/ jueves 21 de febrero de 2019

Antonio Aguilar enfrentó a Díaz Ordaz por culpa de Emiliano Zapata

La figura de Emiliano Zapata no era tan explotada en el cine como lo era la de Francisco Villa… hasta que llegó Antonio Aguilar.

Antonio Aguilar se enfrentó al propio presidente de la República, en aquel entonces, Gustavo Díaz Ordaz, por la película a la que el zacatecano le tenía gran cariño: Emiliano Zapata y por la hasta había hipotecado su rancho...

La figura de Emiliano Zapata no era tan explotada en el cine como lo era la de Francisco Villa… hasta que llegó Antonio Aguilar.

Corría el año de 1969 y, aún estaba abierta la herida de la masacre de Tlatelolco, Díaz Ordaz estaba urgido por calmar los ánimos del pueblo y exaltar la animosidad patriótica, entonces, sugirió al encargado de la cinematografía nacional de la época, Emilio Rabasa, que se hiciera una película sobre Emiliano Zapata.

¿Pero quién sería el protagonista? Tenía que ser ranchero, montar a caballo… y fue el propio Gustavo Díaz Ordaz quien se acercó a Antonio Aguilar.

El propio Tony Aguilar comentó en una entrevista en 1997, que Díaz Ordaz le dijo: “Usted es el único hombre de a caballo que hay en el cine, un ranchero auténtico. Además, usted es hombre de la Revolución”

La verdad es que el zacatecano no daba el tipo, él era de tez blanca y estaba pasado de kilos. Lo de los kilos se quitaba con dietas, pero el color de piel… “eso de que no es usted moreno, pos pa’ eso hay maquillistas”, dijo el presidente Díaz Ordaz y todavía para convencerlo le ofreció: “Hay un departamento en el Banco Cinematográfico que dirige Emilio Rabasa, se llama Películas de Aliento Le dan 85% y 15% lo pone usted; al terminar, la película es suya”.

Antonio Aguilar se sometió a dietas para bajar 16 kilos. Costeó su película en 12 y medio millones de pesos, lo que le provocó casi un infarto a Rabasa, quien le dijo que “ya no había dinero para las grandes producciones de películas de aliento; pero no se preocupe, mientras usted filma acábese el millón y medio que tiene, y ya nosotros luego le conseguimos el dinero en Hacienda”.

Antonio Aguilar puso su rancho en garantía

Antonio Aguilar ya se había enamorado del proyecto fílmico, por lo que puso su rancho en garantía (sí, el de Tayahua) para obtener un préstamo de 10 millones de pesos, con la compañía Fiduciaria Aceptaciones.

Así, Antonio Aguilar no sólo protagonizaría la cinta, también sería el productor.

Habló con la familia de Zapata y comenzó a buscar sitios para filmar en los Estudios Churubusco adquirió la utilería de la producción estadunidense rodada allí, Soldier Blue (“todas las lonas, todos los caballos disecados, todo el armamento”) y viajó a Estados Unidos para conseguir “mil 500 calzones, mil 500 camisas, mil 500 sombreros, mil 500 pares de huaraches, mil 500 rifles, tres mil cananas para cruzarlas”.

Los problemas siguieron, según narró el propio Antonio Aguilar: “El guión tenía controversia, porque estaban los prozapatistas y los en contra Entonces fui a Estados Unidos y compré el libro de John Womack que me había entusiasmado y comencé el guión, quería un director que no quisiera ni a su mamá”.

El Sol de Zacatecas

La dirección recayó en Felipe Cazals, suya inexperiencia le costó caro al zacatecano.

“Por su inexperiencia se aventó 90 mil pies de película. Una película normal se lleva hora y media con nueve mil pies, entonces todo lo demás se tuvo que tirar”.

“Cazals padecía problemas psicológicos, trataba muy mal a los actores, les mentaba la madre, todo iba mal con él”.

Comenzó la filmación y Vetagrande se convirtió en Cuernavaca

Antonio Aguilar escogió como protagonista femenina a la actriz peruana Patricia Aspíllaga, a quien consideró una mujer muy preparada. “Cuando la invité a mi estudio y vio el retrato (de Emiliano), se hincó. Me acerqué, y con los ojos con lágrimas me enseñó su piel erizada ‘Desde muy chica supe quién era El Caudillo’, me dijo llorando”.

Comenzó la filmación en Panavisión. 18 mil extras participaron en la película. Puede verse a todos en la escena de la toma de Cuernavaca, que no se filmó en el “lugar de la eterna primavera”, sino en el municipio de Vetagrande, muy cercano a la capital zacatecana.

