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Liberales contra neoliberales rumbo al 2018

  • Eligio Meza Padilla

Los partidos políticos parecen comportarse erráticamente a partir de que aceptaron el financiamiento por parte del Estado y redujeron a un mínimo dinerario y en especie el financiamiento privado. Se empezó a discutir este financiamiento, a principios de los ochentas, màs precisamente, en la UNAM en 1982, y fue vistof como un acto de equidad por parte del Estado y un progreso democrático para todos los partidos políticos, opositores al PRI y al gobierno que lograban el registro; pero como todo progreso trae sus propios problemas en los partidos no se tardaron en aparecer.

Las diferencias entre militantes se convirtieron en pugnas internas por acceder a las candidaturas plurinominales, y acabaron definitivamente con una especie de solidaridad romàntica; aparecieron sin ningún rubor propuestas pragmáticas ante el asombro de los militantes más antiguos que habían luchado en condiciones adversas y desinteresadas respaldados por unos principios y persiguiendo una “causa”. Fue necesario que se introdujera desde a fuera una legalidad para hacer valer y garantizar la “equidad” que, al transgredirse, terminaba casi en todos los casos en injusticias internas. Las luchas por los pequeños poderes y ¿el dinero? para aspirar a otros màs grandes dieron lugar a la aparición de ambiciones desmedidas y a los sentimientos màs mezquinos de unos y otros. Las convicciones que tradicionalmente imperaron muy pronto se desvanecieron y prevaleció un pragmatismo a veces reflexionado como el voto útil, y a veces un pragmatismo vergonzante para justificar sus aspiraciones personales y las maneras prosaicas de acceder a los pequeños poderes internos.

Las luchas internas traían aparejados otros problemas que no percibieron oportunamente. Si antes del financiamiento representaban o pretendían representar a clases o sectores sociales dentro del Estado, ahora representaban el Estado en el interior de las clases populares o de la gente, como empezaron a decir. Las ideas que habían elaborado antes, inspirados en aquella realidad sin prerrogativas, se tornaron inaceptables, no creíbles en el contexto arriba descrito. Sus ideas ya no tenían ningún contenido real y empezaron a sonar huecas. La miseria de las ideas y las ideas miserables son hijas legítimas del abandono de principios, de las ambiciones personales y de un pragmatismo chato.

La gente del pueblo, los electores, percibieron muy a su manera, que esos partidos no los representaban si es que alguna vez lo habían hecho, y apareció en esta gente el desinterés, la desidia o el rechazo en su presencia cuando van de puerta en puerta a ofrecer su publicidad con productos muy baratos, o mejor dicho, desconocidos. Son líderes que cuando llegan al poder, su poder, significan algo, pero al salir del poder ya no significan nada. Es el poder el que los significa, porque por sí mismos no significan nada. Algunos de ellos salen con dinero y siguen significando algo, pero ya no en el ámbito de la política.

En este contexto descrito aparecen “nuevos” protagonistas: liberales contra neoliberales, en donde los liberales son la izquierda de los neoliberales y se autodenominan la izquierda o las izquierdas. Desde posiciones extremas, NO RADICALES, se injurian y pareciera que es una lucha a muerte entre unos y otros, aunque desde su origen, cuando se dividiò “la familia revolucionaria” sólo sean los hermanos separados. Recientemente el más representativo de los liberales ha dicho que no se aliarán con partidos del régimen, esperando que nadie advierta que, desde que solicitaron y obtuvieron el registro como partido polìtico, ellos son también, quieran o no, un partido del régimen.

*Docente investigador de la UAZ
Posgrado en Ciencia Política