/ domingo 11 de agosto de 2019

Trump y el discurso del odio

La noticia donde se dio a conocer a México como el primer socio comercial de Estados Unidos, derivado de la guerra comercial que tiene este último país con China, pasó prácticamente desapercibida. Los titulares de la prensa estaban enfocados en la masacre del Paso, Texas donde murieron 22 personas, entre ellos, ocho mexicanos.

En esas ironías y paradojas de la vida, mientras la opinión pública estaba conmocionada por tan cruento episodio, el hecho de ser el primer socio comercial con el vecino país del norte quedó relegado de los reflectores mediáticos.

Contextualizar el significado e importancia de la relación del intercambio de bienes y servicios entre ambos países, va más allá de lo económico. Para explicarlo de una manera más simple, Estados Unidos necesita de México y México de Estados Unidos.

Sin embargo, una persona que ha sido adoctrinada en el fanatismo y la ignorancia, llámese supremacista blanco, difícilmente podrá reconocer los beneficios de un mundo globalizado. Aunado a la anterior, hay que sumar la peligrosa influencia del discurso de odio.

Parece desproporcionado imaginar el estilo de vida de la Unión Americana sin la contribución económica y laboral de los mexicanos y los latinos. Por cierto, la primera minoría en ese país. Por lo cual, resulta grotesco el manifiesto de Patrick Wood Crusius, el asesino del Paso: “si podemos deshacernos de suficientes personas, nuestra forma de vida puede ser más sostenible”.

La fundación ADL, dedicada a luchar contra el odio, extremismo e intolerancia, revela que ocho de diez asesinatos en Estados Unidos, están vinculados a supremacistas blancos. Las cifras explican el actual ambiente xenofóbico en ese país.

Una serie de circunstancias se hilvanaron en los últimos días. Mientras Donald Trump visitaba la ciudad fronteriza con México para visitar a las víctimas en un entorno cargado de protestas, la temible ‘migra’ realizaba uno de los más grandes arrestos que se tenga memoria, 680 trabajadores eran detenidos.

Es patente el doble discurso de la Casa Blanca. Por un lado, la simulada condolencia y por otro, la sistematizada persecución al migrante.

Para honrar a las víctimas del pasado 3 de agosto, es urgente fomentar la tolerancia y aceptar la diversidad y la pluralidad. También es necesario acallar las voces que incitan al odio. Es momento de condenar todo discurso que señale o estigmatice a cualquier persona por su origen, creencia, preferencia o ideología.

Es grave que en pleno Siglo XXI, teniendo como antecedentes múltiples conflictos, guerras y atentados raciales, aún sucedan estos hechos tan lamentables. El respeto entre las naciones debe comenzar con el respeto hacia cada persona.

De lo contrario, debemos estar alerta a futuras masacres inspiradas en el odio.

La noticia donde se dio a conocer a México como el primer socio comercial de Estados Unidos, derivado de la guerra comercial que tiene este último país con China, pasó prácticamente desapercibida. Los titulares de la prensa estaban enfocados en la masacre del Paso, Texas donde murieron 22 personas, entre ellos, ocho mexicanos.

En esas ironías y paradojas de la vida, mientras la opinión pública estaba conmocionada por tan cruento episodio, el hecho de ser el primer socio comercial con el vecino país del norte quedó relegado de los reflectores mediáticos.

Contextualizar el significado e importancia de la relación del intercambio de bienes y servicios entre ambos países, va más allá de lo económico. Para explicarlo de una manera más simple, Estados Unidos necesita de México y México de Estados Unidos.

Sin embargo, una persona que ha sido adoctrinada en el fanatismo y la ignorancia, llámese supremacista blanco, difícilmente podrá reconocer los beneficios de un mundo globalizado. Aunado a la anterior, hay que sumar la peligrosa influencia del discurso de odio.

Parece desproporcionado imaginar el estilo de vida de la Unión Americana sin la contribución económica y laboral de los mexicanos y los latinos. Por cierto, la primera minoría en ese país. Por lo cual, resulta grotesco el manifiesto de Patrick Wood Crusius, el asesino del Paso: “si podemos deshacernos de suficientes personas, nuestra forma de vida puede ser más sostenible”.

La fundación ADL, dedicada a luchar contra el odio, extremismo e intolerancia, revela que ocho de diez asesinatos en Estados Unidos, están vinculados a supremacistas blancos. Las cifras explican el actual ambiente xenofóbico en ese país.

Una serie de circunstancias se hilvanaron en los últimos días. Mientras Donald Trump visitaba la ciudad fronteriza con México para visitar a las víctimas en un entorno cargado de protestas, la temible ‘migra’ realizaba uno de los más grandes arrestos que se tenga memoria, 680 trabajadores eran detenidos.

Es patente el doble discurso de la Casa Blanca. Por un lado, la simulada condolencia y por otro, la sistematizada persecución al migrante.

Para honrar a las víctimas del pasado 3 de agosto, es urgente fomentar la tolerancia y aceptar la diversidad y la pluralidad. También es necesario acallar las voces que incitan al odio. Es momento de condenar todo discurso que señale o estigmatice a cualquier persona por su origen, creencia, preferencia o ideología.

Es grave que en pleno Siglo XXI, teniendo como antecedentes múltiples conflictos, guerras y atentados raciales, aún sucedan estos hechos tan lamentables. El respeto entre las naciones debe comenzar con el respeto hacia cada persona.

De lo contrario, debemos estar alerta a futuras masacres inspiradas en el odio.

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