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El nuevo modelo educativo

  • Ignacio Martínez Ortiz

Me conmueve los esfuerzos del gobierno por sacar el animal de la barranca y hacer que México acceda a niveles de, apenas regularidad, en el aspecto educativo. Me conmueve porque el asunto es de una complicación tremenda y todo corriendo por cuenta de esa institución bienaventurada, paño de lágrimas de todo mi pueblo y culpable de cuanto nos acontece: como digo, papá gobierno.

Firmemente posesionados del último lugar en educación según el ranking de la OCDE, y desde hace muchos años, sino es que desde toda la vida, estamos en una situación inaceptable y lo primero que se piensa en los problemas prioritarios del país es en la educación.

Desde los lejanos tiempos del presidente Echeverría y de su secretario Víctor Bravo Ahuja, hace más de 45 años, se ha atendido al asunto, y de qué manera: se habló entonces de una radical y sustanciosa, “Reforma Educativa”. Ni se diga, con Carlos Salinas de Gortari, igual se discutió mucho sobre otra restructuración de la enseñanza, planes y programas de estudio, sentido y relación de la escuela con los problemas sociales y del desarrollo económico, de la ciencia y tecnología… y quién sabe cuánto más…

Pero claro, claro, viendo el asunto con cierta perspectiva, el problema educativo viene atendiéndose de muchísimo tiempo atrás. En 1917, hace cien años, ya se tomaban cartas en el asunto. Los (pro) hombres de Querétaro, establecieron en la carta magna que rige los destinos de la nación, el carácter de la educación que habría de impartírsele a nuestros infantes. Entre ellas la de ser “laica”, “gratuita”, “científica”. Lo mejor de los deseos y de los decretos. Y se puso al frente del negocio a los más destacados elementos; pensantes y de indudable capacidad: José Vasconcelos y Narciso Bassols, en aquellos tiempos; y ya más para acá Torres Bodet y Agustín Yáñez. E incluso ocupando puestos de primer nivel, al gran físico y colaborador alguna vez de Albert Einstein, Alberto Barajas, y al genio y doctor en ingeniería, Emilio Rosenblueth Dutch.

Y al parejo de todo esto, la asignación de los recursos ha sido y es copiosa. Millones de textos “gratuitos”. Mi pueblo cree cándida e inocentemente que son verdaderamente “gratuitos”, que caen del cielo, que a nadie le cuestan, que sólo es cuestión de ir a recogerlos al lugar de donde nos los dejan unas especies de modernos reyes magos o alguna especie por el estilo. Por supuesto, se “emplea”, se “invierte”, dicen los dizque intelectuales, una archisuper re contra millonada en mantener ese deficiente y chafa nivel educativo.

Y aquí es donde ya parece irse viendo por dónde anda el nudo del asunto.

Planes y proyectos van, planes y proyectos vienen. Funcionarios de todo tipo, de tendencias e ideologías…, poniendo en discusión y en práctica diversos conjuntos de ideas y estrategias… y nada se logra, casi absolutamente nada.

Casi obvio, porque los directamente involucrados se hacen los muy tontetes, y alegre y felizmente nadan de a muertito. Profesores y alumnos. No mueven un solo y pinche dedo para hacer lo que les corresponde y estar a la altura del conflicto. Insensatos, haraganes y disfrutando de todo cuanto pueden para escurrir el bulto y eludir y tergiversar cuanto “decreto”, “proyecto”, “reforma”, “ley” y “NUEVO MODELO” pueda ocurrírsele a papá gobierno para sacar adelante a la educación. Vaya, así cómo fregados…

De los rapaces poco cabe esperar, desde luego. Pilluelos, especialistas en fingir una inocencia que no les va, bien se pueden declarar trabados hasta para decir sus generales, mucho menos harán caso de cumplir con su papel histórico y hacer conciencia del ridículo en que estamos sin salir del tobogán, pues la lectura y las matemáticas no´mas no les entran.

Ni qué decir de los profes. Caray, el destino de todos los ámbitos de la vida es de su total incumbencia… excepto, claro, la educación. Estos tipos ni cuenta se dan que cargan con la inaudita responsabilidad de dejar al gobierno la tal “evaluación”. El tremendo armatoste del INEE (inee, je,je,je) es por causa de la desconfianza que la planta “docente” se muestra incapaz hasta de para aplicar las preguntas y la calificación de los exámenes. Inaudito.

Por Satanás, ni para eso son confiables estos infelices…