/ lunes 10 de diciembre de 2018

¡Valiente!

Estamos en el último mes del año, se nos fue el 2018 como agua entre los dedos, algunos de nosotros, desde diferentes trincheras, nos hacemos las preguntas obligadas: ¿Qué hice que valiera la pena?, ¿Qué deje de hacer?, ¿Cumplí mis objetivos?, ¿Hice lo correcto?, ¿Qué sigue?, ¿A dónde voy?...

Este año, en especial, ha sido uno de los más reveladores de toda mi relativamente corta existencia.

Vamos por el mundo viviendo día a día, sumergidos en una rutina, esperando, muchas de las ocasiones, lo peor, y cuando llega el anticipado mal trance, nos lamentamos con el “hubiera”, o bien, si llega algo mejor, no creemos que lo hayamos logrado.

Pero las historias pasan trazando el tiempo, se viven, nos asombran y se desvanecen si no se saben cultivar.

Retengamos toda vivencia acumulada, desde este rincón escribano, deseo en el alma que, ojalá, hayan tenido un año tan intenso como el mío, y que así sean los que siguen, hasta que duren repletos de vivencias de las que aprendes, y desaprendes, experiencias en las que te acomodas, reflexionas, humildemente aceptas tus errores y te creces ante tus aciertos y, por fin, ves de qué madera estás hecho y cuan resiliente puedes llegar a ser, ha sido un gran año, ¡y aún no termina!

Fue un año maestro, porque todo lo has tenido que cuestionar, te atreviste a hacer cosas que nunca imaginaste que podrías hacer, y no deberías arrepentirte, a pesar de surfear la depresión, pudiste encontrar motivos para salir con tus propias garras.

Un año donde las lágrimas se asomaron, porque así son ellas de caprichosas, pero las risas efervescentes fueron las que se quedaron en tu corazón y las que han prevalecido.

Y, finalmente, no termino de hacer una recopilación de los años anteriores, porque en especial este 2018, ha sido de transiciones, volteo alrededor y veo que no he sido la única, cambios en el gobierno, cambios climáticos cada vez más drásticos, cambios en la ciudad, movimiento, transición, de esos cambios que son impredecibles pero que también son afortunados y que parecen no terminar.

Aquí te detienes y con un grito belicoso expresas: ¿Eso es todo lo que tienes? ¡Por qué puedo con más y esto no me tumba!

Porque nadie debería arrepentirse de lo aprendido, nadie debería lamentar haberse atrevido a ser audaz, nadie tiene porque avergonzarse de sus peculiaridades, nadie debe arrepentirse de ser valiente.

Nos leemos el próximo lunes para Olvidar lo que sabes de...

Estamos en el último mes del año, se nos fue el 2018 como agua entre los dedos, algunos de nosotros, desde diferentes trincheras, nos hacemos las preguntas obligadas: ¿Qué hice que valiera la pena?, ¿Qué deje de hacer?, ¿Cumplí mis objetivos?, ¿Hice lo correcto?, ¿Qué sigue?, ¿A dónde voy?...

Este año, en especial, ha sido uno de los más reveladores de toda mi relativamente corta existencia.

Vamos por el mundo viviendo día a día, sumergidos en una rutina, esperando, muchas de las ocasiones, lo peor, y cuando llega el anticipado mal trance, nos lamentamos con el “hubiera”, o bien, si llega algo mejor, no creemos que lo hayamos logrado.

Pero las historias pasan trazando el tiempo, se viven, nos asombran y se desvanecen si no se saben cultivar.

Retengamos toda vivencia acumulada, desde este rincón escribano, deseo en el alma que, ojalá, hayan tenido un año tan intenso como el mío, y que así sean los que siguen, hasta que duren repletos de vivencias de las que aprendes, y desaprendes, experiencias en las que te acomodas, reflexionas, humildemente aceptas tus errores y te creces ante tus aciertos y, por fin, ves de qué madera estás hecho y cuan resiliente puedes llegar a ser, ha sido un gran año, ¡y aún no termina!

Fue un año maestro, porque todo lo has tenido que cuestionar, te atreviste a hacer cosas que nunca imaginaste que podrías hacer, y no deberías arrepentirte, a pesar de surfear la depresión, pudiste encontrar motivos para salir con tus propias garras.

Un año donde las lágrimas se asomaron, porque así son ellas de caprichosas, pero las risas efervescentes fueron las que se quedaron en tu corazón y las que han prevalecido.

Y, finalmente, no termino de hacer una recopilación de los años anteriores, porque en especial este 2018, ha sido de transiciones, volteo alrededor y veo que no he sido la única, cambios en el gobierno, cambios climáticos cada vez más drásticos, cambios en la ciudad, movimiento, transición, de esos cambios que son impredecibles pero que también son afortunados y que parecen no terminar.

Aquí te detienes y con un grito belicoso expresas: ¿Eso es todo lo que tienes? ¡Por qué puedo con más y esto no me tumba!

Porque nadie debería arrepentirse de lo aprendido, nadie debería lamentar haberse atrevido a ser audaz, nadie tiene porque avergonzarse de sus peculiaridades, nadie debe arrepentirse de ser valiente.

Nos leemos el próximo lunes para Olvidar lo que sabes de...

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