/ miércoles 19 de junio de 2019

Mi primer trabajo

Lo recuerdo bien, la sección de sociales de El Sol de Zacatecas, invitaba a un concurso de fotografía, organizado por el periódico, con el aval de Kinsa Kodak; ¡uy! yo me emocioné, porque si algo me gustaba desde entonces era la fotografía, envié mis fotos y una de ellas fue galardonada con un segundo lugar y una mención honorífica.

Ese mismo día habían sacado un anuncio que decía: SE BUSCA EDITOR, no importa género, con prestaciones a las de la ley, interesados presentarse martes 14 de septiembre a las 4:30 de la tarde con el Ing. Gerardo de Ávila González.

Me dio curiosidad, nunca en toda mi carrera había pensado en el periodismo, sin embargo, me acordaba perfectamente algunas clases del tema y quise probar suerte.

Recuerdo que llegué a la cita y observé todo, pensé: Marcela, ¿realmente quieres trabajar aquí?, esto parece un chiquero, las oficinas son pequeñas y...

— Pase usted, por favor. (Me dijo el entonces Jefe de Redacción)

Me pasó con otras dos muchachos, un niño de escasos 14 años y otro más grande. Comenzó por preguntarnos si sabíamos de deportes, obviamente tanto el chamaco como el otro personaje se sabían de todo a todo, yo sabía de deportes, lo que el médico sabe de trato al paciente... o sea, muy poco.

Cuando llegó el turno de la segunda parte de preguntas, en donde se atañía a los géneros periodísticos, ahí sí, les gané a ambos. Finalmente y sin darnos esperanzas nos dijo la frase que nunca quieres escuchar: “Nosotros nos comunicamos con ustedes”.

Pasaron dos días, sonó el teléfono de mi casa, contestó mi madre y me dijo: “Hija tienes una llamada... que de El Sol...”; en zumba corrí al auricular y dije con una voz lo más templada posible: — Bueno...

Del otro lado de la línea, una voz profunda e impostada:

— Siiii, bueeenas tardes ¿es usted la flor silvestre que marchitó el olvido?

Sacada de mi contexto formal le contesté:

— pues no soy flor, y nadie me ha marchitado, pero, dígame a ¿qué debo el honor de su llamada?

— Fíjese que acaba de entrar a la terna de los aspirantes a ser Editor en esta casa periodística, solo falta una última prueba, tener una entrevista con el Director Juan Gómez, que sería mañana a tales horas...

— Sí, como no, ahí estaré puntual.

Así fue, me presenté puntual a la entrevista con el director, me preguntó vida y obra, ¿dónde había estudiado?, y si estaba dispuesta a comprometerme en un horario que era caprichoso porque la información no tenía horario.

Sin pensarlo dos veces le dije: Sí, sí le entro.

Para mí, todo lo que me decían era un reto y jamás le he dicho que no a un reto.

Entré como Editora de la Sección de Deportes, sin saber nada de deportes, pero medio sabiendo una embarrada de periodismo, ¡ah! Pero eso si, entré con ganas de comerme el mundo.

A mi cargo, dos reporteros, uno de ellos, el enorme maestro, el profesor Roberto Ordaz que con gran humildad y por ser grande entre los grandes, me enseñó todo sobre la charrería y la tauromaquia.

Quise contarles esta historia, porque dentro de unos días ésta casa editora para la cual colaboro desde hace dos años, celebrará su 55 aniversario y yo, fui parte de un cachito de su historia, mi nombre está en la sección de deportes, en nacional y suplementos especiales a partir de noviembre de 1999 hasta mediados del 2003, éste periódico me ha llenado de grandes experiencias, para empezar, no había hora de salida formal, podía durar más de ocho horas, rodeada de mis compañeros editores, y sin quejarme, “¡no va a aguantar!... ¡ninguna mujer aguanta estos horarios!... ¡menos una niña fresa!...” -algunos decían-; pues les aguanté 3 años y medio, me divertí, aprendí, cometí errores, crecí, lloré, puse mi granito de arena y hasta me enamoré.

Me gustaba hacer trabajo extra porque tenía hambre de aprender y dar mis ideas, que he de decirlo con mucho respeto, cuando hubo un cambio de dirección y mi jefe de redacción, el entonces Ing. Gerardo de Ávila, quedó al mando, me dio todas las oportunidades de hacer, de crear, de generar lo que a mi mente se le ocurriera, editamos juntos, creo, uno de los últimos “Extras” del periódico, aquél fatídico 11 de septiembre, antes de la inmediatez de las redes sociales, me dio oportunidad de ser parte de un equipo y sobre todo, de crecer profesionalmente, conocí amigas de vida invaluables, la Gerente Administrativa Flor Gutiérrez, mi “guía espiritual” en todos los sentidos, Rosaura Rincón, además, de gente con una larga experiencia, que a pesar de no tener una carrera en periodismo o comunicación, sabían el oficio y si te veían ganas, te enseñaban, conocí gente maravillosa y TODO lo que viví ahí, me sirvió.

¿Le sufrí?, si, ¿gané?, muchísimo... al final, había notas que jerarquizar y encabezar, fotografías que debían lucir, había que editar un periódico que debía salir en punto de las 5:00 de la mañana del día siguiente y hoy, no tengo más palabras, que decir: GRACIAS.

