/ lunes 3 de junio de 2019

De guerras comerciales

Una guerra comercial, según Barry Eichengreen, Profesor de la Universidad de California, se da cuando un país toma acciones para restringir la entrada de uno o varios productos de importación de otra nación o grupo de naciones determinadas. Esto puede ir desde subir los aranceles a la importación hasta la prohibición total de la entrada de una mercancía o un grupo de mercancías específicas.

Las guerras comerciales pueden tener un origen eminentemente económico, como sería, por ejemplo, cuando un país quiere proteger a determinados productores nacionales de algunas manufacturas que les harían competencia y arruinarían sus negocios, aquí nos encontramos ante acciones de proteccionismo puro. Pero también pueden tener otro origen que no sea específicamente comercial o económico, como podría ser la toma de represalias entre naciones por alguna política adoptada en otro ámbito que no se relacione con esta materia, como podría ser la determinación de un país en materia migratoria o la negativa a apoyar una política de guerra, por poner sólo algunos ejemplos.

La reacción más común y normal ante la prohibición de importar o la imposición de aranceles no acordados, típicamente es una respuesta idéntica a la agresión primaria, es decir, la imposición también de prohibiciones y cuotas de importación a los productos del país inicialmente beligerante. De esta manera, nos encontramos ante la aplicación de lo que se conoce como Ley del Talión, en donde a cada acción corresponde una reacción igual y en sentido opuesto, como dirían los teóricos de la física. Y es en este contexto que ante el golpe de alguna nación en esta materia, la otra reacciona con un golpe igual, y ante este nuevo golpe, se da otro y así, hasta el infinito y es cuando tenemos guerras comerciales que nunca acaban hasta que se agotan las fuerzas de ambos contendientes.

En las guerras comerciales, y según la opinión de los más avezados expertos, se juega a un juego de perder – perder, pues estas acciones restrictivas al comercio lo único que hacen es elevar los costos de los productos o mercancías para los contribuyentes del país que impone la prohibición, quienes son finalmente los que pagan los costos de los aranceles; y para el país exportador se puede traducir en una disminución de las ventas por el aumento del precio de sus manufacturas en el país receptor. Ambos pierden. Y así a cada nueva restricción o aumento, se da un nuevo descalabro en las economías de ambos contendientes. Las guerras comerciales afectan negativamente el crecimiento del comercio, y, generalmente, se traducen en recesiones económicas bilaterales.

Recientemente el vecino del norte ha lanzado una amenaza de guerra comercial con México, y que consiste en la imposición de aranceles a productos que se exportan y que podrían alcanzar la cuota estratosférica del 25%. Los voceros del país inicialmente belicoso han dicho que la razón de fondo de esta represalia es por las políticas de plano laxas de México para permitir el paso de migrantes hacia la frontera norte, donde ya se vive un total y descontrolado caos migratorio para ambos países, es decir, se ha desbordado de plano el flujo de indocumentados que pretenden ingresar a los Estados Unidos.

Lo cierto es que, desde que se tiene memoria, México ha servido como muro de contención de la migración ilegal hacia el norte, pero ahora, basados en una errática doctrina de respeto a los derechos humanos, se ha dejado entrar y transitar al territorio nacional a cuanto migrante llegue, lo que ha provocado un enojo previsible y evitable.

Entonces, si ya sabemos la solución, no hay que buscarle tres pies al gato, como se dice, y una carta diplomática cargada de buenas intenciones seguramente en nada abonará a la solución de este conflicto.

Una guerra comercial, según Barry Eichengreen, Profesor de la Universidad de California, se da cuando un país toma acciones para restringir la entrada de uno o varios productos de importación de otra nación o grupo de naciones determinadas. Esto puede ir desde subir los aranceles a la importación hasta la prohibición total de la entrada de una mercancía o un grupo de mercancías específicas.

Las guerras comerciales pueden tener un origen eminentemente económico, como sería, por ejemplo, cuando un país quiere proteger a determinados productores nacionales de algunas manufacturas que les harían competencia y arruinarían sus negocios, aquí nos encontramos ante acciones de proteccionismo puro. Pero también pueden tener otro origen que no sea específicamente comercial o económico, como podría ser la toma de represalias entre naciones por alguna política adoptada en otro ámbito que no se relacione con esta materia, como podría ser la determinación de un país en materia migratoria o la negativa a apoyar una política de guerra, por poner sólo algunos ejemplos.

La reacción más común y normal ante la prohibición de importar o la imposición de aranceles no acordados, típicamente es una respuesta idéntica a la agresión primaria, es decir, la imposición también de prohibiciones y cuotas de importación a los productos del país inicialmente beligerante. De esta manera, nos encontramos ante la aplicación de lo que se conoce como Ley del Talión, en donde a cada acción corresponde una reacción igual y en sentido opuesto, como dirían los teóricos de la física. Y es en este contexto que ante el golpe de alguna nación en esta materia, la otra reacciona con un golpe igual, y ante este nuevo golpe, se da otro y así, hasta el infinito y es cuando tenemos guerras comerciales que nunca acaban hasta que se agotan las fuerzas de ambos contendientes.

En las guerras comerciales, y según la opinión de los más avezados expertos, se juega a un juego de perder – perder, pues estas acciones restrictivas al comercio lo único que hacen es elevar los costos de los productos o mercancías para los contribuyentes del país que impone la prohibición, quienes son finalmente los que pagan los costos de los aranceles; y para el país exportador se puede traducir en una disminución de las ventas por el aumento del precio de sus manufacturas en el país receptor. Ambos pierden. Y así a cada nueva restricción o aumento, se da un nuevo descalabro en las economías de ambos contendientes. Las guerras comerciales afectan negativamente el crecimiento del comercio, y, generalmente, se traducen en recesiones económicas bilaterales.

Recientemente el vecino del norte ha lanzado una amenaza de guerra comercial con México, y que consiste en la imposición de aranceles a productos que se exportan y que podrían alcanzar la cuota estratosférica del 25%. Los voceros del país inicialmente belicoso han dicho que la razón de fondo de esta represalia es por las políticas de plano laxas de México para permitir el paso de migrantes hacia la frontera norte, donde ya se vive un total y descontrolado caos migratorio para ambos países, es decir, se ha desbordado de plano el flujo de indocumentados que pretenden ingresar a los Estados Unidos.

Lo cierto es que, desde que se tiene memoria, México ha servido como muro de contención de la migración ilegal hacia el norte, pero ahora, basados en una errática doctrina de respeto a los derechos humanos, se ha dejado entrar y transitar al territorio nacional a cuanto migrante llegue, lo que ha provocado un enojo previsible y evitable.

Entonces, si ya sabemos la solución, no hay que buscarle tres pies al gato, como se dice, y una carta diplomática cargada de buenas intenciones seguramente en nada abonará a la solución de este conflicto.

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