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Nunca más un caso como el de Gabriel

  • Un mundo mejor para todos │ María de Lourdes Rodarte Díaz

Hace unos días nos enteramos a través de diversos medios de comunicación del rescate de una persona con discapacidad en la delegación Cuauhtémoc de la Ciudad de México, las notas relatan las condiciones antihigiénicas y denigrantes en las que vivía este ser humano llamado Gabriel, con tan solo 17 años y quien tiene una discapacidad intelectual.

Quise retomar este tema porque lamentablemente, aún en estos tiempos donde se supone que existe una sociedad con cierto grado de civilización y educación, que dista mucho de tiempos anteriores, y donde la información está ya al alcance de cualquier persona, es inaceptable que sigamos sabiendo de situaciones como la que hoy expongo. Sin embargo es posible.

La primera reflexión sobre el tema, es la preocupación por saber cuántos casos como este aún existen en nuestro país, en nuestros estados, municipios y comunidades, porque el caso de Gabriel deja en evidencia las situaciones de abandono y maltrato hacia las personas con discapacidad dentro del seno familiar que por su puesto condeno, pero también celebro el hecho de que sean más las familias que asumen el reto de enfrentar una situación de discapacidad congénita o adquirida.

Una segunda reflexión que me deja este lamentable caso, es que estas situaciones no son exclusivas de comunidades lejanas como regularmente se piensa, sino que pueden estar presentes en las grandes urbes como es en este caso la Ciudad de México, una de las más grandes y pobladas del mundo, la capital del país, en una de las delegaciones con un importante número de habitantes y presupuestos gubernamentales.

Una tercera reflexión tiene que ver con la familia, tratemos de imaginar en qué condiciones de rezago social, educativo, moral, económico, cultural… está viviendo la familia de Gabriel para tomar la determinación de abandonar a uno de sus integrantes, el que tiene discapacidad y darle un trato sumamente indigno.

Otra la cuarta reflexión tiene que ver con las instituciones. En qué estamos fallando como gobierno para no darnos cuenta y poder prevenir a tiempo situaciones como la que tuvo que vivir Gabriel y su familia, que afortunadamente culmina con el rescate de éste, pero con un proceso legal en contra de familiares directos.

Una última reflexión es sobre el papel de la sociedad, el cual si hace con responsabilidad, es fundamental para prevenir situaciones tan vergonzosas como la de Gabriel, pero su papel adquiere mayor relevancia cuando se ejerce con respeto hacia las personas, independientemente de sus condiciones, pues el principal factor para esconder a una persona con discapacidad son las actitudes discriminatorias que socialmente ejercemos de manera consiente o inconsciente.

Tendrá que llegar un punto en el que la sociedad este lo suficientemente preparada para aceptar las distintas condiciones humanas, la instituciones para prevenir y atender las diversas situaciones sociales, las familias a establecer vínculos afectivos que sean tan fuertes para vivir los distintos retos que la propia vida nos pone como es la de una discapacidad, de la cual nadie estamos exentos.

Sólo así, en una tarea conjunta será posible visibilizar a las personas con discapacidad y hacer valer sus derechos. Ojalá nunca más un caso como el de Gabriel.