/ domingo 16 de diciembre de 2018

Iglesia y políticos impiden una muerte digna: Arnoldo Kraus

El catedrático de la UNAM y especialista en Bioética detalla por qué en México no hay condiciones para asumir debates de fondo en materia de bien morir, voluntad anticipada o cuidados paliativos para todos

Por culpa de una mentalidad excesivamente religiosa, una clase política indiferente y una sociedad poco contestataria, los mexicanos estamos muy lejos de tener las condiciones propicias para una muerte digna, con cuidados paliativos accesibles.

“Por el contrario contamos con pocas alternativas para reducir el dolor en enfermedades terminales y carecemos de opciones para poner punto final al sufrimiento innecesario”, asegura Arnoldo Kraus, médico especializado en bioética, quien ha dedicado su vida entera a estudiar a los pacientes con enfermedades incurables desde el punto de vista humano, filosófico y biológico.

No te pierdas: AMLO plantea la inclusión de eutanasia en el sistema de salud

Foto Mauricio Huizar | El Sol de México


Aun cuando le parece urgente que discutamos la bioética en estos tiempos, no ve condiciones en nuestro país para asumir debates de fondo en materia de bien morir, voluntad anticipada o cuidados paliativos para todos. Mucho menos para entrar a temas como la eutanasia o el suicidio asistido, que serían las expresiones máximas del ejercicio de la autonomía de los seres humanos para morir dignamente.

El también catedrático de la UNAM ve en el acelerado avance tecnológico un arma de dos filos, que salva muchas vidas, pero al mismo tiempo encuentra cada vez más formas para alargar la vida de manera artificial y, con ello, el dolor y el sufrimiento, muchas veces con la connivencia de sistemas de salud que se benefician económicamente de prolongar vidas que bien saben que jamás recuperarán la salud o la conciencia.

Considera que en México el cuadro empeora debido a un sistema público de salud quebrado, incapaz de cumplir su función tanto por falta de recursos económicos como por un crecimiento poblacional que rebasa sus capacidades.

Mexicanos, muerte e iglesia

Kraus rechaza que como pueblo seamos tan amigos de la muerte como presumimos cada 2 de noviembre, Día de Muertos. “Creo que es una historia y una tradición que no es válida. Me imagino que para la gran mayoría de las sociedades del mundo el día de la muerte aterra”.

Por el contrario, tiene la creencia de que en países budistas como Bután o el Tibet, sí tienen una cultura que les permite realmente conectar bien el inicio de la vida con la muerte. Los países que tiene un índice de felicidad más alto son estos países orientales budistas, que han construido una narrativa bien codificada al respecto. “Hay todo un mar de diferencia entre los tibetanos, los budistas y los mexicanos”.

Asegura que por desgracia, en México la religión pesa todavía demasiado al momento de procesar los temas de las enfermedades terminales y el fin de la vida. Ciertamente aquí ya se habla de leyes de voluntad anticipada, que es vigente en 18 estados de la República, pero que muchas veces no se cumple aunque esté firmada ante notario, o porque los médicos se niegan a acatarla, o porque los familiares no quieren hacerla valer.

No se habla de suicidio médico, no está permitido. Tampoco de eutanasia activa. Estamos muy lejos de eso, en buena parte porque hay una influencia eclesiástica muy fuerte y por qué nuestros políticos no se distinguen por avanzar desde muchos puntos de vista intelectuales.

Arnoldo Kraus

Afirma que es de una gran urgencia en este siglo, en este año 2018 que concluye, que México y el mundo hablen de los temas concernientes a la bioética de manera más seria y a fondo. “No hay día en que en la radio o en la prensa escrita no se aborde algo que tenga que ver con la bioética. Recientemente nos enteramos de bebés chinos a los que se les modificaron los genes porque el padre tenía sida. No hay día que no se hable de aborto, de eutanasia, de clonación y ingeniería genética”.

Lee también: La Constitución y la muerte digna

Contrario a lo que podría argumentarse, no cree que la sociedad mexicana se esté secularizando y alejando de la religión tan aceleradamente como pareciera. De hecho percibe una tendencia en el mundo a abandonar el Estado laico. “Bolsonaro en Brasil se arrodilla para pedirle auxilio a Dios; López Obrador en México también, en una ceremonia indígena. Polonia y Hungría van hacia la extrema derecha azuzados por una Iglesia que abomina del aborto, la eutanasia y la homosexualidad”.

