/ sábado 28 de marzo de 2020

Una campana del siglo XVI repica para alertar a los suizos

La Clemence es una campana fabricada en 1518, y sus 3.4 toneladas de acero hacen un estruendo ensordecedor

enato Hausler grita la hora desde el campanario de la catedral de Lausana y justo después le sigue la centenaria campana que solo tañe cuando la habitualmente tranquila ciudad suiza de la ribera del Lago Leman está en peligro.

El vigilante nocturno tañe La Clemence (La Clemencia), una campana fabricada en 1518, para llamar a la solidaridad a los lausaneses y hacer frente a la pandemia del coronavirus, dice Hausler a la AFP.

Sus 3.4 toneladas de acero hacen un estruendo ensordecedor que rompe la tranquilidad de la noche desde lo alto de la ciudad y se oye a leguas a la redonda.

Su sonido suena en armonía con las de María Magdalena, Lombard y las otras cuatro campanas de la torre.

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Con su sombrero de fieltro y una linterna para alumbrar el camino, Hausler hace repicar la campana tres veces, una pausa, y vuelve a repicar seis veces. Y repite la cadencia.

Cada noche sin falta, Hausler o uno de sus ayudantes gritan la hora desde las 22H00 a las 02H00, al norte, al sur, al este y al oeste desde lo alto del campanario, situado a 153 escalones del suelo de la catedral.

Lausana es uno de los últimos lugares en Europa que todavía tiene un vigilante nocturno para anunciar la hora. Hausler lleva haciendo este trabajo a tiempo completo desde 2002.

Las primeras referencias escritas de un vigilante nocturno se remontan a 1405, a raíz de un devastador incendio que arrasó la ciudad.

"Durante el desastre, la campana tañía para animar a los habitantes y hacer hacer que la gente combatiera junta el fuego", dice Hausler.

Unido a la red de vigilantes del templo, el vigía del campanario de la catedral, ubicada en el punto más alto de Lausana, dio la alarma a la ciudad lo antes que pudo.

- Más de 200 muertos -

Siglos después, el peligro acecha de nuevo en la ribera del lago y las campanas vuelven a repicar durante tres largos minutos.

Más de 13 mil personas en Suiza han dado positivo al COVID-19 y más de 230 han muerto, según el ministerio de Salud.

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El cantón francófono de Vaud, que rodea a Lausana, cuenta con el mayor número de casos de los 26 cantones suizos, con cerca de 3 mil personas infectadas.

El país alpino no ha confinado a su población, pero las reuniones de más de cinco personas en el exterior están prohibidas.

Por la noche, las calles de Lausana, una ciudad de estudiantes habitualmente llena de vida, están extrañamente silenciosas.

"Desde las medidas restrictivas que instan a la gente a quedarse en casa, ha cambiado totalmente", dice Hausler.

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"Toda la semana ha estado tranquila, incluso a partir de las 20h00, y cuando vengo aquí apenas hay actividad en torno a la catedral ni en la ciudad, por lo que hay una paz que nunca había vivido", agrega.

"Esta tranquilidad se debe parecer a cómo era en el pasado, antes de que hubiera todo este ruido de tráfico", opina. "Quizá haya otra cosa más que nos permitiría trasladarnos a la vida de en edad la Edad Media: apagar las luces".

Además de Lausana, otras seis ciudades europeas siguen manteniendo su campanero nocturno: Annaberg, Celle y Nordlingen en Alemania; Ripon en Gran Bretaña; Cracovia en Polonia e Ystad en Suecia.

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enato Hausler grita la hora desde el campanario de la catedral de Lausana y justo después le sigue la centenaria campana que solo tañe cuando la habitualmente tranquila ciudad suiza de la ribera del Lago Leman está en peligro.

El vigilante nocturno tañe La Clemence (La Clemencia), una campana fabricada en 1518, para llamar a la solidaridad a los lausaneses y hacer frente a la pandemia del coronavirus, dice Hausler a la AFP.

Sus 3.4 toneladas de acero hacen un estruendo ensordecedor que rompe la tranquilidad de la noche desde lo alto de la ciudad y se oye a leguas a la redonda.

Su sonido suena en armonía con las de María Magdalena, Lombard y las otras cuatro campanas de la torre.

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Con su sombrero de fieltro y una linterna para alumbrar el camino, Hausler hace repicar la campana tres veces, una pausa, y vuelve a repicar seis veces. Y repite la cadencia.

Cada noche sin falta, Hausler o uno de sus ayudantes gritan la hora desde las 22H00 a las 02H00, al norte, al sur, al este y al oeste desde lo alto del campanario, situado a 153 escalones del suelo de la catedral.

Lausana es uno de los últimos lugares en Europa que todavía tiene un vigilante nocturno para anunciar la hora. Hausler lleva haciendo este trabajo a tiempo completo desde 2002.

Las primeras referencias escritas de un vigilante nocturno se remontan a 1405, a raíz de un devastador incendio que arrasó la ciudad.

"Durante el desastre, la campana tañía para animar a los habitantes y hacer hacer que la gente combatiera junta el fuego", dice Hausler.

Unido a la red de vigilantes del templo, el vigía del campanario de la catedral, ubicada en el punto más alto de Lausana, dio la alarma a la ciudad lo antes que pudo.

- Más de 200 muertos -

Siglos después, el peligro acecha de nuevo en la ribera del lago y las campanas vuelven a repicar durante tres largos minutos.

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El país alpino no ha confinado a su población, pero las reuniones de más de cinco personas en el exterior están prohibidas.

Por la noche, las calles de Lausana, una ciudad de estudiantes habitualmente llena de vida, están extrañamente silenciosas.

"Desde las medidas restrictivas que instan a la gente a quedarse en casa, ha cambiado totalmente", dice Hausler.

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"Esta tranquilidad se debe parecer a cómo era en el pasado, antes de que hubiera todo este ruido de tráfico", opina. "Quizá haya otra cosa más que nos permitiría trasladarnos a la vida de en edad la Edad Media: apagar las luces".

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