/ viernes 23 de octubre de 2020

Reflexiones sobre Marisela Escobedo

De la vista imparcial del documental “Las tres muertes de Marisela Escobedo”, estrenado en la semana pasada por una famosa aplicación de entretenimiento digital, podemos extraer varias enseñanzas trascendentes en el campo de la justicia y del Derecho, y percatarnos adicionalmente del grado de descomposición social e institucional que está tocando vivir a esta infortunada generación de mexicanos.

El documental trata sobre la desgracia sin nombre en que se ve inmiscuida una madre debido al asesinato de su hija por parte de su pareja sentimental, quien fue absuelto en primera instancia por un tribunal judicial, no obstante un cúmulo importante de evidencia, si bien circunstancial, suficiente para haberlo encontrado culpable del delito que se le imputaba. La búsqueda posterior de justicia sin resultado y la propia muerte de Marisela Escobedo frente a Palacio de Gobierno de Chihuahua, dan idea clara de la impunidad, injusticia y ausencia de un estado de Derecho en nuestro país y de un gobierno que se preocupe, en lo general y fundamental, por estas materias.

Insistiremos hasta el cansancio y la saciedad, que el estado moderno nace precisamente con la primaria y única función de proporcionar seguridad a sus súbditos. Cuando los señores feudales delegaron su poder, dinero y ejércitos privados en un monarca que los conglomeró, lo hicieron a partir de la promesa de que esos recursos serían utilizados única y exclusivamente para que un ente más fuerte les proporcionara caminos sin bandoleros y ciudades sin delincuentes. La justificación primaria y última de existencia de los estructuras nacionales modernas es proporcionar protección y auxilio frente a la delincuencia. Se incluye, por supuesto, un aparato de justicia (policía, ministerios públicos, jueces, etcétera), que concreten esta labor. Cuando el gobierno no cumple o falla en proporciones importantes con esta obligación, pues simplemente deja de tener sentido su existencia y funciones.

El aparato de justicia que acabamos de mencionar debería estar conformado con miembros sacados de lo mejor de la sociedad: profesionistas honrados, capaces, incorruptibles y con conciencia de la fundamental labor que desempeñan en favor de todo el conglomerado social. En el documental se explicita de manera muy clara como la falta de criterio de los togados que integraban el tribunal que absolvió en primera instancia al homicida de la hija de Marisela Escobedo, no se distinguían precisamente por sus competencias en el campo de la lógica judicial o legal, por su ilustración en materia de la prueba circunstancial, presuncional o indiciaria, habiendo exhibido una imbecilidad manifiesta en su criterio jurídico y provocando posteriormente y siendo causa, aunque sea indirecta, de todo este drama humano que ahora conocemos por su irracionalidad de pesadilla.

El homicidio de esta mujer, precisamente frente al palacio de gobierno de Chihuahua, oficina primaria del gobernador de aquélla entidad, nos confirma únicamente el desprecio que muchísimas autoridades y gobernantes, no todos, por supuesto, tienen respecto a la justicia, y son muestra inequívoca del abandono institucional que es causa directa e inmediata de la impunidad rampante en este país.

Morir tres veces (cuando te matan a un hijo, cuando absuelven a su asesino y cuando a ti mismo te ejecutan) debe ser un infierno materializado en la tierra.


De la vista imparcial del documental “Las tres muertes de Marisela Escobedo”, estrenado en la semana pasada por una famosa aplicación de entretenimiento digital, podemos extraer varias enseñanzas trascendentes en el campo de la justicia y del Derecho, y percatarnos adicionalmente del grado de descomposición social e institucional que está tocando vivir a esta infortunada generación de mexicanos.

El documental trata sobre la desgracia sin nombre en que se ve inmiscuida una madre debido al asesinato de su hija por parte de su pareja sentimental, quien fue absuelto en primera instancia por un tribunal judicial, no obstante un cúmulo importante de evidencia, si bien circunstancial, suficiente para haberlo encontrado culpable del delito que se le imputaba. La búsqueda posterior de justicia sin resultado y la propia muerte de Marisela Escobedo frente a Palacio de Gobierno de Chihuahua, dan idea clara de la impunidad, injusticia y ausencia de un estado de Derecho en nuestro país y de un gobierno que se preocupe, en lo general y fundamental, por estas materias.

Insistiremos hasta el cansancio y la saciedad, que el estado moderno nace precisamente con la primaria y única función de proporcionar seguridad a sus súbditos. Cuando los señores feudales delegaron su poder, dinero y ejércitos privados en un monarca que los conglomeró, lo hicieron a partir de la promesa de que esos recursos serían utilizados única y exclusivamente para que un ente más fuerte les proporcionara caminos sin bandoleros y ciudades sin delincuentes. La justificación primaria y última de existencia de los estructuras nacionales modernas es proporcionar protección y auxilio frente a la delincuencia. Se incluye, por supuesto, un aparato de justicia (policía, ministerios públicos, jueces, etcétera), que concreten esta labor. Cuando el gobierno no cumple o falla en proporciones importantes con esta obligación, pues simplemente deja de tener sentido su existencia y funciones.

El aparato de justicia que acabamos de mencionar debería estar conformado con miembros sacados de lo mejor de la sociedad: profesionistas honrados, capaces, incorruptibles y con conciencia de la fundamental labor que desempeñan en favor de todo el conglomerado social. En el documental se explicita de manera muy clara como la falta de criterio de los togados que integraban el tribunal que absolvió en primera instancia al homicida de la hija de Marisela Escobedo, no se distinguían precisamente por sus competencias en el campo de la lógica judicial o legal, por su ilustración en materia de la prueba circunstancial, presuncional o indiciaria, habiendo exhibido una imbecilidad manifiesta en su criterio jurídico y provocando posteriormente y siendo causa, aunque sea indirecta, de todo este drama humano que ahora conocemos por su irracionalidad de pesadilla.

El homicidio de esta mujer, precisamente frente al palacio de gobierno de Chihuahua, oficina primaria del gobernador de aquélla entidad, nos confirma únicamente el desprecio que muchísimas autoridades y gobernantes, no todos, por supuesto, tienen respecto a la justicia, y son muestra inequívoca del abandono institucional que es causa directa e inmediata de la impunidad rampante en este país.

Morir tres veces (cuando te matan a un hijo, cuando absuelven a su asesino y cuando a ti mismo te ejecutan) debe ser un infierno materializado en la tierra.