“Hay mucho peso de la Iglesia, sobre todo en la gente que no puede ser contestataria. Mucho de la religión se infunde por miedo, por temor y por decir que si no te portas de cierta forma no te vas a ir al Paraíso. Cuando hay capacidad contestataria en la sociedad estos discursos no te afectan. Pero en las clases pobres mexicanas eso no pasa. Los pobres mexicanos están en la búsqueda de su sobrevivencia diaria, no reflexionan filosóficamente sobre la veracidad del discurso eclesiástico ni cómo oponerse a él”.

Para Kraus oponerse al discurso de la fe requiere autonomía plena del individuo, que es cuando cada persona ejerce su voluntad sin dañar a otros. “Es seguir tus pensamientos, tus ideas y hacer acciones a partir de lo que tú consideras que es válido, siempre sin dañar a otras personas. Pero la Iglesia no valora la autonomía. En este caso en particular, Dios da la vida y solo él puede quitarla.

“Los que se han opuesto a tal discurso han sido excomulgados. Yo tenía mucha esperanza en que el papa Francisco abordara de manera moderna temas cruciales como el aborto, la eutanasia, el matrimonio de los sacerdotes, que las mujeres oficien, pero no ha avanzado nada en eso”.

Foto Mauricio Huizar | El Sol de México


Cuidados paliativos y morfina

Aminorar el dolor durante las enfermedades terminales requiere cuidados paliativos. “Quien tiene acceso a los cuidados paliativos deja del lado la opción de la eutanasia. El problema aquí, una vez más, es que los buenos cuidados cuestan muchísimo dinero. México ocupa un lugar muy bajo en el mundo en cuanto a distribución de los cuidados paliativos, porque implican una serie de herramientas tecnológicas, médicos, de casas, de dispositivos muy caros.”

“Empezaré diciendo que es poco accesible la morfina en México y además agregaría que es terrible porque la morfina es un medicamento muy barato y generalmente te permite vivir los últimos días con cierta dignidad si es que se distribuye adecuadamente. En pocos lugares de México consigues morfina. Y hacia el final de la vida, morfina y cuidados paliativos son tan importantes para una persona, como para mí y para ti beber agua el día de hoy.”

Lee: Derecho a la muerte digna, paso crucial: Valadés

Y relata lo que ha pasado en Estados Unidos donde se ha propiciado una epidemia de suicidios por el exceso en suministros de analgésicos para tratar cáncer o para tratar enfermedades que producen mucho dolor. Entonces los médicos inadvertidamente recetaron derivados de opiáceos de morfina en gran cantidad y la tasa de suicidios allá por no conseguir este medicamento ha crecido.

“Si esto pasa en sociedades aparentemente desarrolladas o urbanizadas, imaginemos lo que debe pasar en la Sierra de Oaxaca, en la sierra de Puebla, en el desierto de Zacatecas. No creo que en estos lugares la situación sea mucho mejor. Los cuidados paliativos sirven si hay dinero, sirven si los puedes probar; si no, no hay cómo ofrecerlos.”

Afirma que en el mundo hay un exceso de fuentes de opiáceos, pero se van hacia la fabricación de drogas ilícitas. En India sólo el 4% de la población tiene acceso a morfina con fines medicinales, en Nigeria el 0.2% de la población.

Suicidio asistido

Arnoldo Kraus reconoce que el tema es complejo en todo el mundo no sólo en México. Hay muy pocos países que tienen en sus códigos oficiales aceptada la eutanasia: Holanda, Luxemburgo, Suiza, Bélgica, Colombia, recientemente en Canadá. En Estados Unidos algunos estados han legislado sobre el suicidio asistido, que es una variante de la eutanasia, como es en el caso de California.

Bélgica ya la tiene legalizada en menores de edad y en Holanda también ya existe. En este país incluso el parlamento ya tiene en análisis si es legítimo o no judicialmente autorizar la eutanasia a personas de la tercera edad que ya no quieren vivir pero que no están enfermas y que no tienen el valor de suicidarse, pero que buscan morir por que viven solos, porque no tienen dinero, porque sienten que la vida ya se acabó.

