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Un poquito de atención marca la diferencia

  • Pedro Jaime Ansures Saucedo

Con frecuencia recibo cuestionamientos sobre mi insistencia en mis participaciones en este diario, en referencia las labores que debemos realizar los padres de familia para lograr una buena formación y educación de nuestros hijos. Y la verdad, es que considero necesario que cada vez seamos más las personas conscientes de nuestra labor como papás y como educadores de las nuevas generaciones.

Por ello en esta ocasión, deseo retomar el tema del uso de las drogas, que es necesario para los padres de niños que están dejando de serlo para convertirse en púberes o adolescentes y que mucho debe preocuparnos pero que sobre todo debemos saber cómo ocuparnos para que en esos momentos tan difíciles que enfrentan los jóvenes, reciban el apoyo principalmente de sus padres que son las personas que más los quieren y que con seguridad buscan darles lo mejor.

A muchos padres nos es difícil aceptar que nuestros hijos están siendo consumidores de una droga por muy común que esta sea. Mientras que otros muchos, ven muy normal que su hijo fume, o consuma alcohol desde los once años porque es prácticamente usual el consumo en la familia y aunque muchos adultos se auto clasifican como bebedores sociales, esto no garantiza, que sus hijos no vayan a caer en este mundo atroz que lleva a los jóvenes a sufrir graves daños emocionales y en ocasiones físicos.

Lo primero que debemos hacer como padres, es hablar abiertamente de este tema con nuestros hijos desde que están en edad de entender, explicarles claramente porque no es conveniente que lo consuman ellos y la razón lógica y convincente del porqué en la casa lo consumen mamá y papá. Esto nos llevará a establecer relaciones sanas que fortalecen a los jóvenes y que además les brinda seguridad.

Estas relaciones armónicas nos permiten involucrarnos en la vida de los muchachos de tal manera que ellos van sintiendo constantemente nuestra presencia como un apoyo y no como un acoso, pero a la vez nos daremos cuenta de quienes son las personas que les rodean con mayor frecuencia, es decir; quienes son sus compañeros más allegados, sus amigos cercanos y, sobre todo, la influencia que se provocan entre sí.

Es necesario no perder de vista el establecer las reglas adecuadas sobre el tema del uso de las drogas, de manera que, si para nosotros es normal que consuman por lo menos establecer horarios, lugares momentos y en algunos casos circunstancias y a la par incitarlos a realizar algún deporte o realizar alguna actividad saludable como formar parte de un club de lectura, formar parte de un equipo deportivo, etc.

Y si hemos avanzado en lo anterior, no perdamos el paradero de nuestros hijos, dónde está, con quién anda, lugares que frecuenta, etc. Y estemos atentos a su conducta y a cada una de sus actitudes porque hay alertas que no podemos ignorar, sobre todo aquéllas que son señales físicas que, si bien no se identifican fácilmente, con un poco de astucia podemos lograrlo. Porejemplo, cuando vemos que nuestro hijo tiene dificultades para pronunciar algunas palabras, habla demasiado aprisa o demasiado lento o bien sin razón alguna se altera, es muy probable que se esté acercando a algún estimulante.

Quienes consumen tabaco, tienen momentos de ansiedad muy marcados, igual que irritabilidad constante, un olor y aliento inusual y a veces tos constante, aunque no los veamos fumar, es probable que lo esté haciendo fuera de casa. Mientras que hay otras drogas que les ocasionarán más apetito de lo normal, otras veces inapetencia y en algunos casos, aunque no percibiremos olores diferentes ni en ellos ni en su ropa; notaremos los ojos inyectados de sangre y una total apatía a convivir con la familia. Pedirán que se les permita dormir más tiempo del habitual y su flojera será totalmente notoria.

No esperemos a que nuestros hijos confiesen si consumen drogas o no, no seamos tan obvios al tratar de investigar si esto sucede, pero sí hagamos lo necesario para que nuestros hijos no lleguen a consumir drogas por inofensivas que estas parezcan, recordemos que después de probar una, vendrá la curiosidad por probar otras y así sucesivamente y tal vez no tengan la madurez necesaria para decir no, por no haberle ayudado a desarrollar las habilidades que necesitaba para no caer en este bache.

Educar seres humanos felices, es tarea de todos.

ansurespj@hotmail.com
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