/ lunes 18 de mayo de 2020

Reflexiones amistosas

La presente entrega contiene comentarios a una columna de varios puntos, publicada en un medio impreso de un estudioso e inquieto amigo y los considero de interés público. Ante el descredito de los partidos políticos la principal oposición es un sindicato patronal, cuya dirección es muy activa y aprovecha cualquier coyuntura para hacer denuncias, a su manera, y son difundidas por muchos medios. La oposición natural a los patrones son los sindicatos y estos apenas vuelven al escenario nacional con un reordenamiento interno según la nueva Ley Federal del Trabajo. Son estos los que pueden contener, para equilibrar, a la patronal y permitan a AMLO hacer un mejor gobierno.

Fueron los mismos lopezobradoristas quienes difundieron ampliamente la idea de que ese movimiento era de izquierda y la dirigente de ese partido declaró que era “La única izquierda”; algunos siempre dijimos, más aún cuando ganó, que era un gobierno liberal en donde estaban ex militantes del partido comunista, pero ahora eran los principales promotores del lopezobradorismo; por eso la idea de que “la izquierda no sabe gobernar”, ya se está difundiendo en este momento y las condiciones empeoran con la pandemia como para que alguien pueda sacar una conclusión diferente; no obstante, necesitamos observar el desenvolvimiento de la realidad política y ésta nos pueda proveer de mayor información.

Actualmente hay economistas que se asumen como marxistas, pero uno ve sus columnas pensadas con el hábito mental de 34 años de neoliberalismo porque prescinden, entre otras cosas, de toda consideración política; esa debilidad nos lleva a hacerles caso sólo parcialmente, por eso surge la duda casi de manera natural cuando afirman que sigue vivo el neoliberalismo; además, los neoliberales por convicción señalan a sus anteriores colegas como keynesianos. En la crisis económica internacional que empieza y en México se profundiza aún más, se crea una situación que admite la interpretación que el neoliberalismo está agonizando y puede repercutir hasta en organismos internacionales y, tal vez, algunos sean reemplazados porque la destrucción de la pandemia es parecida a la de una guerra mundial que finaliza creando nuevas instituciones nacionales e internacionales para conducir una nueva realidad económica y política.

No pienso que las organizaciones sociales en declive, desde antes del triunfo de AMLO, con sus relaciones internas destruidas por el individualismo exacerbado propio del proyecto neoliberal, puedan ser concebidas como poder popular. No lo fueron y no lo son, pero eso no elimina la necesidad de que empecemos a construir una alternativa política a lo hoy existente, que tanto desagrado y rechazo nos provoca; es una tarea enorme de intercambio y debate constante y de ampliar, cada vez más, lazos organizacionales.

La presente entrega contiene comentarios a una columna de varios puntos, publicada en un medio impreso de un estudioso e inquieto amigo y los considero de interés público. Ante el descredito de los partidos políticos la principal oposición es un sindicato patronal, cuya dirección es muy activa y aprovecha cualquier coyuntura para hacer denuncias, a su manera, y son difundidas por muchos medios. La oposición natural a los patrones son los sindicatos y estos apenas vuelven al escenario nacional con un reordenamiento interno según la nueva Ley Federal del Trabajo. Son estos los que pueden contener, para equilibrar, a la patronal y permitan a AMLO hacer un mejor gobierno.

Fueron los mismos lopezobradoristas quienes difundieron ampliamente la idea de que ese movimiento era de izquierda y la dirigente de ese partido declaró que era “La única izquierda”; algunos siempre dijimos, más aún cuando ganó, que era un gobierno liberal en donde estaban ex militantes del partido comunista, pero ahora eran los principales promotores del lopezobradorismo; por eso la idea de que “la izquierda no sabe gobernar”, ya se está difundiendo en este momento y las condiciones empeoran con la pandemia como para que alguien pueda sacar una conclusión diferente; no obstante, necesitamos observar el desenvolvimiento de la realidad política y ésta nos pueda proveer de mayor información.

Actualmente hay economistas que se asumen como marxistas, pero uno ve sus columnas pensadas con el hábito mental de 34 años de neoliberalismo porque prescinden, entre otras cosas, de toda consideración política; esa debilidad nos lleva a hacerles caso sólo parcialmente, por eso surge la duda casi de manera natural cuando afirman que sigue vivo el neoliberalismo; además, los neoliberales por convicción señalan a sus anteriores colegas como keynesianos. En la crisis económica internacional que empieza y en México se profundiza aún más, se crea una situación que admite la interpretación que el neoliberalismo está agonizando y puede repercutir hasta en organismos internacionales y, tal vez, algunos sean reemplazados porque la destrucción de la pandemia es parecida a la de una guerra mundial que finaliza creando nuevas instituciones nacionales e internacionales para conducir una nueva realidad económica y política.

No pienso que las organizaciones sociales en declive, desde antes del triunfo de AMLO, con sus relaciones internas destruidas por el individualismo exacerbado propio del proyecto neoliberal, puedan ser concebidas como poder popular. No lo fueron y no lo son, pero eso no elimina la necesidad de que empecemos a construir una alternativa política a lo hoy existente, que tanto desagrado y rechazo nos provoca; es una tarea enorme de intercambio y debate constante y de ampliar, cada vez más, lazos organizacionales.

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