Tecnología y sus usos

Sobre los avances tecnológicos para ayudar a enfermos terminales a tener un fin digno, Kraus se muestra escéptico. “En muchas facetas atesoro a la tecnología, pero también la detesto. Es un bien y es un mal en muchos aspectos. En los aspectos de la vida es maravilloso pero en ocasiones es terrible”.

Refiere que hace muchos años, un gran pensador, Iván Ilich, acuñó el término de medicalizarla vida. Ilich era un austriaco que vivió un tiempo en Cuernavaca, era sacerdote jesuita, escritor, filósofo. Él habló, en los años 50 del siglo pasado, de los avances de la biomedicina, de lo vertiginosos que eran. “Con ese término aludía a que tanto avance propiciaba que se salvaran muchas vidas, pero que también se estaba prolongando la muerte de una forma innecesaria y se atendía a enfermos moribundos, sin esperanza, durante un tiempo prolongado y sin sentido.”

Entérate: Científico de 104 años muere tras un suicidio asistido en Suiza

A este fenómeno colaboraron la incompetencia de los médicos, incapaces de ver más allá de la tecnología y el no ir más allá significa cavilar en las cuestiones filosóficas de la vida y de la muerte, en las aristas poético literarias de haber nacido y de morir con cierta dignidad o con mucha dignidad si se puede. Peor aún la ética médica sucumbe ante lo que sea redituable económicamente.

Para finalizar, el doctor Kraus califica la calidad de la salud en México y la distribución de los médicos y la accesibilidad de diversos medicamentos y salas de operación.

“La calidad de atención va en decremento por dos razones: uno, por la falta de recursos económicos; y, dos por el crecimiento poblacional. Crecimiento que no sólo es demográfico sino de personas que no pueden pagar medicina privada. La cual muchas veces también es muy mala, muy mediocre y tienen que acudir a instituciones gubernamentales”.

Y es así que te enteras por los pacientes que van al Seguro Social que viajan dos o tres horas para atenderse, esperan una o dos horas en la sala de espera, para que al final el doctor los atienda cinco minutos, les toman la presión; 10 minutos máximo. “Eso no es medicina”, remata.

Por culpa de una mentalidad excesivamente religiosa, una clase política indiferente y una sociedad poco contestataria, los mexicanos estamos muy lejos de tener las condiciones propicias para una muerte digna, con cuidados paliativos accesibles.

“Por el contrario contamos con pocas alternativas para reducir el dolor en enfermedades terminales y carecemos de opciones para poner punto final al sufrimiento innecesario”, asegura Arnoldo Kraus, médico especializado en bioética, quien ha dedicado su vida entera a estudiar a los pacientes con enfermedades incurables desde el punto de vista humano, filosófico y biológico.

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Foto Mauricio Huizar | El Sol de México


Aun cuando le parece urgente que discutamos la bioética en estos tiempos, no ve condiciones en nuestro país para asumir debates de fondo en materia de bien morir, voluntad anticipada o cuidados paliativos para todos. Mucho menos para entrar a temas como la eutanasia o el suicidio asistido, que serían las expresiones máximas del ejercicio de la autonomía de los seres humanos para morir dignamente.

El también catedrático de la UNAM ve en el acelerado avance tecnológico un arma de dos filos, que salva muchas vidas, pero al mismo tiempo encuentra cada vez más formas para alargar la vida de manera artificial y, con ello, el dolor y el sufrimiento, muchas veces con la connivencia de sistemas de salud que se benefician económicamente de prolongar vidas que bien saben que jamás recuperarán la salud o la conciencia.

Considera que en México el cuadro empeora debido a un sistema público de salud quebrado, incapaz de cumplir su función tanto por falta de recursos económicos como por un crecimiento poblacional que rebasa sus capacidades.

Mexicanos, muerte e iglesia

Kraus rechaza que como pueblo seamos tan amigos de la muerte como presumimos cada 2 de noviembre, Día de Muertos. “Creo que es una historia y una tradición que no es válida. Me imagino que para la gran mayoría de las sociedades del mundo el día de la muerte aterra”.

