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Política, desarrollo y bienestar

  • José Ignacio Castro Guijarro

El Presidente Enrique Peña Nieto formuló interesante reflexión por su Quinto Informe de Gobierno refiriendo que la política debe servir para un mejor país en este siglo XXI bajo la lógica que la clase política debe buscar consensos o acuerdos entre adversarios y no tratarse como enemigos (El Sol de Zacatecas, Domingo/03/septiembre/2017).

Muy pocas veces retomo lo que afirma el titular del Poder Ejecutivo Federal, esta ocasión coincido respecto al responsable ejercicio del quehacer político a fin de construir realmente un desarrollo humano sustentable que genere mejor calidad de vida pues uno de cada dos mexicanos vive en pobreza y extrema pobreza (miseria).

Nuestro sistema político invariablemente tiende a rupturas entre grupos y partidos, la actual lógica de alianzas es destruir la relación de poder de quien gobierna pero con visión a corto plazo pero muy dinámica, nunca estática, pues la impresionante movilidad de organizaciones a veces tan disímbolas como el PAN y PRD o políticos con y sin presencia ante electorado pero en constante cambio de partido generan una dinámica semejante a un ser vivo amorfo que se mueve, contrae y alarga en diferentes partes de su cuerpo, a veces se concentra materia en ciertos puntos principales como suele acostumbrar la clase política cuando un grupo o líder llega al poder y su toma de decisiones es harto importante en cuestiones económicas, financieras y electorales, mientras que la oposición es marginal y los adversarios o enemigos orientan ataques a veces con sólidos argumentos para influir en el ánimo de la opinión pública (medios y electorado) y contrarrestar a quienes están en el poder para siguientes elecciones y así mover la correlación de fuerzas. En México últimamente es muy normal que se acreciente todo tipo de pugnas cuando se acerca un proceso electoral y mayormente cuando es por la Presidencia de la República, dichos enfrentamientos son más intensos al grado de utilizar la guerra sucia como lo hizo Felipe Calderón Hinojosa cuando candidato presidencial por el PAN y que desafortunadamente instauró una estrategia de bajo umbral moral y ético.

Este modelo de quehacer político-electoral es perjudicial para millones de mexicanos pues gobiernos a nivel federal, estatal o municipal y del partido que sea se encuentran presionados por adversarios electorales tanto de su misma organización como externos, se va a contracorriente de la denominada “teoría política de adversarios” que establece según resultados electorales de cada partido se debe llegar a acuerdos o pactos para lograr gobernabilidad, incluso con grupos que utilizan a partidos que nunca han logrado mayoría electoral. En México se dificulta enormemente consensar estrategias de desarrollo por la ambición e hipocresía de la clase política que primero se beneficia y deja en segundo término la calidad de vida de las clases más marginadas.

En la política-electoral y administración pública mexicana el pluripartidismo no funciona por el extremismo, el decaimiento nacional y ambición asociada a la irresponsabilidad. Es momento para el cambio ciudadano con visión de desarrollo y calidad de vida.

ignacio.kaxtro@gmail.com