“¡Y con rifles, cañones, toda la historia muy bien llevada, muy bonita, todas las campesinas de los alrededores de Zacatecas, de Jerez, de Villanueva, de Río Grande, del cañón de Juchipila! Había gente de todos lados, o sea, con autenticidad y efectos especiales”, contaba con orgullo Antonio Aguilar.

20th Century Fox se interesó

El proyecto llamó la atención de 20th Century Fox. Robert Jacks, yerno de Darrul Zanuck, el entonces presidente de la compañía cinematográfica, vio algunos avances y le encantaron, le ofrecieron un millón de dólares a Antonio Aguilar para que les cediera los derechos para distribuirla internacionalmente.

“La estábamos haciendo en Panavisión, tenía grúas Chapman, tenía todo lo que un productor de Hollywood podía pedir. Total, dije yo, ya estoy del otro lado. Conseguí 10 millones en aceptaciones -empresa a la que le hipotecó su rancho- yo puse un millón y medio mío, ya son 11 y medio, me van a quedar un millón 700 mil para mí de un jalón ¡Ya la hice!”, contó en la entrevista.

Cuando terminó la filmación, Aguilar se fue a Hollywood sin Cazals, por sus “problemas psicologicos”.

“Entre David Brereton (ganador del Oscar por su edición de Cabaret, con Liza Minelli) y yo hicimos la edición en tres meses de la película en Technicolor. No importaba cuánto me tardara, po’s iba a recibir un millón de dólares”.

En México recortaron la película

Con mucha ilusión Antonio Aguilar regresó a México con 50 copias de la película, que eran muchas para la época. Gobernación pidió verla y le pasó tijera.

Ordenaron a la producción eliminar doce escenas de Emiliano Zapata, y al final declararon a la película subversiva (porque la masacre del 68 todavía era muy reciente).

Además, Díaz Ordaz ordenó que la película se estrenara (censurada) en los cines mexicanos que eran, de acuerdo con el productor, “de barriada, de a peso”, y como la cinta había sido rodada en Panavisión, las copias se arruinaron.

¡Lo amenazaron hasta con la cárcel!

“Me la censuró el licenciado Mario Moya Palencia, en 1969 subsecretario de Gobernación; y Rabasa en Cinematografía amenazó con encarcelarme si la exhibía en Estados Unidos. Una bala puede acabar con uno, pero a mí me asesinaron lentamente por incomprensión de la historia de México ¿Cómo decir que Zapata es subversivo? ¡No!, Zapata tenía un ideal, ¡Tierra y libertad! No lo comprendieron y me dejaron con mi deuda de 10 millones de pesos. Fue una de las decepciones más grandes de mi vida”

Antonio Aguilar se fue a Nueva York a presentar su corte de director.

“Yo estaba en el New York Hilton y me habla Anuar Badin, gerente de producción de Emiliano Zapata desde México y me dice: Ordena Cinematografía que si pasas la película a los señores de la 20th Centrury Fox, te meten a la cárcel y te la confiscan. Yo repuse: ¡Pues no me importa, que me la confisquen y que me metan a la cárcel! La vieron entre 40 y 43 personas en la sala de proyección de la 20th con Robert Jacks”

Fue un éxito. Le aplaudieron de pie. Un momento de gloria fugaz para el “charro de México”.

“Me paro frente a la pantalla y digo: Señores, lamentablemente les tengo que informar que el departamento de censura de México me ha exigido que le haga 12 cortes. Hubo un silencio. Salí, recogí mi copia Y al día siguiente, Robert Jacks me habló: Mira Tony, con cortes no hay película”.

Mi ilusión se la llevó el tren. No hubo trato y la oferta no se llevó a cabo. Llego a México endrogado (endeudado). Me habían arruinado todo. Entró el gobierno del licenciado (Luis) Echeverría en el 70, y como había ordenado 50 copias, se exhibieron en los cines de México y algunas partes de provincia. Lógico, po’s se echó a perder

Años después, Antonio Aguilar le pidió al presidente López Portillo que le regresaran las partes que le habían censurado dos sexenios antes y que tenía la RTC. Regresaron todas las escenas, excepto una en la que Zapata zarandea a Madero, porque esa escena se quemó durante el incendio de la Cineteca Nacional del 24 de marzo de 1982. Ese día, durante 16 horas, las llamas consumieron 99 por ciento del archivo fílmico nacional y extranjero que resguardaba la institución.

