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La marcha por la paz

  • Juan Antonio Pérez

La paz no puede mantenerse por la fuerza, la única vía es la comprensión…. Albert Einstein
Los zacatecanos queremos paz, la exigimos. La enorme mayoría de los coterráneos, y excluyo aquí por supuesto a los delincuentes, añoramos aquellos días en los que era posible permitir a los pequeños jugar en la calle hasta tarde. En que era posible recorrer la ciudad a pie y con descuido. Y sin embargo, la “marcha por la paz” convocada para el jueves 7 de septiembre no tuvo la convocatoria que se esperaba.

Y no es que los zacatecanos aspiremos a que “alguien” se encargue de resolver nuestros problemas, los que son de todos. Las ausencias se explicar, a juicio de quien escribe, porque el oportunismo político nos tiene hartos, que nos ha hecho explicablemente desconfiados. No nos sentimos representados por la clase política y ni por ninguno de sus satélites.

Si bien es cierto que la iniciativa partió de un grupo de ciudadanos sin partido, como es el caso del abogado y periodista Francisco Carlos Infante, los oportunistas de siempre la ensuciaron muy pronto.

Apenas dos días después, y a 24 horas del informe del gobernador Tello, tres estudiantes universitarios son atacados, cuatro días después una mujer es asesinada en pleno luz del día y en el centro de la ciudad. La delincuencia se jacta, en la práctica, de la supina ineficiencia de las autoridades, policiacas, judiciales, legislativas y ejecutivas. Agosto termina con cifras récord en asesinatos, secuestros y desapariciones. Septiembre, al parecer, será notorio en ese mismo sentido.

Es oportunista, basado en estas lamentables evidencias, solicitar la renuncia del gobernador. De entrada excluye a sus simpatizantes, y muchos otros que sin serlo, consideramos que su renuncia, por sí misma no abona en el camino a la consecución de un Zacatecas pacífico y habitable.

En entrevista radiofónica, transmitida este lunes 11, el gobernador muestra tristemente, con un reduccionismo que espanta, un lamentable desconocimiento de la realidad zacatecana y nacional. Informa, por una parte, que la presencia de los cárteles es más aguda en Guanajuato que en Zacatecas, a pesar de que el primero es uno de los estados con mayor generación de empleos, gozando de un desarrollo superior al nuestro.

Eso es información, y sin entrar en el detalle de su veracidad, la explicación que de ello hace el contador Tello es definitivamente espeluznante. Lo atribuye a un mayor consumo de enervantes en Guanajuato respecto de Zacatecas.

No creo que ignore el hecho de que el crimen organizado se ha vuelto extraordinariamente versátil. La piratería en todas sus formas es parte de la actividad de la mafia, desde producciones musicales y cinematográficas, cigarrillos, alcohol y hasta libros, pasando por los asuntos que tienen que ver con la agricultura, la ganadería, y los hidrocarburos. El consumo de drogas es tan sólo una parte de la actividad criminal, y me atrevo a conjeturar que ya ni siquiera es la principal.

A pesar de todos estos yerros, yo no pediría como demanda principal la renuncia de Tello. Primero porque el puesto de gobernador es constitucionalmente irrenunciable. Y además, porque tal dimisión nos conduciría a un proceso de reemplazo, divertido y redituable para la clase política, pero inútil y oneroso para el resto de la población.

El puesto vacante sería ocupado por otro miembro de la clase política, con el mismo desinterés, y la misma vocación por la simulación y la autocomplacencia.

La paz es una meta que sólo puede alcanzarse mediante la explotación de las grandes coincidencias, mediante el inteligente sacrificio de las, tal vez no menos grandes, disidencias. Nadie puede adjudicarse para sí los esfuerzos de todos.

japerez@uaz.edu.mx