/ jueves 16 de agosto de 2018

Entre las cuerdas

Durante el recorrido que he realizado en los ambientes del boxeo y la lucha libre durante un buen tiempo, he ido aprendiendo a valorar muchas de esas situaciones en las que me he visto inmiscuido, unas veces solo como un simple espectador y en otras como uno más de los protagonistas en tramas que se presentan en todos los torneos o funciones de estos deportes, cuando comencé a asistir a presentaciones de boxeo me daba curiosidad el ver las diversas reacciones que tenían los entrenadores durante las peleas de sus pupilos y al término de los combates, en aquellos tiempos, según mi parecer, era común el observar como los pupilos eran tratados muchos de ellos sin respeto alguno y sin ninguna consideración, afortunadamente todas esas actitudes fueron desapareciendo y la conducta de los entrenadores fue modificando la forma del trato hacia sus atletas.

El papel del entrenador es difícil por la variedad de patrones que tiene que desarrollar, quien desea ser un buen entrenador, primeramente se desarrolla como un maestro, en otras como un líder e incluso tiene que tener dotes de organizador. El liderazgo es de suma importancia en cualquier deporte ya que ellos deben ayudar a cada uno de sus pupilos a alcanzar el máximo potencial, para lograr obtener resultados positivos, desarrollando una dirección con visión a largo plazo, trabajando con planes de acción para conseguir los fines fijados con anterioridad, asegurándose que cada uno de sus peleadores comprenda, asimile, y evalúe el papel que llevara a cabo y al mismo tiempo lo haga con el progreso o logro de las metas establecidas.

Los líderes ideales están comprometidos y creen en su trabajo por lo tanto deben de ser intrépidos buscando nuevas formas y oportunidades para hacer las cosas, deben buscar continuamente la innovación tanto en sus entrenamientos como con la actuación en los torneos o campeonatos. Deben ser habilitadores o facilitadores para que sus atletas logren establecer una visión hacia el futuro que les ayudara a poder tomar sus propias decisiones, haciéndolos sentir boxeadores fuertes y capaces, un buen entrenador se convierte también en un ser alentador al reconocer, celebrar y mostrar con orgullo los triunfos obtenidos, pero también debe de compartir las derrotas y las fallas sufridas por los peleadores.

Recuerdo en una ocasión un entrenador que trabajaba con el equipo de Nuevo León, al término del combate por alcanzar una medalla y que perdió su pupilo, al bajar del ring el peleador, el entrenador simplemente lo abrazo, se fueron de esa manera caminando para sentarse en un lugar alejado y ambos se sentaron en el piso, momentos después volví a observarlos, y me sorprendió ver que los dos se encontraban llorando sin mediar palabra alguna. Yo, únicamente pensé:

“Eso es ser un buen entrenador”.

Para fortuna muchas de esas actitudes y conductas las veo con mayor regularidad en los entrenadores actuales, en el torneo que se desarrolla en estos días, el llamado “Torneo Desarrollo de Talentos”, organizado por el Incufidez, tiene mucho de ello, entrenadores que acompañan a sus pupilos y los tratan con mucho aprecio y sobretodo con respeto, quedaron ya en el pasado esos regaños y llamadas de atención que denigraban a los peleadores, ahora son impulsados cuidando no sobrepasar las líneas para establecer una relación fructífera y llena de buenos resultados para el crecimiento del deportista en el terreno profesional y por supuesto en lo personal.


Durante el recorrido que he realizado en los ambientes del boxeo y la lucha libre durante un buen tiempo, he ido aprendiendo a valorar muchas de esas situaciones en las que me he visto inmiscuido, unas veces solo como un simple espectador y en otras como uno más de los protagonistas en tramas que se presentan en todos los torneos o funciones de estos deportes, cuando comencé a asistir a presentaciones de boxeo me daba curiosidad el ver las diversas reacciones que tenían los entrenadores durante las peleas de sus pupilos y al término de los combates, en aquellos tiempos, según mi parecer, era común el observar como los pupilos eran tratados muchos de ellos sin respeto alguno y sin ninguna consideración, afortunadamente todas esas actitudes fueron desapareciendo y la conducta de los entrenadores fue modificando la forma del trato hacia sus atletas.

El papel del entrenador es difícil por la variedad de patrones que tiene que desarrollar, quien desea ser un buen entrenador, primeramente se desarrolla como un maestro, en otras como un líder e incluso tiene que tener dotes de organizador. El liderazgo es de suma importancia en cualquier deporte ya que ellos deben ayudar a cada uno de sus pupilos a alcanzar el máximo potencial, para lograr obtener resultados positivos, desarrollando una dirección con visión a largo plazo, trabajando con planes de acción para conseguir los fines fijados con anterioridad, asegurándose que cada uno de sus peleadores comprenda, asimile, y evalúe el papel que llevara a cabo y al mismo tiempo lo haga con el progreso o logro de las metas establecidas.

Los líderes ideales están comprometidos y creen en su trabajo por lo tanto deben de ser intrépidos buscando nuevas formas y oportunidades para hacer las cosas, deben buscar continuamente la innovación tanto en sus entrenamientos como con la actuación en los torneos o campeonatos. Deben ser habilitadores o facilitadores para que sus atletas logren establecer una visión hacia el futuro que les ayudara a poder tomar sus propias decisiones, haciéndolos sentir boxeadores fuertes y capaces, un buen entrenador se convierte también en un ser alentador al reconocer, celebrar y mostrar con orgullo los triunfos obtenidos, pero también debe de compartir las derrotas y las fallas sufridas por los peleadores.

Recuerdo en una ocasión un entrenador que trabajaba con el equipo de Nuevo León, al término del combate por alcanzar una medalla y que perdió su pupilo, al bajar del ring el peleador, el entrenador simplemente lo abrazo, se fueron de esa manera caminando para sentarse en un lugar alejado y ambos se sentaron en el piso, momentos después volví a observarlos, y me sorprendió ver que los dos se encontraban llorando sin mediar palabra alguna. Yo, únicamente pensé:

“Eso es ser un buen entrenador”.

Para fortuna muchas de esas actitudes y conductas las veo con mayor regularidad en los entrenadores actuales, en el torneo que se desarrolla en estos días, el llamado “Torneo Desarrollo de Talentos”, organizado por el Incufidez, tiene mucho de ello, entrenadores que acompañan a sus pupilos y los tratan con mucho aprecio y sobretodo con respeto, quedaron ya en el pasado esos regaños y llamadas de atención que denigraban a los peleadores, ahora son impulsados cuidando no sobrepasar las líneas para establecer una relación fructífera y llena de buenos resultados para el crecimiento del deportista en el terreno profesional y por supuesto en lo personal.


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