/ domingo 18 de agosto de 2019

Rosario Robles, de la impunidad al infortunio

La corrupción y la desventura han acompañado a la sombría figura de Rosario Robles Berlanga. Otrora poderosa e intocable exsecretaria, hoy inquilina del reclusorio de Santa Martha Acatitla.

Su vida ha transcurrido en los extremos y opuestos. Formada en la izquierda maoísta hasta llegar a ser integrante del último gobierno neoliberal. Los diversos capítulos de su trayectoria están marcados por desacuerdos, desventuras y confrontaciones políticas.

De esos años, dan cuenta los escándalos de una relación sentimental con Carlos Ahumada cuando fue jefa de Gobierno de la Ciudad de México y dirigente nacional del PRD, hasta su llegada al gabinete peñista como titular de Sedesol y Sedatu.

Los defensores de Robles Berlanga argumentarán que enfrenta el complot de la venganza del grupo político que la defenestró, sin embargo, existe un pequeño inconveniente: la investigación periodística que detalla el entramado de la red de corrupción donde es la figura principal.

En las primeras páginas del libro La Estafa Maestra de los periodistas Nayeli Roldán, Miriam Castillo y Manuel Ureste, se lee:

“Se concretó en analizar 73 convenios hechos por 11 dependencias federales –tan variadas como la Sedesol (Secretaría de Desarrollo Social), Banobras (Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos) o Pemex (Petróleos Mexicanos)- con ocho universidades públicas como la Autónoma de Morelos o la del Estado de México, todo ello sólo entre los años 2013 y 2014. Dichos convenios eran para proveer servicios como repartir despensas, supervisar pozos petroleros o instalar red de internet, que en conjunto suman 7 mil 670 millones de pesos. (…) Del dinero total de los convenios, 5 mil 208 millones terminaron en 150 empresas ilegales y, por tanto, no se cumplió con los servicios”. La punta del iceberg.

Inverosímil creer que como secretaria no existió complicidad en el millonario desfalco. El fiscal federal Manuel Granados lo sentenció de manera directa al referirse a la hoy imputada. “Qué bueno que dijo que vino a dar la cara, sin embargo, lo hizo mucho tiempo después de que nos vieron la cara a todos los mexicanos”.

En otro capítulo. Hace siete meses tomó protesta Alejandro Gertz Manero como el primer fiscal General de la República. Prometió autonomía. En este breve lapso comenzó sendas investigaciones contra el ex director de Pemex, Emilio Lozoya. Ahora llegó el turno para Rosario Robles.

¿Va en serio Gertz Manero o hay consigna política? ¿Habrá imparcialidad en la impartición de justicia? ¿Es una realidad el combate a la corrupción e impunidad?

Por lo pronto, Carlos Ahumada es detenido en Argentina y Robles Berlanga pasará a la historia como la primera exsecretaria en ser investigada por corrupción.

La trama va para largo.

La corrupción y la desventura han acompañado a la sombría figura de Rosario Robles Berlanga. Otrora poderosa e intocable exsecretaria, hoy inquilina del reclusorio de Santa Martha Acatitla.

Su vida ha transcurrido en los extremos y opuestos. Formada en la izquierda maoísta hasta llegar a ser integrante del último gobierno neoliberal. Los diversos capítulos de su trayectoria están marcados por desacuerdos, desventuras y confrontaciones políticas.

De esos años, dan cuenta los escándalos de una relación sentimental con Carlos Ahumada cuando fue jefa de Gobierno de la Ciudad de México y dirigente nacional del PRD, hasta su llegada al gabinete peñista como titular de Sedesol y Sedatu.

Los defensores de Robles Berlanga argumentarán que enfrenta el complot de la venganza del grupo político que la defenestró, sin embargo, existe un pequeño inconveniente: la investigación periodística que detalla el entramado de la red de corrupción donde es la figura principal.

En las primeras páginas del libro La Estafa Maestra de los periodistas Nayeli Roldán, Miriam Castillo y Manuel Ureste, se lee:

“Se concretó en analizar 73 convenios hechos por 11 dependencias federales –tan variadas como la Sedesol (Secretaría de Desarrollo Social), Banobras (Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos) o Pemex (Petróleos Mexicanos)- con ocho universidades públicas como la Autónoma de Morelos o la del Estado de México, todo ello sólo entre los años 2013 y 2014. Dichos convenios eran para proveer servicios como repartir despensas, supervisar pozos petroleros o instalar red de internet, que en conjunto suman 7 mil 670 millones de pesos. (…) Del dinero total de los convenios, 5 mil 208 millones terminaron en 150 empresas ilegales y, por tanto, no se cumplió con los servicios”. La punta del iceberg.

Inverosímil creer que como secretaria no existió complicidad en el millonario desfalco. El fiscal federal Manuel Granados lo sentenció de manera directa al referirse a la hoy imputada. “Qué bueno que dijo que vino a dar la cara, sin embargo, lo hizo mucho tiempo después de que nos vieron la cara a todos los mexicanos”.

En otro capítulo. Hace siete meses tomó protesta Alejandro Gertz Manero como el primer fiscal General de la República. Prometió autonomía. En este breve lapso comenzó sendas investigaciones contra el ex director de Pemex, Emilio Lozoya. Ahora llegó el turno para Rosario Robles.

¿Va en serio Gertz Manero o hay consigna política? ¿Habrá imparcialidad en la impartición de justicia? ¿Es una realidad el combate a la corrupción e impunidad?

Por lo pronto, Carlos Ahumada es detenido en Argentina y Robles Berlanga pasará a la historia como la primera exsecretaria en ser investigada por corrupción.

La trama va para largo.

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