/ viernes 10 de junio de 2022

El legado revolucionario de Felguérez

La ciencia y el arte son dos fenómenos culturales que normalmente se presentan como antagónicos. Mientras la ciencia se concibe como un proceso frío y objetivo, el arte se enmarca en la subjetividad de quien lo percibe e implica la manifestación de emociones y sentimientos, pero en realidad no son tan diferentes. Entre sus similitudes, por ejemplo, podemos destacar la estructura de su desarrollo histórico.

En su libro ‘La estructura de las revoluciones científicas’, Thomas kuhn describe la forma en que la comunidad científica logra desarrollar teorías y avances en distintas disciplinas según las ideas y estrategias disponibles, que funcionan como paradigma o directriz de lo que es o no aceptable. Para que la ciencia cambie de paradigmas, ha sido necesario que algunos pensadores iconoclastas propongan ideas frescas que renueven la teoría científica, a veces en franca contraposición con las teorías del pasado, algo muy similar a lo que ocurre con la historia del arte.

Así como la ilustración surgió como un movimiento contra del oscurantismo medieval, y el romanticismo surgió para anteponer la intuición y la sensibilidad a los estereotipos del mundo clásico de la ilustración, en México vivimos procesos culturales locales en los que esta estructura de relevo generacional también fue fundamental para el desarrollo de nuevas escuelas y corrientes que a su vez generaron nuevos detractores que repetirían este ciclo constante.

Tras la Revolución Mexicana, el muralismo se erigió como la corriente dominante en la escuela plástica Mexicana, con grandes exponentes como Electa Arenal, Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, una nueva ola de jóvenes que no vivieron el proceso revolucionario se manifestaron en contra de los cánones estéticos de aquella época y, sobre todo, contra la institucionalización del arte, que se realizaba con los mismos motivos políticos y con financiamiento público; esa nueva ola fue conocida como la generación de la ruptura, a la que perteneció el zacatecano Manuel Felguérez junto a personalidades como Lilia Carrillo y los hermanos Pedro y Rafael Coronel.

Además de haber sido parte de esta generación que renovó la forma de hacer arte en México, al incorporar elementos abstractos a un escenario del arte plástico donde no había cabida para la manifestación del mundo subjetivo con influencia de movimientos culturales de otras partes del mundo, también fue pionero del arte digital en nuestro país, que se basa en la relación de la persona creadora con ordenadores o computadoras para sistematizar procesos.

A dos años de su partida de este mundo, el Gobierno de Zacatecas inauguró la exposición ‘Legado’, que se instaló en el Museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez, ubicado en la capital del estado, lo que representa un gesto simbólico del reconocimiento a la vida y obra del artista originario de Valparaíso, y a su papel revolucionario en la historia del arte nacional. Asistir a esta exposición es una visita obligada para todas y todos aquellos amantes de la cultura zacatecana y del legado revolucionario del maestro Manuel Felguérez.

La ciencia y el arte son dos fenómenos culturales que normalmente se presentan como antagónicos. Mientras la ciencia se concibe como un proceso frío y objetivo, el arte se enmarca en la subjetividad de quien lo percibe e implica la manifestación de emociones y sentimientos, pero en realidad no son tan diferentes. Entre sus similitudes, por ejemplo, podemos destacar la estructura de su desarrollo histórico.

En su libro ‘La estructura de las revoluciones científicas’, Thomas kuhn describe la forma en que la comunidad científica logra desarrollar teorías y avances en distintas disciplinas según las ideas y estrategias disponibles, que funcionan como paradigma o directriz de lo que es o no aceptable. Para que la ciencia cambie de paradigmas, ha sido necesario que algunos pensadores iconoclastas propongan ideas frescas que renueven la teoría científica, a veces en franca contraposición con las teorías del pasado, algo muy similar a lo que ocurre con la historia del arte.

Así como la ilustración surgió como un movimiento contra del oscurantismo medieval, y el romanticismo surgió para anteponer la intuición y la sensibilidad a los estereotipos del mundo clásico de la ilustración, en México vivimos procesos culturales locales en los que esta estructura de relevo generacional también fue fundamental para el desarrollo de nuevas escuelas y corrientes que a su vez generaron nuevos detractores que repetirían este ciclo constante.

Tras la Revolución Mexicana, el muralismo se erigió como la corriente dominante en la escuela plástica Mexicana, con grandes exponentes como Electa Arenal, Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, una nueva ola de jóvenes que no vivieron el proceso revolucionario se manifestaron en contra de los cánones estéticos de aquella época y, sobre todo, contra la institucionalización del arte, que se realizaba con los mismos motivos políticos y con financiamiento público; esa nueva ola fue conocida como la generación de la ruptura, a la que perteneció el zacatecano Manuel Felguérez junto a personalidades como Lilia Carrillo y los hermanos Pedro y Rafael Coronel.

Además de haber sido parte de esta generación que renovó la forma de hacer arte en México, al incorporar elementos abstractos a un escenario del arte plástico donde no había cabida para la manifestación del mundo subjetivo con influencia de movimientos culturales de otras partes del mundo, también fue pionero del arte digital en nuestro país, que se basa en la relación de la persona creadora con ordenadores o computadoras para sistematizar procesos.

A dos años de su partida de este mundo, el Gobierno de Zacatecas inauguró la exposición ‘Legado’, que se instaló en el Museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez, ubicado en la capital del estado, lo que representa un gesto simbólico del reconocimiento a la vida y obra del artista originario de Valparaíso, y a su papel revolucionario en la historia del arte nacional. Asistir a esta exposición es una visita obligada para todas y todos aquellos amantes de la cultura zacatecana y del legado revolucionario del maestro Manuel Felguérez.

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