/ lunes 19 de agosto de 2019

El circo Atayde... un sueño con raíces zacatecanas

Aurelio Atayde labraba la tierra en Fresnillo, Zacatecas

¡Vamos, vamos, vamos! ¡Al circo Atayde Hermanos! Decía el promocional que anunciaba que el circo llegaba a la ciudad… Las carpas del Atayde eran grandísimas, con colores que brillaban con el sol, al menos así las veían los ojos infantiles. La historia de este gran circo de poco más de 130 años tiene mucha relación con Zacatecas, específicamente con Fresnillo.

Fue Aurelio Atayde quien tuvo un gran sueño mientras hacía surcos en la tierra de Fresnillo, Zacatecas, quería ser acróbata, quería estar en un circo, cambiar el arado tirado por bueyes, por los aplausos, los payasos y las risas de los niños.

Un buen día, Aurelio se fue de casa y se unió a una caravana de payasos, magos y acróbatas, era el año de 1888.

Ese año, el presidente de México era Porfirio Díaz, quien buscaba la reelección, el ferrocarril era el boom de inversiones en nuestro país y, precisamente en uno de esos trenes Aurelio Atayde llegó el 26 de agosto de 1888 a Mazatlán, con su pequeña compañía, con muchos fierros que sostendrían las carpas y un montón de sueños, los mismos que le mantuvieron con vida en la agreste tierra fresnillense.

Tuvo que trabajar, para abrirse caminos en el mundo circense, pero tuvo éxito, Aurelio confiaba en sus artistas y sobre todo confiaba en su propio talento, así, en 1910, logró convertir a su compañía en todo un fenómeno en gran arte del país y era acompañado por sus hermanos, Manuel, Andrés Margarita y Refugio.

En el convulso México revolucionario, los hermanos Atayde conocen a un político, que cambiaría la historia de nuestro país: Francisco I. Madero, quien les ofreció 100 pesos para utilizar su circo y realizar un mitin político del Partido Nacional Antireeleccionista. Oferta que fue aceptada por los empresarios circenses.

Las aventuras de Francisco Atayde

Tres años después, en 1913, cuando el circo realizaba una gira por Querétaro, se rumoró que los militares planeaban robarse a las muchachas del circo, lo que ponía en riesgo la función de la noche, Aurelio no aceptó suspender la función de la noche y armó un espectáculo sin elenco femenino. Los soldados al ver que no salían las mujeres comenzaron a abuchear, entonces Francisco Atayde salió a la pista con un chango barrista, logrando tal actuación que los militares comenzaron a arrojar dinero y aplaudieron.

Hay la anécdota en las páginas de la historia del circo, que Francisco estaba tan feliz y contento, que al salir de la carpa no se fijó en la presencia de un soldado yaqui, que pistola en mano le indagó: “¡Dígame dónde están las muchachas!”. Asustado, Francisco le dio al soldado todas las monedas recaudadas por el chango. El oficial se va, pero Francisco, del espanto, se quedó con una disentería que padeció toda su vida.

En esa misma época, el robo de caballería era una práctica recurrente tanto por los federales como por los revolucionarios y, un día, sorprendieron a Francisco y le cuestionaron sobre la ubicación de los caballos del circo, al no querer brindar información, fue puesto frente a un pelotón de fusilamiento, pero de esas cosas de la vida, logró escapar con vida.

Durante 20 años, el Circo Atayde recorrió Sudamérica, Centroamérica y Europa, con éxito, México se recuperaba de la convulsión revolucionaria y, los hermanos Atayde decidieron regresar al país, era diciembre de 1945. Ya no tenían tantos trabajadores, por lo que se instalaron en un predio ubicado en el cruce de Eje Central y Fray Servando Teresa de Mier, en la capital mexicana.

En ese lugar, los Atayde comenzaron a vivir su mejor época, por su carpa desfilaron Cantinflas, María Félix, Agustín Lara, Jorge Negrete y Tin Tan.

En 1994, el Circo Atayde tuvo que enfrentar, al igual que el país, las consecuencias desastrosas de la mala economía del país, la gente dejó de ir al circo.

