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De marihuana satanizada

  • José Guadalupe Estrada

En recientes días visitó Zacatecas el Comisionado Nacional en Contra de las Adicciones, Manuel Mondragón y Kalb, si mal no escribo su nombre, así se llama el susodicho. Me llamó poderosamente la atención su discurso anti marihuana, el cual lo expresaba rayando casi en una fobia patológica en contra de tan inocente (para algunos) plantita medicinal y remanso de emociones varias para ya muchísimas y muchísimas generaciones pasadas, presentes y futuras.

Refería el mencionado, palabras más, palabras menos, y aquí trataré de resumir las ideas sin alterarlas, pues no quiero poner en su boca algo que no dijo, pero, como iba manejando al momento de escuchar por radio lo que expresó, estoy consciente que dejar a la memoria tales menesteres es responsabilidad mayúscula y grave, pero pues ni modo, en este instante no tengo forma, ni manera, ni tiempo, ni ganas de acudir a otra herramienta que no sean los porosos recuerdos que se guardan en las neuronas y que  registran acontecimientos; y decía el multicitado que es falso de toda falsedad muchas de las pretendidas cualidades terapéuticas que se le atribuyen a la marihuana, que mucho de eso es propaganda en su favor  para lograr su legalización y que, la gente lo que quiere es chupársela, es decir, fumársela, lo cual no reporta, según él, ningún tipo de beneficio en la salud de persona alguna, sino todo lo contrario, y refirió infinidad de males que el fumar la mota acarrea a cualquier individuo que se precie de pertenecer a la clase  decente de este indecente país. Además de los argumentos anteriores en contra de la cannabis, dijo que, estaba totalmente en contra de la legalización de esta droga, pues, adujo, que hay forma de demostrar científicamente que cuando un estupefaciente se despenaliza, se vuelve de curso legal, resulta más fácil para los niños o adolescentes acceder a él, lo cual multiplica el problema de las adicciones, pues se pone a disposición de un público inmaduro los elementos para su perversión y boleto al infierno de los infieles. Algo así, más o menos, dijo, repito, si mi memoria no está afectada por alguna substancia de naturaleza lícita o lícita, eso ya es lo de menos.

Coincido con el referido, únicamente en el sentido de que esa droga, o cualquier otro tipo de psicotrópicos o estupefacientes, permitidos o prohibidos,son, al final de cuentas, nocivos para la salud, y deben implementarse estrategias que partan de lo educativo y que hagan conciencia de tales hechos y circunstancias para evitar que las generaciones viejas o nuevas, abusen de ellas y las usen para evadirse de esta injusta realidad.
En lo que no coincido en absoluto, es en el anquilosado y ya viejo discurso prohibicionista, es decir, aquél que pretende solucionar un problema de salud, como es el uso y consumo de la marihuana, llevándolo al ámbito penal, es decir, castigando a los sujetos que participan en toda la cadena de uso de esta substancia con las herramientas más duras de que dispone el Estado, es decir, con la cárcel y estigmatización infinitas.

El consumo de la marihuana (como de cualquier droga lícita o ilícita) es un problema esencialmente de salud y de educación, y nada, absolutamente nada se ha logrado prohibiendo penalmente su uso, al contrario, son más los males que ha acarreado esta desfasada idea prohibicionista y que todos padecemos día a día en este país: inseguridad, surgimiento de bandas y cárteles que van vender esta droga a quién y dónde se la pidan, corrupción, muertes y más mueres y un sin fin de calamidades que nos ha acarreado esta distorsionada política.

Un hecho significativo que demuestra lo inútil de esta estrategia prohibicionista, es que en el vecino país del Norte, que fue finalmente el que impuso esta errática política criminal, ya en la mayor parte de los Estados que conforman la Unión, el uso recreativo de la marihuana es perfectamente legal o está en vías de convertirse en tal. Es decir, mientras allá cualquier persona puede ya sin problema alguno conseguir un carrujo de mota en la farmacia de la esquina, aquí seguimos matándonos, literalmente, por prohibir y evitar que esa droga llegue allá donde ya es moneda de curso legal. Algo realmente increíble. Y, además, seguimos teniendo predicadores, como el aludido al inicio de esta perorata, que siguen con sus decrépitos discursos copiados de aquéllas obscurantistas y moralistas épocas donde a un grupo de fanáticos religiosos se les ocurrió que como consumir alcohol era malo para la gente pues la llevaba a la perdición y al infierno, había que penalizar y satanizar su uso, y allí los resultados, el Chicago de Al Capone y una de las mayores pifias de política criminal de que se tenga memoria en la  historia de esta pacheca humanidad.
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