Por el contrario, tiene la creencia de que en países budistas como Bután o el Tibet, sí tienen una cultura que les permite realmente conectar bien el inicio de la vida con la muerte. Los países que tiene un índice de felicidad más alto son estos países orientales budistas, que han construido una narrativa bien codificada al respecto. “Hay todo un mar de diferencia entre los tibetanos, los budistas y los mexicanos”.

Asegura que por desgracia, en México la religión pesa todavía demasiado al momento de procesar los temas de las enfermedades terminales y el fin de la vida. Ciertamente aquí ya se habla de leyes de voluntad anticipada, que es vigente en 18 estados de la República, pero que muchas veces no se cumple aunque esté firmada ante notario, o porque los médicos se niegan a acatarla, o porque los familiares no quieren hacerla valer.

No se habla de suicidio médico, no está permitido. Tampoco de eutanasia activa. Estamos muy lejos de eso, en buena parte porque hay una influencia eclesiástica muy fuerte y por qué nuestros políticos no se distinguen por avanzar desde muchos puntos de vista intelectuales.

Arnoldo Kraus

Afirma que es de una gran urgencia en este siglo, en este año 2018 que concluye, que México y el mundo hablen de los temas concernientes a la bioética de manera más seria y a fondo. “No hay día en que en la radio o en la prensa escrita no se aborde algo que tenga que ver con la bioética. Recientemente nos enteramos de bebés chinos a los que se les modificaron los genes porque el padre tenía sida. No hay día que no se hable de aborto, de eutanasia, de clonación y ingeniería genética”.

Lee también: La Constitución y la muerte digna

Contrario a lo que podría argumentarse, no cree que la sociedad mexicana se esté secularizando y alejando de la religión tan aceleradamente como pareciera. De hecho percibe una tendencia en el mundo a abandonar el Estado laico. “Bolsonaro en Brasil se arrodilla para pedirle auxilio a Dios; López Obrador en México también, en una ceremonia indígena. Polonia y Hungría van hacia la extrema derecha azuzados por una Iglesia que abomina del aborto, la eutanasia y la homosexualidad”.

“Hay mucho peso de la Iglesia, sobre todo en la gente que no puede ser contestataria. Mucho de la religión se infunde por miedo, por temor y por decir que si no te portas de cierta forma no te vas a ir al Paraíso. Cuando hay capacidad contestataria en la sociedad estos discursos no te afectan. Pero en las clases pobres mexicanas eso no pasa. Los pobres mexicanos están en la búsqueda de su sobrevivencia diaria, no reflexionan filosóficamente sobre la veracidad del discurso eclesiástico ni cómo oponerse a él”.

Para Kraus oponerse al discurso de la fe requiere autonomía plena del individuo, que es cuando cada persona ejerce su voluntad sin dañar a otros. “Es seguir tus pensamientos, tus ideas y hacer acciones a partir de lo que tú consideras que es válido, siempre sin dañar a otras personas. Pero la Iglesia no valora la autonomía. En este caso en particular, Dios da la vida y solo él puede quitarla.

“Los que se han opuesto a tal discurso han sido excomulgados. Yo tenía mucha esperanza en que el papa Francisco abordara de manera moderna temas cruciales como el aborto, la eutanasia, el matrimonio de los sacerdotes, que las mujeres oficien, pero no ha avanzado nada en eso”.

Foto Mauricio Huizar | El Sol de México


Cuidados paliativos y morfina

Aminorar el dolor durante las enfermedades terminales requiere cuidados paliativos. “Quien tiene acceso a los cuidados paliativos deja del lado la opción de la eutanasia. El problema aquí, una vez más, es que los buenos cuidados cuestan muchísimo dinero. México ocupa un lugar muy bajo en el mundo en cuanto a distribución de los cuidados paliativos, porque implican una serie de herramientas tecnológicas, médicos, de casas, de dispositivos muy caros.”

“Empezaré diciendo que es poco accesible la morfina en México y además agregaría que es terrible porque la morfina es un medicamento muy barato y generalmente te permite vivir los últimos días con cierta dignidad si es que se distribuye adecuadamente. En pocos lugares de México consigues morfina. Y hacia el final de la vida, morfina y cuidados paliativos son tan importantes para una persona, como para mí y para ti beber agua el día de hoy.”

