/ jueves 14 de junio de 2018

Vivencias de un agrónomo

Recordarán mis amables lectores (dos o tres), que la semana pasada les platiqué sobre un viaje que hice a Tokyo, Japón, representando a Zacatecas, a una Exposición Mexicana de productos alimenticios, artesanales y turísticos, que fue organizado y apoyado por el Banco de Comercio Exterior (Bancomext). En esta exposición estuvieron los stands de las 32 entidades federativas. Algunos muy ricos y lucidos, como Sinaloa, Nuevo León, Michoacán, y otros, por su diversidad de productos y servicios turísticos que ofrecen… Pero el nuestro de Zacatecas no quedó mal (ya se los platiqué la semana pasada)

Realmente fue un viaje muy corto (la exposición solo duró una semana), pero en ese tiempo fue muy visitada por personas comunes, y representantes de empresas Niponas que mostraban interés en algunos productos, e incluso se sorprendían por algunos que no conocían, ni tenían alguna referencia, como el caso de las tunas, los nopales, el agave mezcalero y el mezcal. El vino de mesa (ellos creían que el vino de mesa de uva, solo sería europeo, o cuando mucho de Chile o Argentina, pero nunca de México)… Y les gustó las pruebas que a algunos ofrecí.

Asimismo se encantaron con los objetos artesanales de plata y cantera. Con las imágenes de las zonas áridas (Mazapil, Melchor Ocampo), con sus majestuosas biznagas rojas (desgraciadamente por saqueo se están acabando).

Pues muy bien todo, me pareció que fue satisfactorio el trabajo realizado. Traté y expuse con muchas personas, algunas sin duda potenciales importadores de productos y servicios mexicanos; pero no podría esperar que regresara a Zacatecas cargado de pedidos; para ello se requiere mucho trabajo continuado, apoyándose en el agregado de Negocios de la Embajada de México; de Agentes Comerciales privados que conocen la tramitología para entrar a este mercado. O sea que entrar a un mercado es cuestión de trabajo, de ninguna manera de suerte. Y si alguien lo duda, pregunten a los fruticultores Chilenos que han conquistado el mundo con sus frutas; y eso comienza desde que las frutas están en el árbol.

Pasando a otra cosa, les platico que entre la gente asistente de Sinaloa, me encontré con Don Roberto Compeán (QEPD), buen amigo a quien conocí cuando trabajé en los Mochis, Sinaloa, recién egresado de la gloriosa E.N.A. Don Roberto producía calabaza Cabocha en su campo del Valle del Fuerte, y ya estaba exportando a Japón (este tipo de calabaza es muy consumida en Japón, sobre todo en invierno).

Don Roberto me platicó que en un viaje que hizo en tren por Europa conoció a un matrimonio Japonés. Tenía su teléfono y le habló. De ahí surgió una invitación a cenar, a la que me pidió que lo acompañara. A mí me gustó mucho la idea de conocer a una familia Japonesa en su casa y su ambiente.

Pero no sucedió así, ya que al llegar nos invitaron a que pasáramos al elegante restaurant del hotel; de manera que me quedé con el deseo de conocer la casa y el ambiente de una familia Japonesa.

Por ahora es todo y hasta la próxima.


Recordarán mis amables lectores (dos o tres), que la semana pasada les platiqué sobre un viaje que hice a Tokyo, Japón, representando a Zacatecas, a una Exposición Mexicana de productos alimenticios, artesanales y turísticos, que fue organizado y apoyado por el Banco de Comercio Exterior (Bancomext). En esta exposición estuvieron los stands de las 32 entidades federativas. Algunos muy ricos y lucidos, como Sinaloa, Nuevo León, Michoacán, y otros, por su diversidad de productos y servicios turísticos que ofrecen… Pero el nuestro de Zacatecas no quedó mal (ya se los platiqué la semana pasada)

Realmente fue un viaje muy corto (la exposición solo duró una semana), pero en ese tiempo fue muy visitada por personas comunes, y representantes de empresas Niponas que mostraban interés en algunos productos, e incluso se sorprendían por algunos que no conocían, ni tenían alguna referencia, como el caso de las tunas, los nopales, el agave mezcalero y el mezcal. El vino de mesa (ellos creían que el vino de mesa de uva, solo sería europeo, o cuando mucho de Chile o Argentina, pero nunca de México)… Y les gustó las pruebas que a algunos ofrecí.

Asimismo se encantaron con los objetos artesanales de plata y cantera. Con las imágenes de las zonas áridas (Mazapil, Melchor Ocampo), con sus majestuosas biznagas rojas (desgraciadamente por saqueo se están acabando).

Pues muy bien todo, me pareció que fue satisfactorio el trabajo realizado. Traté y expuse con muchas personas, algunas sin duda potenciales importadores de productos y servicios mexicanos; pero no podría esperar que regresara a Zacatecas cargado de pedidos; para ello se requiere mucho trabajo continuado, apoyándose en el agregado de Negocios de la Embajada de México; de Agentes Comerciales privados que conocen la tramitología para entrar a este mercado. O sea que entrar a un mercado es cuestión de trabajo, de ninguna manera de suerte. Y si alguien lo duda, pregunten a los fruticultores Chilenos que han conquistado el mundo con sus frutas; y eso comienza desde que las frutas están en el árbol.

Pasando a otra cosa, les platico que entre la gente asistente de Sinaloa, me encontré con Don Roberto Compeán (QEPD), buen amigo a quien conocí cuando trabajé en los Mochis, Sinaloa, recién egresado de la gloriosa E.N.A. Don Roberto producía calabaza Cabocha en su campo del Valle del Fuerte, y ya estaba exportando a Japón (este tipo de calabaza es muy consumida en Japón, sobre todo en invierno).

Don Roberto me platicó que en un viaje que hizo en tren por Europa conoció a un matrimonio Japonés. Tenía su teléfono y le habló. De ahí surgió una invitación a cenar, a la que me pidió que lo acompañara. A mí me gustó mucho la idea de conocer a una familia Japonesa en su casa y su ambiente.

Pero no sucedió así, ya que al llegar nos invitaron a que pasáramos al elegante restaurant del hotel; de manera que me quedé con el deseo de conocer la casa y el ambiente de una familia Japonesa.

Por ahora es todo y hasta la próxima.


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