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¿Podrán los bolcheviques sostenerse en el poder?

  • Ignacio Martínez Ortiz

No en la atrasada, y casi medieval, Rusia. Pero Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, no lo creía así. En los largos años del exilio (1900 a 1905 y de 1906 a 1917) había madurado toda una teoría de la revolución socialista para Rusia.

Por supuesto, por supuesto, aceptaba que la situación en Rusia no era del todo propicia para pensar en una revolución social, mas no por ello iba había que permanecer con los brazos cruzados hasta que buenamente, y en el transcurso de los siglos, el país alcanzara un alto desarrollo industrial y de las fuerzas productivas. Era necesario entonces forzar las cosas todo lo que fuese necesario. La vanguardia de la revolución, el grupo selecto de revolucionarios, intelectuales y los obreros más destacados tenían la alta misión de acelerar el ritmo natural de os acontecimientos.

Esa vanguardia debía observar dos características esenciales: sus militantes debían estar dedicados en cuerpo y alma a la revolución. Revolucionaros de “tiempo completo”; para hacer propaganda, difundir la doctrina de Marx, organizar huelgas, crear conciencia en los trabajadores de la necesidad del cambio social, por un lado. Y por el otro, establecer la forma de trabajo altamente “centralista” en que la dirección del partido de los revolucionarios “profesionales” iba a dirigir sus acciones y la línea política.

Estas dos características: el partido de evolucionarios “exclusivos” y con una estructura “centralista”, marcó la ruptura entre quienes se oponían al régimen de los zares. Apenas en el segundo congreso del Partido Obrero Social Demócrata Ruso. Todos en el POSDR estaban por la vía socialista pero a partir de entonces (1903) quedaron encarnizadamente enfrentados y en bandos diferentes. Los conservadores menchevique que abominaron las dos condiciones de Lenin y los bolcheviques que lo siguieron.

Para Agosto de 1917, cuando la represión de gobierno constitucional era más fuerte contra los bolcheviques, Trotsky el crítico de Lenin, durante toda la vida pues siempre vio con horror la verticalidad y la antidemocracia en el “centralismo” bolchevique, empezó a cobrar una gran importancia en el soviet de diputados de obreros y soldados de Petrogrado, la capital del país. Fue nombrado presidente de ese soviet, y cuando Lenin, desde su escondite de Finlandia, empezó a manejar la posibilidad de una insurrección armada que derrocara al gobierno “provisional”, Trotsky coincidió con él y se manifestó abiertamente de su lado.

Lev Davidovich Bronstein, Trotsky, casi siempre cercano a las posiciones de los mencheviques, curiosamente, siempre había calibrado con mucho acierto el ritmo de los tiempos. Había estado primero que nadie en la formación del soviet de Petrogrado en octubre de 1905 (el ensayo de la revolución). Asimismo llegó mucho antes que los bolcheviques del exilio en 1917. Judío, de una gran inteligencia y valor, se acercó a Lenin al ver la posibilidad de acceder al poder. En este ruso del sur vio Lenin a su hombre.

Pero además Lenin entendió perfectamente que las insurrecciones que se limitan a expresiones de espontaneidad, muy emotivas y conmovedoras (huelgas generales, asambleas, desfiles y encendidos discursos, ramos de flores y recitación de poemas) por sí mismas eran absolutamente ineficaces para sostener el gobierno de los trabajadores. Eso le había quedado muy claro en la rebelión de la célebre “Comuna de París” que aún con la presencia del mismo Marx en la cercanía y el apoyo la Primera Internacional, sucumbió irremisiblemente después de muy poco tiempo de haberse establecido.

Con su enorme intuición de conspirador (y golpista, más cerca de Blanqui que de Carlos Marx) Lenin había dicho que los revolucionarios rusos convertirían la guerra (mundial) entre las potencias europeas en la guerra por el comunismo; y esas palabras las tradujo en hechos: los bolchevique hicieron una eficaz labor de zapa en el desalentado ejercito que desertaba del frente contra Alemania. Los bolcheviques votaron un decreto mediante el cual los soldados podían desobedecer a sus oficiales sin por ello ser castigados. Eso permitió un acercamiento estrecho entre bolchevique y las fuerzas armadas. Se creó el famoso y decisivo Comité Militar Revolucionario, el CMR, para seguir los dictados de la insurrección.

La noche del 24 de octubre, apenas los bolcheviques habían logrado una muy leve mayoría en los soviets de Petrogrado y Moscou, Lenin da la orden de hacerse del Palacio de Invierno y tomar presos a los ministros del gobierno provisional. Establece, con el poder de las armas en mano, la nueva sede del gobierno revolucionario en la academia de Smolny donde se celebraba el congreso de los bolcheviques…