Así fue como por fin, tras 12 años de estar enlatada, la película de Emiliano Zapata fue estrenada (casi) completa y sin censura.

Antonio Aguilar se enfrentó al propio presidente de la República, en aquel entonces, Gustavo Díaz Ordaz, por la película a la que el zacatecano le tenía gran cariño: Emiliano Zapata y por la hasta había hipotecado su rancho...

La figura de Emiliano Zapata no era tan explotada en el cine como lo era la de Francisco Villa… hasta que llegó Antonio Aguilar.

Corría el año de 1969 y, aún estaba abierta la herida de la masacre de Tlatelolco, Díaz Ordaz estaba urgido por calmar los ánimos del pueblo y exaltar la animosidad patriótica, entonces, sugirió al encargado de la cinematografía nacional de la época, Emilio Rabasa, que se hiciera una película sobre Emiliano Zapata.

¿Pero quién sería el protagonista? Tenía que ser ranchero, montar a caballo… y fue el propio Gustavo Díaz Ordaz quien se acercó a Antonio Aguilar.

El propio Tony Aguilar comentó en una entrevista en 1997, que Díaz Ordaz le dijo: “Usted es el único hombre de a caballo que hay en el cine, un ranchero auténtico. Además, usted es hombre de la Revolución”

La verdad es que el zacatecano no daba el tipo, él era de tez blanca y estaba pasado de kilos. Lo de los kilos se quitaba con dietas, pero el color de piel… “eso de que no es usted moreno, pos pa’ eso hay maquillistas”, dijo el presidente Díaz Ordaz y todavía para convencerlo le ofreció: “Hay un departamento en el Banco Cinematográfico que dirige Emilio Rabasa, se llama Películas de Aliento Le dan 85% y 15% lo pone usted; al terminar, la película es suya”.

Antonio Aguilar se sometió a dietas para bajar 16 kilos. Costeó su película en 12 y medio millones de pesos, lo que le provocó casi un infarto a Rabasa, quien le dijo que “ya no había dinero para las grandes producciones de películas de aliento; pero no se preocupe, mientras usted filma acábese el millón y medio que tiene, y ya nosotros luego le conseguimos el dinero en Hacienda”.

Antonio Aguilar puso su rancho en garantía

Antonio Aguilar ya se había enamorado del proyecto fílmico, por lo que puso su rancho en garantía (sí, el de Tayahua) para obtener un préstamo de 10 millones de pesos, con la compañía Fiduciaria Aceptaciones.

Así, Antonio Aguilar no sólo protagonizaría la cinta, también sería el productor.

Habló con la familia de Zapata y comenzó a buscar sitios para filmar en los Estudios Churubusco adquirió la utilería de la producción estadunidense rodada allí, Soldier Blue (“todas las lonas, todos los caballos disecados, todo el armamento”) y viajó a Estados Unidos para conseguir “mil 500 calzones, mil 500 camisas, mil 500 sombreros, mil 500 pares de huaraches, mil 500 rifles, tres mil cananas para cruzarlas”.

Los problemas siguieron, según narró el propio Antonio Aguilar: “El guión tenía controversia, porque estaban los prozapatistas y los en contra Entonces fui a Estados Unidos y compré el libro de John Womack que me había entusiasmado y comencé el guión, quería un director que no quisiera ni a su mamá”.

El Sol de Zacatecas

La dirección recayó en Felipe Cazals, suya inexperiencia le costó caro al zacatecano.

“Por su inexperiencia se aventó 90 mil pies de película. Una película normal se lleva hora y media con nueve mil pies, entonces todo lo demás se tuvo que tirar”.

“Cazals padecía problemas psicológicos, trataba muy mal a los actores, les mentaba la madre, todo iba mal con él”.

Comenzó la filmación y Vetagrande se convirtió en Cuernavaca

Antonio Aguilar escogió como protagonista femenina a la actriz peruana Patricia Aspíllaga, a quien consideró una mujer muy preparada. “Cuando la invité a mi estudio y vio el retrato (de Emiliano), se hincó. Me acerqué, y con los ojos con lágrimas me enseñó su piel erizada ‘Desde muy chica supe quién era El Caudillo’, me dijo llorando”.

Comenzó la filmación en Panavisión. 18 mil extras participaron en la película. Puede verse a todos en la escena de la toma de Cuernavaca, que no se filmó en el “lugar de la eterna primavera”, sino en el municipio de Vetagrande, muy cercano a la capital zacatecana.

