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¿Porqué tendría que ser diferente?

  • Pedro Jaime Ansures Saucedo

Es tan común en nuestros tiempos encontrarnos con mamás que justifican todas las conductas de sus hijos, sin detenerse a pensar en los hechos que realizan y si estos, perjudican personas, dañan momentos o circunstancias; igual que vemos hijos justificándose ante sus padres por los castigos o regaños a los que se hacen merecedores en sus escuelas, culpando sin argumento alguno a sus Maestros, a los compañeros, las autoridades de la institución o cualquier encontrando cualquier otra razón que les haga aparecer inocentes ante sus padres que sin pensar siquiera en la más mínima posibilidad de que su hijo pudiera ser quien ocasiona la situación, arremeten verbalmente desde casa e incluso en ocasiones presentándose en la institución para manifestarse en contra de los docentes o de los supuestos culpables a quienes sus hijos señalan.

A veces bien vale la pena preguntarnos que estamos haciendo en la formación de nuestros hijos y qué clase de ciudadanos estamos formando. Claro que, para ello primero habría que preguntarnos qué clase de seres humanos somos, cómo estamos realizando nuestro papel de miembros de una sociedad a la que nos debemos, en la que deberían existir reglas elementales de comportamiento que nos ayuden a establecer una convivencia sana con nuestros semejantes y que sin necesidad de que nos obligaran a cumplirlas o fueran escritas en un documento, se pusieran en práctica y sobre todo, en el rol de padres de familia que desempeñamos, qué ejemplo damos a nuestros hijos con nuestra imagen, con nuestras palabras y con la educación que les damos día con día.

Es necesario hacer un alto a la permisividad, entendiendo esta como la falta de control ante una conducta inadecuada de mis hijos. Debemos entender que si de verdad es tan grande el amor que tenemos hacia esos maravillosos seres que un día planeamos tener debemos comenzar a educarlos de verdad y a vencer algunos de los temores que con frecuencia enfrentamos. Quizá el que nos resulta más difícil de enfrentar es nuestro pasado y con este las vivencias enfrentadas en nuestra infancia. A menudo comparamos todas las carencias que tuvimos cuando niños con la vida de nuestros hijos y esta es una de las causas que nos llevan a excedernos en la flexibilidad con la que vamos formando a los niños, en este sentido debemos entender que los nuestros fueron otros tiempos, vivimos en otro contexto bajo diferentes circunstancias, había carencias que nos fortalecieron, enfrentamos dificultades que nos hicieron madurar y el trato recibido de nuestros padres finamente nos ha llevado a conducirnos por la vida apoyándonos en la solución de las dificultades que enfrentamos, por lo tanto como padres, no tenemos por qué asumir el rol de salvar a nuestros hijos de vivir dificultades y menos aún llegar a los extremos pues, si no permitimos que nuestros hijos enfrenten apuros y sufran privaciones, cuándo aprenderán a buscar soluciones a conflictos, qué será lo que le lleve a madurar y crecer cognitivamente si los padres de familia siempre piensan por ellos, actúan por ellos y resuelven por ellos.

Otro factor que nos impide poner en práctica una buena educación, es el temor que sentimos tan solo de pensar que nuestros hijos nos pudieran considerar malos padres. Cierto a todos los padres nos gusta sentirnos queridos y saber que somos idolatrados por nuestros hijos, pero esto, no se gana mal educando a nuestra descendencia, se logra, poniendo límites, creando momentos en los que los hijos vayan asumiendo roles y entendiendo que en la vida hay reglas y que el hecho de que en casa no las respete, no quiere decir que pueda conducirse violando normas sociales. Si de verdad se ama a los hijos y deseamos que ellos nos quieran y respeten, regalémosles lo más valioso que podemos otorgarles… EDUCACIÓN.

Y finalmente concluyo recordándoles que es necesario que nuestros hijos se ubiquen en una realidad que nos guste o no, existe y es para todos; con ello quiero decir, nuestros hijos deben saber que los padres no somos eternos y que deben prepararse para vivir la vida con, sin y a pesar de nosotros por lo que no estaremos siempre para resolverles las dificultades a las que se enfrenten y por otra parte, una realidad más clara y precisa es que en la vida así como enseñamos a nuestros hijos aparentemente a ser libres, hay que recordarles que quienes nos rodean también son libres y que con ese principio, mi libertad no puede atentar contra la libertad de los demás.

Recordemos que antes de dar un crédito total a los sucesos que vive en la escuela o en la calle, hay que regalarle a las demás personas el beneficio de la duda, lo que nos permite ser justos y enseñarles a asumir las consecuencias de sus actos. Si mi hijo enfrenta un problema, fue castigado por su maestro o agredido por sus compañeros, tuvo que haber una razón, primero investiguemos y después tomemos decisiones y cuando la conducta de este, no es la que a mí me hubiera gustado, entonces reforcemos acciones para fortalecer su educación porque seguramente de experiencias como esta, logrará madurar un poco más.

Educar seres humanos felices, es tarea de todos.

ansurespj@hotmail.com