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Un sofisma: Patriotas de Nueva Inglaterra

  • Ignacio Martínez Ortiz

Sigo con el fut americano. Que el equipo ganador del reciente súper tazón, se llame así, Patriotas de Nueva Inglaterra es una curiosa paradoja. Pero es curiosa sólo a la luz de la forma que tenemos de pensar y actuar los mexicanos. Durante muchos años sentía que algo andaba mal; me esforcé por entenderla, y apenas creo poder decir de qué se trata.

Patriotas se refiere sin duda a los hombres que combatieron por la causa de las trece colonias que se independizaron de Inglaterra a finales del siglo XVIII; de los que forjaron la nueva “patria”. El dibujo que presentan en los uniformes y banderines del equipo da cuenta de ello. En esa figura se ve el rostro de un colono con los colores azules. Como el legendario Tomahawk. De color muy diferente al rojo que distinguía a los soldados del ejército británico. “Casacas rojas” les llamaban con desprecio los colonos e independentistas.

Los patriotas son pues los hombres de la “nueva” patria. No de la madre patria, Gran Bretaña, eh?

Pero he aquí que los Patriotas juegan y compiten por la región ubicada al norte de Nueva York; la región de Massachusetts. Que se conoce como Nueva Inglaterra y que fue precisamente la cuna de la independencia. Donde vivieron los Adams, Samuel y John, catatónicos y casi desesperados por promover la rebelión del pueblo para plantear la guerra bajo cualquier pretexto a la corona británica.

De manera increíble a ese territorio rebelde, donde está la ciudad de Boston y en cuyas cercanías se libraron los primeros combates, la batalla Bunker Hill (junio 1775), para ser precisos, conserva hasta nuestros días, parte del nombre de la aborrecible madre patria; de la que deseaba liberarse a toda costa. Nueva Inglaterra. Nueva… Inglaterra.

En el nombre mismo del territorio quedó el recuerdo de lo que habían sido; un apéndice americano de la corona británica.

Eso fue algo inadmisible para lo que ocurrió en México y en casi toda la América española. Aquí, cuando se consuma la independencia, once años después del grito del cura de Dolores (1821) una de las primeras medidas del naciente estado fue romper a la brevedad y terminantemente con todo lazo, de cualquier índole con España. Por supuesto, empezando con el mismo y aborrecible nombre. Nunca más la Nueva España. Impensable hubiese sido para las dos corrientes políticas, insurgentes y conservadores, con cuya rara unión, fue posible liberarse de la madre patria española, que se conservara en el nombre, o en la mitad de él, algo que recordara nuestro oprobioso pasado de sometimiento y esclavitud: súbditos de España.

El odio que se tuvo a todo lo español, se manifestó en nuestro país con fiereza sin igual; más que en ningún otro de la América española. Desde las masacres de Guanajuato, Celaya y Valladolid, en los primeros días del cura Hidalgo, hasta bien entrado el siglo XIX. Cualquier pretexto era bueno para levantar a sectores del pueblo e ir a “matar gachupines”, por el sólo hecho de recordarle a la plebe los varios siglos en que fuimos sus vasallos.
Jamás se podía haber imaginado que el estado de Jalisco conservara el nombre de Nueva Galicia o Valladolid, para la ciudad de Morelia. Nadie hubiese permitido semejante afrenta.

Pero con todo, ocurrió algo muy diferente y por ello extraordinario en la región de Boston. Ellos sí conservaron el nombre que los ingleses le dieron cuando civilizaron y dominaron, y con métodos no muy humanitarios aquella región. No les causó nunca ningún resquemor aceptar, en su nombre mismo, dónde se cimentaron sus orígenes. La aspiración por librarse de Inglaterra nunca los llevó a renegar y buscar irracionalmente la desaparición de todo vestigio del pasado, tal como hicimos nosotros.

Pero bueno así fue. Y lo curioso es que en los tiempos que corren, aún se nota la buena aceptación de su pasado remoto. El equipo de fut americano bien podía llamarse Patriotas de Boston o los Libertarios de Massachusetts. Pero no, sin temor asumen el nombre que de inmediato trae el recuerdo de la dominación de Gran Bretaña sobre el territorio norteamericano.

Claro, claro, volviendo a México, alguna vez el equipo del Necaxa, cambió de nombre; por un ratito, en los años setentas,fue Atlético “Español”. Un atentado; y como muchos equipos de los años treinta y cuarenta del pasado siglo, con nombres que hacían alusión a España, no permaneció con ese distintivos mucho tiempo. Atendiendo casi al clamor generalizado se les borraron esas ominosas palabras para alivio y salvaguarda de nuestro patrioterismo (vocinglero)… sí o no, preferiríamos la muerte antes que tolerar a unas Chivas Rayadas de la Nueva Galicia.