/ viernes 13 de mayo de 2022

El Congreso de Zacatecas y la división de poderes

La Constitución del Estado Libre y Soberano de Zacatecas establece, como la de cualquier otra entidad federativa, que el Poder Público se divide en el Legislativo, Ejecutivo y Judicial.

Esta forma de Estado en México fue fruto de la influencia de la ilustración francesa. Para Montesquieu, toda persona que tiene poder se inclina por abusar del mismo hasta que encuentra su límite. Establecer ese límite, fue precisamente lo que intentó hacer Morelos en México, y lo que se ha establecido en todas las versiones de nuestra Carta Magna.

No obstante, en la práctica raramente se ha respetado a cabalidad el principio de la división de poderes como control para el ejercicio del poder, especialmente en países cómo México, en donde la democracia se encuentra aún en estado de maduración. Desde 1917, cuando se le dio un orden constitucional a la Revolución Mexicana, los presidentes mexicanos ejercieron poderes metaconstitucionales para decidir lo que sucedía en el poder legislativo y judicial.

Solo como prueba, se debe recordar que fue hasta 1997 cuando el PRI, el partido que fue hegemónico en México durante décadas, perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, lo que facilitó que pudiera controlar a su antojo la voluntad de las y los diputados, haciendo que la representatividad y soberanía depositada en ese poder fuera una falacia.

Con la alternancia partidista del 2000 los espacios se empezaron a abrir, y el Congreso empezó a ser variopinto. Actualmente existe aún un debata sobre si el cambio de régimen que inició en 2018 trajo consigo el respeto de la división de poderes por parte del Ejecutivo o no. Me inclino a decir que mientras la Cámara de Diputados Federal actúa con apego a la línea presidencial, en el Senado si bien se ha coadyuvado con la agenda del Ejecutivo, se ha logrado mantener una agenda propia basada en el diálogo y el consenso.

Este debate, que llegó a nivel federal hace más de dos décadas, se ha quedado rezagado al interior del país, en donde la costumbre es que los Congresos locales sean costosos brazos operadores de las y los gobernadores.

En Zacatecas, en donde el gobierno cambió en 2021, estamos experimentando un cambio profundo en la relación entre el poder ejecutivo y legislativo, en donde la más clara muestra de independencia, más no de aislacionismo ideológico, es precisamente lo que está sucediendo en torno a su recomposición y la asignación de las comisiones, en donde el ejecutivo no busca entrometerse para colocar a quienes pertenecen a su partido, sino respetar las decisiones, erradas o no, de quienes integran el poder legislativo.

El hecho de que Movimiento Ciudadano, un partido con representación mínima en el Congreso Local, tenga la presidencia de la mesa directiva, un órgano de gobierno importante, ha sido leído por los adversarios del gobernador como falta de operación, pero en realidad podríamos estar frente al inicio de la verdadera autonomía de poderes en Zacatecas. Veremos.

La Constitución del Estado Libre y Soberano de Zacatecas establece, como la de cualquier otra entidad federativa, que el Poder Público se divide en el Legislativo, Ejecutivo y Judicial.

Esta forma de Estado en México fue fruto de la influencia de la ilustración francesa. Para Montesquieu, toda persona que tiene poder se inclina por abusar del mismo hasta que encuentra su límite. Establecer ese límite, fue precisamente lo que intentó hacer Morelos en México, y lo que se ha establecido en todas las versiones de nuestra Carta Magna.

No obstante, en la práctica raramente se ha respetado a cabalidad el principio de la división de poderes como control para el ejercicio del poder, especialmente en países cómo México, en donde la democracia se encuentra aún en estado de maduración. Desde 1917, cuando se le dio un orden constitucional a la Revolución Mexicana, los presidentes mexicanos ejercieron poderes metaconstitucionales para decidir lo que sucedía en el poder legislativo y judicial.

Solo como prueba, se debe recordar que fue hasta 1997 cuando el PRI, el partido que fue hegemónico en México durante décadas, perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, lo que facilitó que pudiera controlar a su antojo la voluntad de las y los diputados, haciendo que la representatividad y soberanía depositada en ese poder fuera una falacia.

Con la alternancia partidista del 2000 los espacios se empezaron a abrir, y el Congreso empezó a ser variopinto. Actualmente existe aún un debata sobre si el cambio de régimen que inició en 2018 trajo consigo el respeto de la división de poderes por parte del Ejecutivo o no. Me inclino a decir que mientras la Cámara de Diputados Federal actúa con apego a la línea presidencial, en el Senado si bien se ha coadyuvado con la agenda del Ejecutivo, se ha logrado mantener una agenda propia basada en el diálogo y el consenso.

Este debate, que llegó a nivel federal hace más de dos décadas, se ha quedado rezagado al interior del país, en donde la costumbre es que los Congresos locales sean costosos brazos operadores de las y los gobernadores.

En Zacatecas, en donde el gobierno cambió en 2021, estamos experimentando un cambio profundo en la relación entre el poder ejecutivo y legislativo, en donde la más clara muestra de independencia, más no de aislacionismo ideológico, es precisamente lo que está sucediendo en torno a su recomposición y la asignación de las comisiones, en donde el ejecutivo no busca entrometerse para colocar a quienes pertenecen a su partido, sino respetar las decisiones, erradas o no, de quienes integran el poder legislativo.

El hecho de que Movimiento Ciudadano, un partido con representación mínima en el Congreso Local, tenga la presidencia de la mesa directiva, un órgano de gobierno importante, ha sido leído por los adversarios del gobernador como falta de operación, pero en realidad podríamos estar frente al inicio de la verdadera autonomía de poderes en Zacatecas. Veremos.