El circo, administrado por la tercera generación de aquellos Atayde que salieron de Fresnillo, Zacatecas enfrentó entonces y lo hace ahora, buscan y ofertan un espectáculo diferente, ahora sin animales, apostándole a nuevos números de acrobacias.

Alfredo Atayde está ahora al frente del gran sueño de aquel campesino que salió de Fresnillo, Zacatecas y, aunque no se llenan las butacas, asegura que el circo no cerrará…

¡Vamos, vamos, vamos! ¡Al circo Atayde Hermanos! Decía el promocional que anunciaba que el circo llegaba a la ciudad… Las carpas del Atayde eran grandísimas, con colores que brillaban con el sol, al menos así las veían los ojos infantiles. La historia de este gran circo de poco más de 130 años tiene mucha relación con Zacatecas, específicamente con Fresnillo.

Fue Aurelio Atayde quien tuvo un gran sueño mientras hacía surcos en la tierra de Fresnillo, Zacatecas, quería ser acróbata, quería estar en un circo, cambiar el arado tirado por bueyes, por los aplausos, los payasos y las risas de los niños.

Un buen día, Aurelio se fue de casa y se unió a una caravana de payasos, magos y acróbatas, era el año de 1888.

Ese año, el presidente de México era Porfirio Díaz, quien buscaba la reelección, el ferrocarril era el boom de inversiones en nuestro país y, precisamente en uno de esos trenes Aurelio Atayde llegó el 26 de agosto de 1888 a Mazatlán, con su pequeña compañía, con muchos fierros que sostendrían las carpas y un montón de sueños, los mismos que le mantuvieron con vida en la agreste tierra fresnillense.

Tuvo que trabajar, para abrirse caminos en el mundo circense, pero tuvo éxito, Aurelio confiaba en sus artistas y sobre todo confiaba en su propio talento, así, en 1910, logró convertir a su compañía en todo un fenómeno en gran arte del país y era acompañado por sus hermanos, Manuel, Andrés Margarita y Refugio.

En el convulso México revolucionario, los hermanos Atayde conocen a un político, que cambiaría la historia de nuestro país: Francisco I. Madero, quien les ofreció 100 pesos para utilizar su circo y realizar un mitin político del Partido Nacional Antireeleccionista. Oferta que fue aceptada por los empresarios circenses.

Las aventuras de Francisco Atayde

Tres años después, en 1913, cuando el circo realizaba una gira por Querétaro, se rumoró que los militares planeaban robarse a las muchachas del circo, lo que ponía en riesgo la función de la noche, Aurelio no aceptó suspender la función de la noche y armó un espectáculo sin elenco femenino. Los soldados al ver que no salían las mujeres comenzaron a abuchear, entonces Francisco Atayde salió a la pista con un chango barrista, logrando tal actuación que los militares comenzaron a arrojar dinero y aplaudieron.

Hay la anécdota en las páginas de la historia del circo, que Francisco estaba tan feliz y contento, que al salir de la carpa no se fijó en la presencia de un soldado yaqui, que pistola en mano le indagó: “¡Dígame dónde están las muchachas!”. Asustado, Francisco le dio al soldado todas las monedas recaudadas por el chango. El oficial se va, pero Francisco, del espanto, se quedó con una disentería que padeció toda su vida.

En esa misma época, el robo de caballería era una práctica recurrente tanto por los federales como por los revolucionarios y, un día, sorprendieron a Francisco y le cuestionaron sobre la ubicación de los caballos del circo, al no querer brindar información, fue puesto frente a un pelotón de fusilamiento, pero de esas cosas de la vida, logró escapar con vida.

Durante 20 años, el Circo Atayde recorrió Sudamérica, Centroamérica y Europa, con éxito, México se recuperaba de la convulsión revolucionaria y, los hermanos Atayde decidieron regresar al país, era diciembre de 1945. Ya no tenían tantos trabajadores, por lo que se instalaron en un predio ubicado en el cruce de Eje Central y Fray Servando Teresa de Mier, en la capital mexicana.

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