/ miércoles 22 de enero de 2020

Todos estamos en el mismo barco

Mucho se ha dicho sobre lo ocurrido el 10 de enero en el Colegio Cervantes de Torreón. Esta tragedia demuestra una situación social, escolar y familiar muy compleja. No solo del entorno del pequeño José Ángel, sino de la realidad que vivimos. Lo más fácil es buscar culpables pronto, para tratar de “encuadrar” lo que hasta hace algunos años nos parecía poco probable.

Son hechos que nos tocan el corazón a todos, o al menos así debería de ser, y la difícil realidad de muchas familias nos vuelve a sorprender en este México en el que la violencia se ha hecho normal y cotidiana.

¿Quién tuvo la culpa de lo sucedido? ¿Qué debemos hacer para evitar esto? No lo sé. Solo tengo algunos puntos de vista. Los videojuegos no pueden ser los culpables de todo. Es cierto que pueden influir, pero no entran a las casas por su propio pie, ni te obligan a ser jugados. Es igual que una televisión o el internet. Sin supervisión, sobre todo cuando por la edad todavía no se tiene suficiente criterio, quedas expuesto a lo bueno y a lo malo.

Creo que hoy hay muchos padres de familia, y abuelos cuando les toca tomar su lugar, son un poco ingenuos. No siempre dimensionan a todo lo que quedan expuestos los menores cuando entran en el mundo virtual, a veces con consecuencias en el real. Los jóvenes normalmente conocen mejor cómo funciona la tecnología, pero no siempre significa que sepan distinguir lo bueno de lo malo.

Uno puede tratar de tener una buena familia, de educar bien a los hijos, y por supuesto es muy loable. Pero no olvidemos que todos estamos en el mismo barco. A veces impera un individualismo por el que pensamos que lo más correcto, es hacer como que no nos damos cuenta de los problemas de los demás. La realidad es que lo que les pasa a los que están a nuestro alrededor nos puede afectar, y no podemos ser indiferentes, no solo por interés, sino sobre todo por generosidad.

¿Cuándo y a quién debo ayudar? ¿Qué signos prevén una tragedia? ¿Cómo puedo interesarme más por los demás? No hay recetas definitivas, pero lo que pasó nos tiene que hacer pensar sobre lo que sucede a nuestro alrededor. Hoy como antes, con tecnología y sin ella, los jóvenes necesitan atención, cariño, comprensión, acompañamiento. Y eso no lo dan las cosas. Lo que necesitan, como todos, es tiempo es decir, a las personas reales, para crecer armónicamente, para saber que sí nos importan, y que queremos ayudarlos y verlos felices. Desde aquí elevo una oración por todos los afectados. ¡Gracias!

Mucho se ha dicho sobre lo ocurrido el 10 de enero en el Colegio Cervantes de Torreón. Esta tragedia demuestra una situación social, escolar y familiar muy compleja. No solo del entorno del pequeño José Ángel, sino de la realidad que vivimos. Lo más fácil es buscar culpables pronto, para tratar de “encuadrar” lo que hasta hace algunos años nos parecía poco probable.

Son hechos que nos tocan el corazón a todos, o al menos así debería de ser, y la difícil realidad de muchas familias nos vuelve a sorprender en este México en el que la violencia se ha hecho normal y cotidiana.

¿Quién tuvo la culpa de lo sucedido? ¿Qué debemos hacer para evitar esto? No lo sé. Solo tengo algunos puntos de vista. Los videojuegos no pueden ser los culpables de todo. Es cierto que pueden influir, pero no entran a las casas por su propio pie, ni te obligan a ser jugados. Es igual que una televisión o el internet. Sin supervisión, sobre todo cuando por la edad todavía no se tiene suficiente criterio, quedas expuesto a lo bueno y a lo malo.

Creo que hoy hay muchos padres de familia, y abuelos cuando les toca tomar su lugar, son un poco ingenuos. No siempre dimensionan a todo lo que quedan expuestos los menores cuando entran en el mundo virtual, a veces con consecuencias en el real. Los jóvenes normalmente conocen mejor cómo funciona la tecnología, pero no siempre significa que sepan distinguir lo bueno de lo malo.

Uno puede tratar de tener una buena familia, de educar bien a los hijos, y por supuesto es muy loable. Pero no olvidemos que todos estamos en el mismo barco. A veces impera un individualismo por el que pensamos que lo más correcto, es hacer como que no nos damos cuenta de los problemas de los demás. La realidad es que lo que les pasa a los que están a nuestro alrededor nos puede afectar, y no podemos ser indiferentes, no solo por interés, sino sobre todo por generosidad.

¿Cuándo y a quién debo ayudar? ¿Qué signos prevén una tragedia? ¿Cómo puedo interesarme más por los demás? No hay recetas definitivas, pero lo que pasó nos tiene que hacer pensar sobre lo que sucede a nuestro alrededor. Hoy como antes, con tecnología y sin ella, los jóvenes necesitan atención, cariño, comprensión, acompañamiento. Y eso no lo dan las cosas. Lo que necesitan, como todos, es tiempo es decir, a las personas reales, para crecer armónicamente, para saber que sí nos importan, y que queremos ayudarlos y verlos felices. Desde aquí elevo una oración por todos los afectados. ¡Gracias!

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