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El pesimismo no es un buen camino

  • Pedro Jaime Ansures Saucedo

Pese a que somos muchas personas quienes trabajamos para contribuir a lograr una mejor sociedad en todos los sentidos, tenemos que aceptar que es cierto que no todo puede ser perfecto en la vida. Sin embargo, sigamos insistiendo de diferentes maneras para que cada vez seamos más seres humanos felices.

A menudo hemos compartido temas que tienen que ver con la creación de ambientes saludables en la vida de las personas, así como el fortalecimiento de las relaciones familiares; en el ámbito educativo el robustecimiento en las relaciones, padres, hijos, maestros y autoridades educativas. Por ello, con la idea de seguir contribuyendo, platiquemos hoy sobre ese estado de ánimo negativo que presentamos en ocasiones y algunas personas casi siempre ante todas circunstancias de la vida.

Esta actitud, negativa que generalmente se experimenta después de vivir momentos en los que sentimos una tristeza que nos embarga por tiempos prolongados de nuestra vida, nos hace perder el control de estas emociones que nos traen consecuencias muy graves porque puede llevar a una persona a tomar decisiones equívocas que logran afectar desmedidamente su vida.

Este sentimiento denominado pesimismo, también va estrechamente ligado al conformismo, a la mediocridad en la que paulatinamente y muchas veces sin darse cuenta, se van envolviendo las personas que se encierran en éste sentimiento. Es justamente como si alguien por gusto, estuviera tratando de llevar a cuestas una carga que se va haciendo más y más pesada cada vez, hasta que llega un momento en el que el dolor de sostenerla, le hace olvidarse de todo sentimiento positivo, y de todas las personas que le rodean.

Una persona que se caracteriza por tener un pensamiento y una actitud pesimista resulta decadente, porque siempre descubren los peores escenarios que se pueden presentar en toda circunstancia, es como si tuvieran un poder muy especial para lograr transformaciones en la vida de las personas que les rodean, pero de manera negativa por lo que sus comentarios y acciones generalmente terminan creando conflicto entre ellos y los demás.

Más grave aún es el hecho de que las personas pesimistas, logren contagiar a quienes les rodean con cierta frecuencia, y pese al esfuerzo que pudieran realizar, es mucho más fácil que contagie a un grupo de personas un pesimista, que un optimista, más cuando aquellos entre su pesimismo está llenos de rencores, o resentimientos en contra de una persona, una familia o todo un sistema, pues estos, buscan cualquier ocasión para expresar su amargura y todavía van mucho más allá, pues identifican de inmediato a las personas con actitud positiva y comienzan a fastidiarle, pues su alegría y entusiasmo puede llegar a causar en ellos, mucho más que una simple irritación.

La idea de compartir este tema con ustedes, es que nos regalemos la oportunidad de evitar caer en esta actitud, pero, sobre todo vivir la emoción de ayudar a estas personas a transformar su mundo. Para ello, tengamos cuidado de no caer en esa trampa implícita existente en sus conversaciones, en donde nos cuentan todo un caos de cada momento que han vivido, y expresan solamente haber tenido catástrofes como experiencias. Como coloquialmente decimos, evitemos llenarnos de esas vibras negativas y más bien, mostrémosle nuestro lado positivo y ayudemos a ellos a ver la vida de manera diferente.

Sencillo no es, pero comencemos por intentarlo, que ya es bastante, eso sí, armados de la suficiente tolerancia y optimismo para no resultar contagiados sino más bien contagiarles. Al escucharles con paciencia, les demostramos que están en un error al ver la vida siempre de color gris y les mostraremos además que siempre hay una luz encendida.

Otra forma de apoyarles, es brindarles apoyo en situaciones muy mínimas o en momentos complicados, según cuándo lo requieran, y las posibilidades que estén a nuestro alcance. Tal vez esto les ayude a volver a confiar en los demás y por ende, a visualizar la vida de diferente manera.

Es muy importante hablar claro con ellos, esta es la mejor forma de apoyarles, explicarles que su actitud y su forma de pensar no contribuye mucho a lograr una vida plena y que además esto les daña sobre manera. Al hablar claro con ellos, habremos de enfatizar que lo que les decimos no son críticas negativas hacia su persona sino constructivas para que tenga un estilo de vida distinto, que lo lleve a construir momentos de alegría y cuando así sea posible, también de felicidad.

Y finalmente sugiero, hagamos énfasis recordándoles que la felicidad no es un estado de vida permanente y que, para lograr ser felices, es necesario construirla con acciones, los momentos complicados, son eslabones que nos llevan a lograr ser mejores personas y que las malas acciones de los demás no deben afectarnos a tal grado de cambiar nuestro mundo de alegría por amargura.

Educar seres humanos felices, es tarea de todos.

ansurespj@hotmail.com