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Y relata lo que ha pasado en Estados Unidos donde se ha propiciado una epidemia de suicidios por el exceso en suministros de analgésicos para tratar cáncer o para tratar enfermedades que producen mucho dolor. Entonces los médicos inadvertidamente recetaron derivados de opiáceos de morfina en gran cantidad y la tasa de suicidios allá por no conseguir este medicamento ha crecido.

“Si esto pasa en sociedades aparentemente desarrolladas o urbanizadas, imaginemos lo que debe pasar en la Sierra de Oaxaca, en la sierra de Puebla, en el desierto de Zacatecas. No creo que en estos lugares la situación sea mucho mejor. Los cuidados paliativos sirven si hay dinero, sirven si los puedes probar; si no, no hay cómo ofrecerlos.”

Afirma que en el mundo hay un exceso de fuentes de opiáceos, pero se van hacia la fabricación de drogas ilícitas. En India sólo el 4% de la población tiene acceso a morfina con fines medicinales, en Nigeria el 0.2% de la población.

Suicidio asistido

Arnoldo Kraus reconoce que el tema es complejo en todo el mundo no sólo en México. Hay muy pocos países que tienen en sus códigos oficiales aceptada la eutanasia: Holanda, Luxemburgo, Suiza, Bélgica, Colombia, recientemente en Canadá. En Estados Unidos algunos estados han legislado sobre el suicidio asistido, que es una variante de la eutanasia, como es en el caso de California.

Bélgica ya la tiene legalizada en menores de edad y en Holanda también ya existe. En este país incluso el parlamento ya tiene en análisis si es legítimo o no judicialmente autorizar la eutanasia a personas de la tercera edad que ya no quieren vivir pero que no están enfermas y que no tienen el valor de suicidarse, pero que buscan morir por que viven solos, porque no tienen dinero, porque sienten que la vida ya se acabó.

Tecnología y sus usos

Sobre los avances tecnológicos para ayudar a enfermos terminales a tener un fin digno, Kraus se muestra escéptico. “En muchas facetas atesoro a la tecnología, pero también la detesto. Es un bien y es un mal en muchos aspectos. En los aspectos de la vida es maravilloso pero en ocasiones es terrible”.

Refiere que hace muchos años, un gran pensador, Iván Ilich, acuñó el término de medicalizarla vida. Ilich era un austriaco que vivió un tiempo en Cuernavaca, era sacerdote jesuita, escritor, filósofo. Él habló, en los años 50 del siglo pasado, de los avances de la biomedicina, de lo vertiginosos que eran. “Con ese término aludía a que tanto avance propiciaba que se salvaran muchas vidas, pero que también se estaba prolongando la muerte de una forma innecesaria y se atendía a enfermos moribundos, sin esperanza, durante un tiempo prolongado y sin sentido.”

Entérate: Científico de 104 años muere tras un suicidio asistido en Suiza

A este fenómeno colaboraron la incompetencia de los médicos, incapaces de ver más allá de la tecnología y el no ir más allá significa cavilar en las cuestiones filosóficas de la vida y de la muerte, en las aristas poético literarias de haber nacido y de morir con cierta dignidad o con mucha dignidad si se puede. Peor aún la ética médica sucumbe ante lo que sea redituable económicamente.

Para finalizar, el doctor Kraus califica la calidad de la salud en México y la distribución de los médicos y la accesibilidad de diversos medicamentos y salas de operación.

“La calidad de atención va en decremento por dos razones: uno, por la falta de recursos económicos; y, dos por el crecimiento poblacional. Crecimiento que no sólo es demográfico sino de personas que no pueden pagar medicina privada. La cual muchas veces también es muy mala, muy mediocre y tienen que acudir a instituciones gubernamentales”.

Y es así que te enteras por los pacientes que van al Seguro Social que viajan dos o tres horas para atenderse, esperan una o dos horas en la sala de espera, para que al final el doctor los atienda cinco minutos, les toman la presión; 10 minutos máximo. “Eso no es medicina”, remata.

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