“¡Y con rifles, cañones, toda la historia muy bien llevada, muy bonita, todas las campesinas de los alrededores de Zacatecas, de Jerez, de Villanueva, de Río Grande, del cañón de Juchipila! Había gente de todos lados, o sea, con autenticidad y efectos especiales”, contaba con orgullo Antonio Aguilar.

20th Century Fox se interesó

El proyecto llamó la atención de 20th Century Fox. Robert Jacks, yerno de Darrul Zanuck, el entonces presidente de la compañía cinematográfica, vio algunos avances y le encantaron, le ofrecieron un millón de dólares a Antonio Aguilar para que les cediera los derechos para distribuirla internacionalmente.

“La estábamos haciendo en Panavisión, tenía grúas Chapman, tenía todo lo que un productor de Hollywood podía pedir. Total, dije yo, ya estoy del otro lado. Conseguí 10 millones en aceptaciones -empresa a la que le hipotecó su rancho- yo puse un millón y medio mío, ya son 11 y medio, me van a quedar un millón 700 mil para mí de un jalón ¡Ya la hice!”, contó en la entrevista.

Cuando terminó la filmación, Aguilar se fue a Hollywood sin Cazals, por sus “problemas psicologicos”.

“Entre David Brereton (ganador del Oscar por su edición de Cabaret, con Liza Minelli) y yo hicimos la edición en tres meses de la película en Technicolor. No importaba cuánto me tardara, po’s iba a recibir un millón de dólares”.

En México recortaron la película

Con mucha ilusión Antonio Aguilar regresó a México con 50 copias de la película, que eran muchas para la época. Gobernación pidió verla y le pasó tijera.

Ordenaron a la producción eliminar doce escenas de Emiliano Zapata, y al final declararon a la película subversiva (porque la masacre del 68 todavía era muy reciente).

Además, Díaz Ordaz ordenó que la película se estrenara (censurada) en los cines mexicanos que eran, de acuerdo con el productor, “de barriada, de a peso”, y como la cinta había sido rodada en Panavisión, las copias se arruinaron.

¡Lo amenazaron hasta con la cárcel!

“Me la censuró el licenciado Mario Moya Palencia, en 1969 subsecretario de Gobernación; y Rabasa en Cinematografía amenazó con encarcelarme si la exhibía en Estados Unidos. Una bala puede acabar con uno, pero a mí me asesinaron lentamente por incomprensión de la historia de México ¿Cómo decir que Zapata es subversivo? ¡No!, Zapata tenía un ideal, ¡Tierra y libertad! No lo comprendieron y me dejaron con mi deuda de 10 millones de pesos. Fue una de las decepciones más grandes de mi vida”

Antonio Aguilar se fue a Nueva York a presentar su corte de director.

“Yo estaba en el New York Hilton y me habla Anuar Badin, gerente de producción de Emiliano Zapata desde México y me dice: Ordena Cinematografía que si pasas la película a los señores de la 20th Centrury Fox, te meten a la cárcel y te la confiscan. Yo repuse: ¡Pues no me importa, que me la confisquen y que me metan a la cárcel! La vieron entre 40 y 43 personas en la sala de proyección de la 20th con Robert Jacks”

Fue un éxito. Le aplaudieron de pie. Un momento de gloria fugaz para el “charro de México”.

“Me paro frente a la pantalla y digo: Señores, lamentablemente les tengo que informar que el departamento de censura de México me ha exigido que le haga 12 cortes. Hubo un silencio. Salí, recogí mi copia Y al día siguiente, Robert Jacks me habló: Mira Tony, con cortes no hay película”.

Mi ilusión se la llevó el tren. No hubo trato y la oferta no se llevó a cabo. Llego a México endrogado (endeudado). Me habían arruinado todo. Entró el gobierno del licenciado (Luis) Echeverría en el 70, y como había ordenado 50 copias, se exhibieron en los cines de México y algunas partes de provincia. Lógico, po’s se echó a perder

Años después, Antonio Aguilar le pidió al presidente López Portillo que le regresaran las partes que le habían censurado dos sexenios antes y que tenía la RTC. Regresaron todas las escenas, excepto una en la que Zapata zarandea a Madero, porque esa escena se quemó durante el incendio de la Cineteca Nacional del 24 de marzo de 1982. Ese día, durante 16 horas, las llamas consumieron 99 por ciento del archivo fílmico nacional y extranjero que resguardaba la institución.

Así fue como por fin, tras 12 años de estar enlatada, la película de Emiliano Zapata fue estrenada (casi) completa y sin censura.

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