leemos el Próximo Lunes para Olvidar lo que Sabes de...

Cuando era estudiante universitaria y llevaba la materia de fotografía, me enamoré de ella, podía estar horas enteras revelando mis rollos e imprimiendo mis fotografías, esa parte romántica que la foto digital nos quitó...

Pero ¿qué más nos ha quitado lo digital? Mandas flores, besos, abrazos, y hasta ocultas tus sentimientos (si es que quieres dar otra impresión) con emoticones a través de un mensaje, nos ha llevado a la inmediatez de la información, pero nos ha vuelto fríos y aún más pragmáticos.

Y por supuesto nos ha quitado la bonita costumbre de tener una conversación cara a cara, o por lo menos la conversación telefónica en donde la voz te lo dice todo.

Esa “practicidad”... nos quitó la parte romántica. Y no me refiero al romance utópico de los cuentos de princesas y príncipes azules, me refiero a las cartas hechas a mano, el roce de las manos cuando platicas y miras a los ojos, tener intimidad, ¡demonios! ahora es sexting y más peligroso aún, ¡no porfavor!.

No se ustedes, pero me niego ya a esa parte de la tecnología, ¿es por trabajo? ¿Es tu oficina ambulante? Tenla, ¿requieres una emergencia? Tenla, ¿quieres ser banal en algunos aspectos de tu vida? Tenla...

Pero no te olvides, porfavor no te olvides que en la naturaleza de los seres humanos requerimos del contacto físico y de los sonidos maravillosos de la palabra divina.

Es verdad que también nos ha otorgado miles de beneficios, tampoco es cuestión de irse a vivir al medio de la montaña o a un templo budista. Pero todo tiene un límite y hay una línea muy delgada entre usar los dispositivos para lo necesario y ser dependientes de ellos.

La tecnología nos ha robado partes importantes de nuestra vida, algunas de ellas son:

1-Los propios pensamientos. No pasamos tiempo a solas con nosotros mismos. No meditamos con la almohada.

2-La experiencia de perderse. ¿Cómo hacía la gente antes cuando no había GPS? preguntaba a un transeúnte, trataba de descifrar un plano en un papel y muchas veces, es preciso perderse para encontrarse con lo esencial.

3-La oportunidad de relacionarte con desconocidos, y con los conocidos.

4-El sonido del silencio. La tranquilidad y el equilibrio se encuentran en el silencio.

5-La energía del ambiente. Está comprobado científicamente que los aparatos como el televisor o el ordenador llenan de malas energías una habitación. 6-La relajación. La ansiedad que produce hoy en día enviar un mensaje y que no sea respondido al instante nos genera una gran cantidad de estrés. ¡Y ni que hablar de ver las dos tildes en azul en el WhatsApp o la hora de visto de Facebook! Podemos llegar a enloquecer.

Llevamos el teléfono hasta al baño, dormimos con el aparato pegado a la almohada, lo dejamos encima del escritorio en la oficina o en el banco de la escuela. No podemos esperar un segundo a que termine de sonar para contestar. Reduciendo el uso de la tecnología estarás más tranquilo y relajado.

Y por último, al usar tanto el móvil te estás perdiendo los detalles y la alegría de vivir con intensidad.

¿Cuándo ha sido la última vez que viste el atardecer, la lluvia caer o los pájaros volar?

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