Lo recuerdo bien, la sección de sociales de El Sol de Zacatecas, invitaba a un concurso de fotografía, organizado por el periódico, con el aval de Kinsa Kodak; ¡uy! yo me emocioné, porque si algo me gustaba desde entonces era la fotografía, envié mis fotos y una de ellas fue galardonada con un segundo lugar y una mención honorífica.

Ese mismo día habían sacado un anuncio que decía: SE BUSCA EDITOR, no importa género, con prestaciones a las de la ley, interesados presentarse martes 14 de septiembre a las 4:30 de la tarde con el Ing. Gerardo de Ávila González.

Me dio curiosidad, nunca en toda mi carrera había pensado en el periodismo, sin embargo, me acordaba perfectamente algunas clases del tema y quise probar suerte.

Recuerdo que llegué a la cita y observé todo, pensé: Marcela, ¿realmente quieres trabajar aquí?, esto parece un chiquero, las oficinas son pequeñas y...

— Pase usted, por favor. (Me dijo el entonces Jefe de Redacción)

Me pasó con otras dos muchachos, un niño de escasos 14 años y otro más grande. Comenzó por preguntarnos si sabíamos de deportes, obviamente tanto el chamaco como el otro personaje se sabían de todo a todo, yo sabía de deportes, lo que el médico sabe de trato al paciente... o sea, muy poco.

Cuando llegó el turno de la segunda parte de preguntas, en donde se atañía a los géneros periodísticos, ahí sí, les gané a ambos. Finalmente y sin darnos esperanzas nos dijo la frase que nunca quieres escuchar: “Nosotros nos comunicamos con ustedes”.

Pasaron dos días, sonó el teléfono de mi casa, contestó mi madre y me dijo: “Hija tienes una llamada... que de El Sol...”; en zumba corrí al auricular y dije con una voz lo más templada posible: — Bueno...

Del otro lado de la línea, una voz profunda e impostada:

— Siiii, bueeenas tardes ¿es usted la flor silvestre que marchitó el olvido?

Sacada de mi contexto formal le contesté:

— pues no soy flor, y nadie me ha marchitado, pero, dígame a ¿qué debo el honor de su llamada?

— Fíjese que acaba de entrar a la terna de los aspirantes a ser Editor en esta casa periodística, solo falta una última prueba, tener una entrevista con el Director Juan Gómez, que sería mañana a tales horas...

— Sí, como no, ahí estaré puntual.

Así fue, me presenté puntual a la entrevista con el director, me preguntó vida y obra, ¿dónde había estudiado?, y si estaba dispuesta a comprometerme en un horario que era caprichoso porque la información no tenía horario.

Sin pensarlo dos veces le dije: Sí, sí le entro.

Para mí, todo lo que me decían era un reto y jamás le he dicho que no a un reto.

Entré como Editora de la Sección de Deportes, sin saber nada de deportes, pero medio sabiendo una embarrada de periodismo, ¡ah! Pero eso si, entré con ganas de comerme el mundo.

A mi cargo, dos reporteros, uno de ellos, el enorme maestro, el profesor Roberto Ordaz que con gran humildad y por ser grande entre los grandes, me enseñó todo sobre la charrería y la tauromaquia.

Quise contarles esta historia, porque dentro de unos días ésta casa editora para la cual colaboro desde hace dos años, celebrará su 55 aniversario y yo, fui parte de un cachito de su historia, mi nombre está en la sección de deportes, en nacional y suplementos especiales a partir de noviembre de 1999 hasta mediados del 2003, éste periódico me ha llenado de grandes experiencias, para empezar, no había hora de salida formal, podía durar más de ocho horas, rodeada de mis compañeros editores, y sin quejarme, “¡no va a aguantar!... ¡ninguna mujer aguanta estos horarios!... ¡menos una niña fresa!...” -algunos decían-; pues les aguanté 3 años y medio, me divertí, aprendí, cometí errores, crecí, lloré, puse mi granito de arena y hasta me enamoré.

Me gustaba hacer trabajo extra porque tenía hambre de aprender y dar mis ideas, que he de decirlo con mucho respeto, cuando hubo un cambio de dirección y mi jefe de redacción, el entonces Ing. Gerardo de Ávila, quedó al mando, me dio todas las oportunidades de hacer, de crear, de generar lo que a mi mente se le ocurriera, editamos juntos, creo, uno de los últimos “Extras” del periódico, aquél fatídico 11 de septiembre, antes de la inmediatez de las redes sociales, me dio oportunidad de ser parte de un equipo y sobre todo, de crecer profesionalmente, conocí amigas de vida invaluables, la Gerente Administrativa Flor Gutiérrez, mi “guía espiritual” en todos los sentidos, Rosaura Rincón, además, de gente con una larga experiencia, que a pesar de no tener una carrera en periodismo o comunicación, sabían el oficio y si te veían ganas, te enseñaban, conocí gente maravillosa y TODO lo que viví ahí, me sirvió.

¿Le sufrí?, si, ¿gané?, muchísimo... al final, había notas que jerarquizar y encabezar, fotografías que debían lucir, había que editar un periódico que debía salir en punto de las 5:00 de la mañana del día siguiente y hoy, no tengo más palabras, que decir: GRACIAS.

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